El bello engaño

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Leonardo Da Vinci, Nicolás Maquiavelo y César Borgia convocados en la última obra de la compañía del Teatro Argentino de Cámara. Con El bello engaño, la compañía del Teatro Argentino de Cámara presenta su última producción teatral. Nuevamente, el Convento es el refugio para la ficción en esta obra situada alrededor del 1500, en Italia; territorio que convocaba a las figuras del arte y la política de aquel entonces. Más precisamente, la acción transcurre el último día del año 1502, en Senigallia.

En esta historia se convocan a tres grandes: Leonardo Da Vinci, Nicolás Maquiavelo y César Borgia. Si bien cada uno pertenece a un ámbito social diferente, el foco del relato está puesto en la cuestión política: Borgia es el Duque que intenta unificar toda Italia y avanza sobre ella despiadadamente. Más conocido como el Valentino, este político mercenario, se vale de ejércitos que pronto se levantan contra él. Pensemos la guerra como la brutal infamia de la que todos son victimas.

Los personajes de Da Vinci y de Maquiavelo, más allá de este enfoque, son quienes sustentan toda la acción. Esto se demuestra físicamente en tanto que Da Vinci está en la escena durante toda la obra y el otro, casi toda. Además, en la distribución del espacio escénico, los dos personajes se ubican cada uno en los laterales del escenario, con sus lugares bien remarcados por la puesta en escena. Todo transcurre con el soporte de ambos, mientras Borgia va y viene como lo hace el cuarto personaje de la pieza: Vitelozzo Vitelli. Tal vez no sea lo más agradable de ver? el momento en que Borgia, con todo ese poder que ?le corresponde? por ser quien es, mata de manera despiadada (ahorcándolo) a Vitelli. La escena resulta un tanto atroz, exagerada para lo que venimos viendo anteriormente. La pugna entre ellos está, igualmente, ?moderada? por los otros dos personajes de culto. ¿Quién es cada uno? El personaje más rico e interesante de la obra es Da Vinci: un simple inventor según el mismo, alguien que sufre y asevera demasiado? él plantea transformar los ideales en obras y concluye la obra afirmando: tener esperanzas, renovar la ilusión y continuar.

La pieza se afirma en el texto aunque no podemos desmerecer el nivel actoral de los intérpretes. Parece ser que la obra refuerza a través del personaje de Leonardo -este genio del arte y de las ciencias- la idea conocida por todos de que con la vejez viene la sabiduría. Y hablar de cosas imposibles no es nada; la nada no existe.

Publicado en Leedor el 12-11-2009