Raquel Forner

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La exhibición ?Ni ver, ni oír, ni hablar?, en la Galería Jacques Martínez, reúne una selección de obras de Raquel Forner que evidencian la búsqueda formal y de sentido a lo largo de su vida. La exhibición ?Ni ver, ni oír, ni hablar?, organizada en conjunto por la Fundación Forner-Bigatti y la Galería Jacques Martínez, reúne una selección de obras de Raquel Forner que evidencian la búsqueda formal y de sentido a lo largo de su vida.

En una de las salas de la Galería, nos encontramos con una obra en la que tres mujeres con una serpiente que se retuerce en sus cuellos, componen el gesto que le da nombre a la muestra. Detrás de las imponentes figuras femeninas, características de la producción de la artista, se vislumbra el ?Presagio?: un volcán en plena acción gobierna una visión caótica donde un mar impetuoso sumerge ruinas de templos y caballos, entre figuras frontales de peces. En los cuadros de este período, Raquel Forner comienza a desarrollar la temática apocalíptica que continuará elaborando; convirtiendo a la pintura en el camino propicio para la indagación sobre el sentido de la existencia humana y, como señaló la propia artista, de aquellos ?dramas interiores necesitados de expresión?.

Permanentemente, la artista se comprometió con los acontecimientos de su tiempo y las terribles consecuencias de las ambiciones y conquistas del hombre; creando tramas plásticas en las que dominan personajes femeninos que, con aguda expresión, parecen imputar al hombre por los horrores y detrimentos de los conflictos bélicos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.

Durante la década del setenta, la artista pasa del discurso sobre la humanidad sumida en la guerra y los totalitarismos a trabajar la transformación que sufrirá el hombre y la humanidad debido a los vertiginosos cambios técnico-científicos. La artista amplía su simbología y compone conjuntos iconográficos en torno a la exploración del sistema solar y la conquista del espacio lunar. En la obra ?El Encuentro?, el espacio cósmico se integra con la zona terrenal a través de venas o conductos de colores que unen a los seres cósmicos con los hombres, entremezclando las visiones de la vida y la muerte, las figuras del astronauta y el ser de otra galaxia. En esta serie que podríamos denominar espacial reúne representaciones como las del astronauta, de los ?lunautas?, los testigos, el laberinto, la calavera, los pájaros y el esqueleto.

Para dar vida a esta simbología, se codificó el color y varío la técnica. Mientras que los astronautas flotan en un caos cósmico de colores vivos y saturados como el azul, rojo, amarillo y violeta; el negro, el blanco y los grises refieren a situaciones terrenales. El gesto vigoroso de la artista empasta la materia que, junto a la mutación de los personajes y al bloqueo de la perspectiva, perturban la anterior figuración. Asimismo, la artista modifica determinados significados como los de la deformidad y la fealdad que dejan de ser negativas, para otorgarles virtudes a los personajes.

Las representaciones pictóricas que desarrolla Forner retoman y colocan en un sitio privilegiado la figura del hombre y se relacionan con la angustia que ocasiona la sensación de una catástrofe adyacente. Esta nueva imagen del hombre se debe a una renovación no sólo histórica, sino también de pensamiento. Parece que las imponentes y desafiantes figuras nos hablan sobre una utopía que abandona su estatuto de imposible para hacerse material por medio de los avances tecnológicos: entre satélites y órbitas, astronautas y astro-seres, dan origen a nuevos hombres y dimensiones que pueblan las grandes telas de la artista. Estos seres híbridos, cuya fisiología está impregnada del elemento femenino, nos hablan de una humanidad que puede ser reconquistada; restablecida bajo una nueva lógica.

Actualmente, vivimos un período saturado de una sensación banal y reconfortable, en el cual parece que todo deja de poseer una importancia verdadera. Yaciendo como testigos inconscientes, nos tapamos los ojos, nos obligamos a no pensar, y el tiempo pasa velozmente, borrando las huellas del pasado en común, de formas de ser y vivir. Las pinturas de Raquel Forner renuevan esas evocaciones desde un presente que, ante la obra, nos hace ser conscientes de que nada está asegurado; abre las perspectivas reduccionistas que aplicamos cotidianamente y nos enfrenta con nuestra condición de colectividad, de grupo, de especie. Sus obras nos convocan a una receptividad autoconsciente y reflexiva sobre el hombre y su accionar que acepta la adversidad, investigándola, comunicándola y aumentándola en un profundo sentimiento de finitud, en la cual la conformidad no es posible y la divergencia de sentidos se apodera de la formas del ser.

Como forma de pensamiento, la pintura de Raquel Forner proporciona esa subjetividad que, como señala Félix Guattari, defiende la diferencia, lo atípico, la utopía para enriquecer formas de vida interactivas reverdecidas por la creatividad. En consecuencia, estamos frente a un nuevo reto que, sin liquidar tensiones y riesgos, hoy más que nunca, vale la pena asumir. Es por ello, que el legado de la obra de esta artista sigue siendo un terreno fértil no sólo para repensar el pasado compartido, sino también las condiciones que hicieron surgir las formas que limitan y abren las emergencias de la contemporaneidad.

Galería Jacques Martínez
Av. De Mayo 1130 ? Piso 4to. G
Lunes a viernes de 11:30 a 20 hs.
Cierre 30-11

Publicado en Leedor el 13-10-2009