Macri, los diarios de Yrigoyen

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En la lectura de la realidad, algunos, la mayoría, la minoría o unos cuantos, a la hora de entender y gestionar eligen leer los diarios de Yrigoyen, o hacen escuchas ilegales o dicen guarangadas del peor gusto.
Los diarios de Yrigoyen

En el refranero popular, que es una chispeante forma de la cultura, los diarios de Yrigoyen remiten a la imagen de alguien que vive en las nubes, desinformado, en otra y, tal vez, como los músicos del Titanic, haciendo algo para nada. Heroica la actitud, pero sin sentido.

Los diarios de Yrigoyen hablan de una lectura de la realidad equivocada, porque alguien informa o escribe los diarios para ser leídos nada más que por esa persona.

Será que podemos hablar de los diarios de Macri? O, mejor, los supuestos de Macri respecto de la cultura, por ejemplo?

Vamos por partes:

Cómo lee la realidad Macri si cree que la ciudad no necesita artistas, pero se felicita del tango declarado patrimonio cultural de la humanidad?

Algunos creen que la democracia te da un látigo.

Lo que trae como consecuencia la enfermedad de la certeza, a como de lugar.

Entonces la lectura de la realidad no solamente es un ejercicio de desfascinación, los tangos del desencanto, los fados de la saudade indescifrable.

La lectura de la realidad no cabe ni supone su exposición en el Museo Etnográfico; no cabe en el Museo Quinquela Martín al lado de los mascarones de proa; tampoco debe buscársela en los sofisticados e ininteligibles artistas trasnochados de vanguardias cuasi mesiánicas; ni está en las góndolas.

La realidad, si de metáfora se trata, se parece a un mercado de las pulgas, la vidriera de los cambalache, a la variedad insólita y espectacular de una feria.

La metrópolis, sin gente se vuelve necrópolis.

Caro leedor, esa suerte de re-re-recapado de porland, concreto y asfalto que le ponen a las calles (pregúntese y pregúntele adónde van los adoquines), hacen que las tribulaciones de los peatones por el destino incierto del recorrido de los bondis, llegue al cuasi paroxismo.

Va a pasar a la historia como el Síndrome del Laberinto.

Porque sí: plin, caja!

Ni hablar del monumento La Ofrenda que la hermana ciudad de Montevideo y la República Oriental del Uruguay le regalaron a Buenos Aires por sus 400 años, situada en el Parque Lezama, muestra un deterioro que ni siquiera el poste que pusieron puede apuntalar. Esto se observa, enrejado radical de por medio, desde la zona peatonal que no es zona de cultura.

La foto que compaña este comentario permite ver y mirar un tótem Haida que fue regalado por el Canadá a la ciudad, estaba, digo bien estaba, en una plaza enfrente a la de la Torre de los Ingleses en Retiro. Un día se lo llevaron y nunca más volvió, como dice el tango.

Otro latigazo más.

Otro ladrillo en la pared.

Otro adoquín pa? fuera.

Otro titiritero excluido, otro artista,

Artesano, músico, malabarista?

Opacados o muy cercanos al patíbulo del no dejar hacer,

Tampoco ser y mucho menos estar.
Lo más importante de Buenos Aires somos nosotros.

Pero nos están embruteciendo. Digo,

Nos están volviendo de cemento: duros, insensibles.

Pura infraestructura.

Caro leedor: 2 músicas.

1. para el emepe3: M. Alvarez Quiroga, La casada infiel.

2. para compartir: Tiken Jah Fakoly, Tata.

Publicado en Leedor el 7-1-2009