Socorro, me caso

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Mitos y realidades de las bodas y del papel de la mujer en clave de excelente humor.
Existen ciertos prejuicios sobre el humor. Se dice que lo serio es lo que prefieren los críticos, los teóricos y por sobre todo, lo que los dramaturgos, desde Sófocles hasta hoy ,consideran, ya que metaforizar lo grave, formal y comprometido los lleva inexorablemente a consolidar poéticas que serán estudiadas, pensadas y analizadas hasta el paroxismo.

Pero es muy arduo hacer humor, es riesgoso tratar de hacer reír y que el chiste o el gag no se consume, en estos casos el silencio de la platea oficia como un verdugo implacable.

Socorro, me caso, protagonizada por Nadia Bagdadi, asedia un tema caro al costumbrismo, el casamiento, pero en un registro que desacraliza todas y cada una de las pautas que el matrimonio, como mito ancestral, lleva consigo. En clave de humor repasa cada una de las situaciones que una mujer atraviesa cuando da el sí, poniendo en jaque el lugar que los siglos le han otorgado al género femenino.

La ironía y el absurdo configuran aquellos lugares comunes a los que las mujeres han sido arrojadas en su rol de mujeres domésticas. Pero Juana, quien agradece a San Antonio el hecho de haber conocido a Gusti, cuya voz en off está a cargo de Francisco Pesqueira, será quien lleve adelante la economía hogareña ya que su marido es un bohemio sin empleo. De este modo, y siempre desde un humor desopilante, la obra dirigida por Liliana Pécora, desmitifica el papel de la mujer ansiosa de casarse para ser la ?señora de? y pone en primer plano que las mujeres somos sólo de nosotras mismas y lo podemos casi todo.

La novia ingresa por el mismo lugar que el público precedida de la música inconfundible de las ceremonias matrimoniales y ya en el escenario se saca la faja que cumple la doble función de adornar y esconder el incipiente embarazo.

Bagdadi se las ve con la titánica tarea de representar a todos los personajes con los que una novia se enfrenta el día de su boda. El unipersonal, de este modo, tendrá carácter multivocálico ya que Juana, la recién casada, se encontrará con su madre, una mujer inestable, con tendencia a la bebida, con su cuñada, resentida y solterona que espera ser la próxima en llegar al altar, con una suegra obsesiva que todo lo controla y también se pondrá en la piel de Ceci , su prima fashion y de Lucía, su mejor amiga.

Así, la única actriz del espectáculo adoptará modos y configuraciones corporales y diversos registros vocálicos que irán reponiendo las señas particulares de los otros, los invitados obligados de su boda.

El diseño espacial colabora creando el clima adecuado, dado que al bajar las escaleras del teatro el espectador ya se encuentra con el decorado típico de un casamiento. Tules, delicadamente colocados, tapizan las barandas de las escaleras. El escenario cuenta con las reconocibles sillas vestidas del salón festivo engalanadas con sus moños que son suficientes para no requerir de otros objetos redundantes. Del techo penden las reconocibles bolas de espejo que existen en todas las pistas de baile. Sin dudas hay una boda. Pero será una boda que aunque desmitificada, recuperará ese anhelo de las novias todas, vivir con el ser amado.

Humor que no cae en vulgaridades ni clisés, invitados que cumplen los roles que se juegan en todas las bodas y hasta un souvenir para el público a la salida, configuran este espectáculo donde la comicidad se construye a través de un guión que acapara, para bien, todas las tradiciones a las que las bodas se han sujetado a lo largo del tiempo en la magnífica interpretación de Nadie Bagdadi, excelentemente llevada a escena con el sello inconfundible de Liliana Pécora.

Socorro, me caso, se toma unas pequeñas vacaciones a fin de noviembre y re estrena el 16 de enero. A no desesperar ya que hay boda para rato.

Publicado en Leedor el 20-11-2009