Claude Levi Strauss

0
7

Obituario a la muerte de Levi Strauss.
Al final, pasó. En el límite entre octubre y noviembre. En el límite entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, Levi Strauss emprendió el último viaje etnográfico. Es curioso que quien eligió como forma de la estructura a la oposición binaria, haya muerto el día en que diferentes culturas de diferentes lugares celebran la unión de la vida y de la muerte. Siguiendo su línea de pensamiento podríamos aventurar que la celebración celta del Samhain, que dio origen al Halloween; el día de todos los santos, de la iglesia católica y el día de los muertos, del México prehispánico, poseen equivalentes estructurales. En todos los casos y atravesando océanos, como le gustaría al mismísimo Claude, la oposición entre la vida y la muerte se relaciona con el calendario agrícola del hemisferio norte, de siembra y cosecha. La muerte como opuesta a la vida, pero también como parte inseparable de la estructura. Ojalá que su deceso despierte la curiosidad por su obra y encienda las conciencias adormecidas de los habitantes del nuevo milenio.

Los trópicos se quedaron más tristes. La serpiente y el arco iris lo están esperando, al final del horizonte, junto a sus amigos Nambikwara y Bororo. Como amargo pero agradable recuerdo, la descripción que realiza de la ceremonia y del sabor del mate. Descubre, para el mismo y para nosotros, bebedores conspicuos de la infusión, cómo ?la selva se concentra en unas gotas?; cómo cuando se lava, se alcanzan, gracias a la maestría del cebador, ?nuevas sinuosidades aún vírgenes que prolongan el placer?. Una delicia literaria y etnográfica en la que nuestra cotidianidad queda reflejada en el espejo de lo exótico. Del Pantanal al Mato Grosso, en un viaje que fue casi un rito de pasaje y que le brindó material para sus futuras investigaciones. Hasta le ofrecieron una niña en matrimonio, que declinó decorosamente, no sin un sobresalto interno de su conciencia de etnólogo francés. La selva y su gente fueron el ámbito en donde encontró a la humanidad. Las mitologías le proporcionaron el material para comprobar que la razón, más allá de las particularidades empíricas, es una sola. Por ello hoy los trópicos, están más tristes.

La forma y el método le fueron proporcionados por la lingüística. La definición de los fonemas, como cargados de sentidos opuestos a los del resto del sistema, fue la clave que encontró para comprender la estructura de los mitos. Las oposiciones binarias sellaron la estructura al paso del tiempo. Entre la sincronía y la diacronía, él optaba por la primera, en una búsqueda de invariantes del pensamiento humano. Encarnaba un audaz programa científico, que nadie podría acusar de positivista, dada su dependencia con el racionalismo y la búsqueda de causas, en desmedro de las probabilidades. Los errores metodológicos que, en una sana muestra de vitalidad, descubrieron algunos de sus seguidores, no alteran la potencia de su apuesta por la ciencia. Más aún en estos momentos, cuando el temor a las grandes teorías se impone en el mundo académico. En el siglo XXI, su legado se manifiesta, más que nunca, como una oposición.

El bricolage fue otra de las metáforas que utilizó para dar cuenta de la forma del pensamiento mítico. La construcción de un objeto coherente a partir de piezas con significados originarios diferentes. Algo así como un Lego o un Mis Ladrillos de mitemas, es decir de unidades de sentido mitológico. Encuentra luego, en los análisis concretos, ejemplos permanentes de utilizaciones y reutilizaciones, de ocurrencias y omisiones, de sintagmas y paradigmas. Así el fuego puede querer significar destrucción o creación, todo en función de la posición que ocupe dentro de la estructura. En la teoría estructuralista, la materialidad y la ideología juegan al significante y al significado; cobran preponderancia las relaciones en detrimento de los atributos. Se anticipa de algún modo a los desarrollos actuales de las ciencias de la complejidad y de las redes.

La antropología perdió a uno de sus mitos. Buena parte de las ciencias sociales extrañarán su presencia. Aún cuando dedicó sus últimos años a leer y a disfrutar de Balzac y su producción pública mermó, la certeza de su paseo habitual por la biblioteca del Laboratoire d?Anthropologie Sociale era un estímulo para estudiantes, profesionales y aficionados a la ciencia del hombre. Parafraseándolo en su definición de los alimentos, a nosotros nos queda decir que, antes que nada, Levi Strauss fue bueno para pensar.

Publicado en Leedor el 5-11-2009

Compartir
Artículo anteriorFestival Palabra Viva
Artículo siguienteMal de mar