Museos, arte y comunidad

0
6

Estuvimos en la conferencia que dictó la directora del Museo de Arte de Filadelfia. A una semana de una nueva Noche de los Museos en Buenos Aires, te contamos sobre el estado y el futuro de los museos en tiempos de crisis económica: arte, edificios, comunidad.

La conferencia dictada recientemente por Gail Harrity, Presidente y Directora de Operaciones del Museo de Arte de Filadelfia, en el Centro Cultural Borges, instaló una reflexión muchas veces pendiente: la necesidad urgente de reactivar y revalorizar la función de los museos en la ciudad.

Reflexionar sobre la crisis, pensando en su incidencia en la cultura, y en particular, en los museos, es una propuesta bastante nueva en nuestro país, a pesar de que el tema de la crisis nos es crónico desde hace mucho tiempo. Finalmente, la convocatoria a esta reflexión vino de la mano de la Dirección General de Museos de la Ciudad de Buenos Aires y el Instituto Cultural Argentino Norteamericano -ICANA-, con la presencia de Gail Harrity, Presidente y Directora de Operaciones del Museo de Arte de Filadelfia, a cargo de la conferencia ?El estado y el futuro de los museos en tiempos de crisis económica: arte, edificios, comunidad?. Y fue justamente sobre estos tres últimos puntos: Arte, edificios y comunidad, el ABC de los museos (en inglés, Art, Building, Comunity), que se centró la charla tomando como ejemplo los casos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Guggenheim de Bilbao, (en los que Harrity ocupó importantes cargos), el Guggenheim de Nueva York y el mencionado Museo de Arte de Filadelfia.

Realizada en el Centro Cultural Borges, con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos, la conferencia se explayó en las distintas necesidades que tenían dichos museos considerando, en cada caso, el lugar en el que están asentados, y de qué manera van sorteando obstáculos para conseguir los objetivos. Así, el Met, ubicado en la Quinta Avenida de Nueva York, se destaca por planificar en determinados períodos del año exhibiciones taquilleras. Aún hoy se recuerda como un auténtico best seller la muestra de Tutankamon que obtuvo, en 1979, la nada despreciable cifra de 900.000 visitantes en tres meses. Asegurando que, con una actitud previsora, y a partir de una exhibición así, se pueden sostener aquellas que ?aunque igualmente ricas- quizás no convocan tanto público.

También en Nueva York, el Museo Guggenheim, luego de enfrentar agudas crisis durante 20 años, encontró a principio de los años 90 la solución a sus problemas de subsistencia: se asoció al gobierno vasco para fundar el Museo Guggenheim de Bilbao. El resultado fue exitoso en ambos sentidos: la ciudad española fue ?puesta en el mapa? gracias a la fantástica construcción de dicho museo de la mano del arquitecto norteamericano Frank Gehry, y el Guggenheim no sólo consiguió financiación para su sede de Nueva York, sino que logró un gran reconocimiento internacional que le posibilitó ?también- ampliar su colección. ?El Ministro de Finanzas dijo que tenían dos alternativas: invertir una grandísima cantidad de dinero para ampliar en 3km la autopista de Santander a Bilbao, o invertir la misma cantidad de dinero en un museo que pudiera lograr una gran transformación de la ciudad?- aseguró Harrity. Sin duda se demostró que un edificio de excelencia atrae colecciones, y las colecciones atraen público, y el público contribuye a la economía y a la difusión de la cultura.

Por su parte, el Museo de Filadelfia, que preside Harrity, ha tenido a lo largo de su historia estrategias que combinan las acciones llevadas a cabo por el Guggenheim y el Met. Creado en 1876 para el centenario de la Independencia de los Estados Unidos, su colección está casi íntegramente compuesta de donaciones particulares (lo que permite la deducción de impuestos), y su principal característica edilicia radica en que fue levantado, en distintas etapas, de afuera hacia adentro. ?La estrategia de los gobiernos fue brillante – afirmó Harrity- ya que el museo fue creciendo a la par de la ciudad industrial?. Hoy cuenta con un recientemente inaugurado subsuelo con garaje que evita la polución en los alrededores del museo, y que permite que en la superficie se pueda apreciar un increíble jardín de esculturas. El museo también se abre al exterior .

Con dichos trabajos llegaron a la conclusión de que por cada dólar invertido en su mejora, retornaban cuatro dólares a la comuna. Un incremento más que atractivo, que los alentó a seguir. En la actualidad, el museo de Filadelfia también posee un edificio anexo, el Ruth and Raymond Perelman Building que atesora una abultada colección de trajes y textiles, disponibles para estudiantes y curadores, pero que cada tanto pueden verse entre las colecciones temporarias del museo. ?Sacar la reserva, rotar las piezas, es una de las principales estrategias?-dijo Harrity.

Pero su actividad, no concluye ahí. Filadelfia ha encarado, además, un nuevo proyecto de ampliación edilicia destinada al arte contemporáneo, y es responsable de numerosos programas de educación, incluyendo los que son a distancia y una capacitación gratuita para docentes con la intención de que trabajen curricularmente las colecciones del museo. De esta forma consiguen expandir considerablemente la influencia del mismo en la comunidad si se tiene en cuenta que cada docente tiene un promedio de 30 alumnos. Para su presidente, ?aquellos alumnos que mantienen contacto con el arte tienen un 25 por ciento más de posibilidades de graduarse?. Así el Arte, como el núcleo del museo, el Edificio, que sirve para exhibir, conservar y atraer nuevas colecciones, y la Comunidad, que se transforma en el objetivo de todo lo anterior, interactúan en pos de la cultura de un pueblo.

