Glee

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Una dramedy del creador de Nip/Tuck, especie de Fama del siglo XXI se estrenó esta semana en Fox.Glee

La nueva producción de Fox, hija del creador de Nip/Tuck, Ryan Murphy, arrancó para América Latina. Un dramedy musical con fórmulas que se repiten para captar al público adolescente y tratar de repetir el éxito que ya es en Estados Unidos.

El estreno se venía anunciando con bombos y platillos desde hace un par de meses. La publicidad que irrumpía con un estallido musical rompía la monotonía de campañas de champú, cremas de belleza y demás delicias del consumo que se presentaban en los cortes publicitarios del canal Fox y cadenas asociadas. Los primeros indicios entusiasmaron y crearon ansiedad en aquellos nostálgicos de los ochenta que vislumbraban una especie de ?Fama? adaptada al siglo XXI. Sin embargo, una ampliación de los avances sembró la duda: ¿es acaso una versión ?a la Fox? de las High School Musical de Disney? Finalmente el 5 de noviembre se develó la incógnita para el mundo latino: a las 22 horas, en el mencionado canal, apareció Glee, la serie que desde el 9 de septiembre mantiene un muy considerable número de audiencia en los Estados Unidos, comenzando con más de diez millones de personas el día de su estreno.

Catalogada como drama y comedia (los teléfilos lo llaman dramedy o, en castellano, dramedia), la serie fue creada por Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan. Murphy es el galardonado creador de la serie Nip/Tuck que esta vez, para su nueva producción, quiso dejar de lado un poco las sangrientas historias de los cirujanos plásticos, para echar mano a un sueño de su adolescencia, cuando era una estrella de las tablas estudiantiles. Glee, cuya traducción del inglés es júbilo, alegría, es el nombre del club del coro de la escuela preparatoria William McKinley, que está a punto de desaparecer si la nueva intervención del profesor de español Will Schuester (Matthew Morrison) no da resultado. Es así como en el primer capítulo recientemente estrenado, se pudieron ver los primeros pasos del rescate del club, con un casting que sirvió de presentación de los personajes. Entre los principales, y dentro de los adultos están, el mencionado profesor Schuester, Sue Silvestre (Jane Lynch) la exigente directora técnica del equipo de animadoras ?Cheerios?, Emma Pillsbury (Jayma Mays) orientadora vocacional que padece misofobia y oculta su amor por Schuester, Terri Schuester (Jessalyn Gilsig, una ex Nip/Tuck) esposa de Will y Ten Tanaka (Patrick Gallagher) entrenados del equipo de fútbol, enamorado de Emma.

Entre los alumnos están Rachel (Lea Michele Berry), autoproclamada estrella del club Glee, Finn Hudson (Cory Monteith) mariscal de campo que es obligado por Schuster a formar parte del coro, hecho que le ocasiona no pocos problemas con el resto del equipo, Mercedes Jones (Amber Riley), quien insiste en ser la Beyoncé del grupo, Tina Cohen-Chang (Jena Ushkowitz) estudiante asiático-americana algo tartamuda y con look gótico, Kurt Hummel (Chris Colfer) soprano masculino, homosexual, que soporta junto con Kevin McHale (Artie Abrams), guitarrista parapléjico, las afrentas de los jugadores de fútbol de la escuela y Noé ?Puck? Puckerman (Mark Salling) y Fabray Quinn (Dianna Agron), amigo y novia de Finn respectivamente, que como auténticos ?populares? desprecian a los primeros.

Es así como en los 22 episodios de una hora de la primera temporada, Murphy intentará seducirnos con la vida de estos jóvenes, que a primera vista son considerados perdedores para el resto y que soportan agresiones que van desde arrojarles una lata entera de pintura en la cara hasta encerrarlos en un baño químico (como lo hicieron con Kevin en su silla de ruedas), y con sus musicales que en muchos casos toman hits como Rehab de Amy Winehouse. De hecho, gran parte de la hora de los capítulos, está ocupada por musicales, tal como lo hicieran en épocas pasadas Fama o más recientemente High School Músical, Hanna Montana, J.O.N.A.S. (con los Jonas Brothers) y un número casi infinito de películas de escuelas norteamericanas. Y aunque mucho se la liga a estas últimas series de Disney, su mayor diferencia radica en que no cuenta con la misma inocencia de la cadena infantil, ya que entre su temática surgen la sexualidad y las drogas.

Un primer vistazo, sin embargo, deja muchas cuestiones abiertas a la crítica que, independientemente de su éxito en el territorio anglosajón, hablan a las claras de cierta falta de originalidad y un alto grado de exageración. Esto se nota en personajes muy estereotipados bordeando la línea que divide lo que puede resultar atractivo de lo que desemboca en un verdadero pastiche. Los personajes de Glee pasan de un lado a otro, a excepción de Schuster (el profesor) que es quien nuclea la mayor parte de los relatos, que nos llegan en primera persona. Esto se repite con algunos otros protagonistas y también hay flashbacks que explican algunas conductas de los personajes en el presente. Por otro lado, el tema de los ?loosers? o los ?nerd? que se destacan por ser diferentes, raros y con buenos sentimientos y los ?populares? que aunque parecen bonitos y ganadores, son oscuros y capaces de cualquier cosa con tal de mantener su reputación, es una fórmula archiconocida, que en honor de la verdad y vaya uno a saber por qué, sigue teniendo éxito.

No obstante eso, en el cómo se cuenta la historia también hay algunos recursos que entretienen y que involucran al espectador directa e indirectamente haciéndolo partícipe o cómplice de las situaciones. El primer caso se da cuando en los musicales se colocan las letras de las canciones como si se tratara de un video de karaoke, invitando a los televidentes a cantar, o cuando el relato en primera persona parece estar dirigido -sin intermediarios- a quien se encuentre frente a la pantalla (algo que ya vimos en Malcolm, también de Fox). En cambio, la búsqueda de complicidad del espectador, está marcada por el manejo de la cámara (en mano) con enfoques inestables y rápidos ?que caracteriza a series como The Office, técnica en parte heredada del cinematográfico Dogma 95- y por acercamientos a objetos, principalmente carteles u otros códigos gráficos, que no sólo indican la rotunda presencia del director sino que explican o ironizan de alguna forma la escena.

El ritmo de las secuencias, al menos en este primer capítulo, es sumamente acelerado, como si se tratara de un tráiler de una hora. Quizás la necesidad de presentar un panorama completo de todos los personajes, obligó a Murphy a un pantallazo sin descanso, que sumado a la alegría de los musicales, produce en el espectador una inyección estimulante o en el peor de los casos, agotadora. Lo cierto es que Glee, con algunos de los recursos mencionados, tiene parte del éxito asegurado en el público más joven (en el rango de los 10 y los 16 años). Algunos gags cómicos y las características de los personajes que, si bien no tienen el glamour de los creados en otras épocas por Aaron Spelling (Beverly Hills 90210), pueden resultar seductores para los preadolescentes. Para el público adulto, en cambio, quizás deba eliminar la cuota de clichés y tal vez, sumar algunos otros condimentos como un poco más de acidez en el humor, si se inclina por la comedia, o conflictos más intrincados, si por momentos vira al drama. Por ahora, lo que vimos en el lado latino de Fox, éste es el resultado, con el tiempo veremos si el ?glee? nos contagia.

Publicado en Leedor el 8-11-2009

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