Gualdoni x Gualdoni

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Una publicación con más de 100 reproducciones para asomarse al misterio de las obras de Eduardo Gualdoni.

Un libro que contiene más de 100 reproducciones de las obras del artista argentino Eduardo Gualdoni. Incluyendo dibujos, pinturas y técnicas mixtas, realizadas en las últimas décadas, con textos de Jorge Taverna Irigoyen, Laura Feinsilber , Adrián Gualdoni Basualdo, Julio Sapollnik, Nerio tello e Ivana Wending Larraburu.

Pararse frente a una obra de Eduardo Gualdoni es desde el primer momento una invitación a explorar mundos inquietantes. Hay una seductora provocación, un querer ir más allá. Se trata de un estimulante para esa curiosidad tan humana que no nos deja tranquilos cuando algo escapa al acto de compresión más banal. Pura pulsión. Acrílicos, óleos, tintas, esgrafiados, nos transportan a motivos que esconden una cotidianeidad extraña. Sus personajes, hombres, mujeres, o animales, se nos presentan en situaciones que por momentos nos identifican y por momentos no. Es como si de repente se apartaran 180° de nuestra realidad para llevarnos a dar un vistazo a dimensiones paralelas. Dimensiones en las que la Mona Lisa es una encantadora rana, e incluso la Maja Desnuda exhibe orgullosa su piel verde y fría. Dimensiones en las que la vida se desarrolla en un frasco o en las que hombres de anteojos oscuros, traje y corbata desvanecen su existencia fumando o se borran en un gran manchón de colores.

Uno podría perderse en un juego de preguntas y respuestas sumergido en esos cuadros que no se encasillan en técnicas ni dimensiones, y así pasarse horas tratando de descifrar el misterio: ¿Por qué un ascensor repleto de personas y ratas asciende rodeado de querubines? ¿Qué extraño mundo de castillos medievales se esconde entre los pliegues de un manto? ¿Acaso el humo del cigarrillo transformado en siluetas humanas es la compañía del fumador? ¿Qué especie de Herodes moderno se deleita con un banquete de cabezas? ¿Qué premio persiguen las ranas en su carrera de bicicletas? ¿Dónde fueron a parar los cuerpos de esos pantalones ambulantes? Y así seguir hasta el cansancio tratando de descifrar los secretos del artista. Tarea seguro infructuosa pero más que entretenida.

Pero no siempre sus obras están al alcance de la mano para poder desarrollar semejante vicio analítico a gusto y piaccere. Es por eso que bien vale celebrar el reciente lanzamiento del libro ?Eduardo Gualdoni x Gualdoni?, con más de 100 reproducciones de las obras realizadas en las últimas décadas, incluyendo dibujos, pinturas y técnicas mixtas. En sus páginas, además de las obras, pueden leerse textos de Jorge Taverna Irigoyen, Presidente de la Academia Nacional de bellas Artes y Miembro de la Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte, de la crítica Laura Feinsilber, del periodista especializado en mercado de arte, Adrián Gualdoni Basualdo, del historiador y curador Julio Sapollnik, del escritor y periodista Nerio Tello y de la periodista Ivana Wending Larraburu. Dichos textos no sólo transitan la historia artística de Gualdoni sino que también bucean en su mundo y en los muchos mundos posibles de sus obras.

?La obra de Eduardo Gualdoni plantea una coherencia incontrovertible. La figura humana escapa de las trampas del heroísmo y entra en el campo de lo cotidiano. Dibujante de buenos recursos Gualdoni capta con sabiduría hasta donde esos recursos pueden retratar la síncopa de una orquesta típica, la dimensión de un tintero o el magicismo de un árbol genealógico, sin desvirtuarlos. Porque Gualdoni plante motivos antes que situaciones?- son las palabras de Taverna Irigoyen, en los primeros párrafos de su escrito. Para Feinsilber, ?Gualdoni no encarna un fenómeno cultural, no se ha convertido de la noche a la mañana en un artista top, no hace lobby (?) Sí encarna, en cambio, el espacio de silencio y reflexión necesarios para demorarse ante su obra y lleva en su mochila una visión irónica del mundo que parece derrumbarse ante tanto apocalipsis cotidiano.?

Adrian Gualdoni Basualdo relata cómo el artista se consolidó en el dibujo para luego echar mano a todos los recursos para dar vida a sus fabulosas series como ?Los clásicos? de ranas, tortugas y otras faunas ?qué a veces tienden a humanizarse para el discurso entre crítico e irónico que el artista pronuncia; ?El héroe americano?, patético en sus esencias cinematográficas, ?Los estanques?, plenos de misterio en su profundidad no revelada, y, favorita de este cronista, ?La botánica fantástica? que lo ha ocupado en los últimos tiempos.?- asegura el periodista. Sapollnick en cambio se detiene un poco más en los clásicos donde ?Gualdoni se apropia de las leyes eternas del arte para recrearlo con el imaginario popular, generando una imagen que contiene tanto la opulenta era de los Muppets como la miseria latinoamericana de alguna laguna de albañal?. Mientras que Tello ahonda en las características de la personalidad del artista, la que conoce gracias a su amistad, cuando asegura que Gualdoni ?deja en la intemperie de sus telas, su carne, su sonrisa de niño inadvertido, su negada esperanza, su desconsuelo.?

?Su obra es expresión del momento histórico que está viviendo ?relata por su parte Larraburu-, pero no haciendo cierto ´realismo social, sino desde otro punto de vista: siendo sincero con lo que le pasa, siente y vive. Es así que asevera que no está de acuerdo, si bien los respeta, con los artistas que pintan como en el renacimiento en la actualidad. Escuchamos ecos de Panofsky en sus palabras, al pensar el arte como ?forma simbólica?? Como afirma la periodista, Gualdoni es figurativo, pero una figuración que toma de la realidad algunos rasgos sensibles mientras que por otro lado disuelve la mímesis en una suerte de surrealismo expresionista. Condimentos que seguro ha sabido apreciar a lo largo de su historia como hombre y como artista.

Historia que comenzó en Buenos Aires en 1955, y que continuó con un incesante itinerario por los caminos del arte: a los 18 años entró en la Asociación Estimulo de Bellas Artes, luego se trasladó a New York, donde residió durante cinco años, participando en diversas exposiciones, y más tarde, en 1999, viajó a Inglaterra, donde desde enero a mayo de 1999 fue “Artista en Residencia” en el Kent Institute of Art & Design de Canterbury, Kent, U.K . Después vendrían París, Amsterdam, Polonia, California (en Estados Unidos), Chile. Desde 1976 al presente realizó veinte exposiciones individuales y participó en más de cincuenta Muestras Colectivas, entre Salones y Muestras Grupales. También vinieron los premios, como el 3º y 2º Premio en Dibujo en el Salón Municipal Manuel Belgrano, en 1993 y en 1994, que se cuentan entre los principales de su carrera.

Esa historia, la suya, sin duda se nutrió de errores, aciertos, de momentos felices y de los otros, de logros, de esperanza, y de lucha?ésa es la historia que impregna sus obras, y que finalmente merecía ser contada en un libro.

Publicado en Leedor el 10-11-2009

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