Ala de criados

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Kartun consigue una obra de cien minutos que no da respiro, con el tema de la Semana Trágica de 1919 como fondo.Corre el mes de enero de 1919 en Buenos Aires, la semana trágica que tuvo su epicentro en los talleres metalúrgicos Vasena, empujó a las familias patricias, a los aristócratas hacía sus campos, estancias o casas solariegas. Huyen de la chusma y de la violencia que tal vez su modo de economizar con el obrero ha generado. En este contexto ubica Kartun a sus personajes: Tatana, Emilito y Pancho. Ellos, cómodamente instalados en un club marplatense con salida al mar,  juegan al tiro al pichón y disfrutan exquisitos tragos en esas típicas sillas de mimbre que vemos en las postales de todos los tiempos. Ellos son  también una postal de su clase.

Tatana, educada en Europa juega con las palabras, rodea a la poesía, sus primos se aburren a destajo, la descripción decadentista de esta clase es perfecta. Lo que suponemos es el interior donde se encuentran las habitaciones, se infiere. Una roca enorme hace de fondo y a la vez simboliza de modo insoslayable esa monolítica permanencia de las clases dominantes. Ese muro que las clases bajas no traspasan jamás. Los otros, los excluidos, no se ven, se deducen.

A esta historia se agrega Pedro Testa, empleado del club Pigeon, un auténtico desclasado, de esos que quieren pertenecer y mimetizarse con sus patrones. Esos que olvidan su origen y creen ilusamente que un instante compartido, los incorpora, los eleva en la escala social.A medida que los aristócratas y el desclasado se acercan, se produce una sociedad que tendrá en lo manifiesto la necesidad de los tres primos de pergeñar alguna venganza hacía los insurrectos y así ganarse el respeto del abuelo, ?tatita? en la voz de ellos. En lo latente y escondido está el deseo. Y así en esas habitaciones que no vemos, Pedro  irá seduciendo y  penetrando carnalmente a  esa clase impenetrable, cargada de un deseo desbocado pero capaz de destrozar al ?otro?, una vez que ha sido usado, aprovechado y manipulado.No hay modo de que no se produzca un conflicto, las clases en la Argentina de principios del XX no se mezclan (¿lo hacen ahora?).

Entonces el  empleado deseado, codiciado y servil se desboca y desde  la ira profiere su verdad, esa que los primos Guerra no están dispuestos a escuchar, la verdad para ellos es una insolencia.La roca monolítica no se ha movido, los aristócratas retornan a su ocio. Kartun consigue una obra de cien minutos que no da respiro, no sólo por el maravilloso desempeño de sus actores sino por la calidad poética con la que  narra unos días de verano parecidos a muchos otros que podemos imaginar. La música acompaña la diégesis acentuando la acción y la escenografía no necesita más que esos emblemas: la roca y las sillas de la época en que la Rambla de Mar del Plata era de madera y por allí paseaban los ilustres representantes de la oligarquía. Las actuaciones alcanzan momentos sublimes y respiran siempre el mismo aire.

La Semana Trágica de Vasena, con las dos centrales obreras llamando a la huelga,  dejó 700 muertos. Después del cruel escarmiento, los obreros consiguieron  que se oyeran algunas de sus demandas. Pero otras venganzas, otros modos de monopolizar la riqueza y otras maneras de usar y destruir al otro llegaron luego para refrendar que el poder de una clase no se entrega fácilmente, aunque en el Ala de Criados la carne se funda en un solo desfallecimiento.

Imperdible trabajo de Kartun y su elenco.

Publicado en Leedor el 7-10-2009