Pero trasladar la reflexión sobre estos puntos a nuestro país sin duda requiere análisis aún más profundos en cada uno de los ítems. Por empezar, la sensación redundante es que siempre se puede hacer más, pero ?no se hace. Algo sucede que aún hoy ?y desde hace bastante tiempo- con un Buenos Aires muy activo a nivel cultural son todavía pocos los museos que se van aggiornando a los tiempos actuales y a las exigencias de un público cada vez más súperestimulado. Si hablamos, claro, del público con acceso a medios masivos de comunicación y con posibilidades de viajar aunque más no sea de vez en cuando. El otro público, cada vez mayor también, el de los Nadie, los excluidos, los relegados de siempre, a ese otro público no son pocas las instituciones que parecen decirle que la cultura está para otros. Quizás no con esas palabra, incluso, quizás no con palabras, pero sí con políticas culturales que llegan a producir una autoexclusión en este sector de la población y que exime de culpa, al menos en apariencia, a las autoridades responsables.

La realidad económica de los museos, no es un tema menor. Es conocida la situación de muchos museos que subsisten gracias a la voluntad y a la vocación de sus directores y empleados, verdaderos talentos creativos y expertos es sacar las papas del fuego; y de otros, que pese al esfuerzo de quienes los habitan diariamente, son estructuras en peligro y peligrosas para las personas y las obras que albergan. Situaciones que se explican al recorrer un poco la ciudad y ver qué lugar ocupan aquellos edificios que ?aún si no han sido nombrados- son parte de su patrimonio cultural. Muchos han sido demolidos o están por serlo para ceder su preciado terreno a una torre que borrará en un instante el pasado de esa casa, del barrio, de la Argentina entera. Con esa manera de pensar y de actuar, sin planeamientos urbanos que busquen resguardar la cultura de los intereses económicos, salvo ?vale aclarar- algunas acciones particulares de vecinos y personalidades preocupadas y ocupadas con el tema, es fácil entender que la situación de los museos no es ajena a como la comunidad toda vive y siente. Y el Arte?.

Y el Arte está ahí, abunda con sus múltiples posibilidades pero con la necesidad, todavía hoy, de llegar a la mayor cantidad de gente. ¿Estará en el camino correcto para lograrlo? Sin duda gran parte del secreto del éxito radica en esos edificios, en los lugares del Arte, entre ellos los museos, muy especialmente los once que dependen del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: la Dirección General de Museos (la ex Cervecería Munich), el Isaac Fernández Blanco, el Sívori, el de la Ciudad, el Histórico Cornelio Saavedra, el Carlos Gardel, el de Arte Español Enrique Larreta, el Luis Perlotti (de escultura), el de Arte Moderno (en construcción), el del Cine, el José Hernández (arte popular), más la Torre Monumental (también conocida como la Torre de los Ingleses).

Algunos proyectos para reactivar su interacción con la comunidad ya han sido anunciados, especialmente con la asunción de Florencia Braga Menéndez como Directora General de Museos de la Ciudad de Buenos Aires. Entre estas propuestas está la incorporación de audioguías en distintos idiomas para visitar las diferentes colecciones y la de anexar bares y tiendas de recuerdos a los museos, tal como existe en otras partes del mundo, hecho que contribuye a hacerlos más atractivos, permitiendo usarlos como punto de encuentro, y que ayuda al visitante a tomar los recorridos con más calma, con un almuerzo o merienda mediante. A esto se le suma que dichos espacios significan nuevos ingresos para las instituciones, más allá de su carácter de entretenimiento, consumo o difusión.

“Queremos que los museos sean agradables. Los bares y tiendas les darán dinero que serán administrados por las asociaciones de amigos”, fueron las palabras de Braga Menéndez, a principios de este año, en una nota para La Nación. Esos y numeroso proyectos más, como los de incentivar la exportación de muestras itinerantes, la de actividades educativas y culturales para distintas franjas de la sociedad, la construcción definitiva del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), un final feliz para los problemas edilicios del Museo del Cine, y la idea de establecer lazos más firmes con museos del mundo, están esperando su turno para salir finalmente al ruedo.

?Las soluciones llegarán si pensamos con creatividad, y si se proponen estructuras ágiles que consoliden una red, y se consigue educar a la ciudadanía en una filantropía que la Argentina necesita cultivar?- explicó Braga Menéndez luego de la conferencia de Harrity, sin dejar de recalcar la importancia de la Ley de Museos y de Asociaciones de Museos para que ?entre otras cosas- se habilite a las asociaciones de amigos a juntar dinero de manera directa. ?No tenemos excusas para no tener los museos que nos merecemos. El museo es un planteo imprescindible en las ciudades donde hay población vulnerable y donde es complicado acceder a un desarrollo masivo de la educación. Debe ser un espacio que invite a la reflexión, ésa es la función del museo contemporáneo? ?aseguró.

Están las intenciones, están las ganas, están las capacidades, el tiempo dirá si todo fue suficiente para transformar los proyectos en realidades que sólo pueden tener un costado positivo para nuestra cultura. Ojalá así sea.

Publicado en Leedor el 8-11-2009