Rocío (o el paisaje)

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Podríamos decir tontamente que en Rocío llovizna poesía. Se nos presenta sencilla, directa, como una alternativa independiente que da muestras de un teatro distinto. “Alguien dijo que uno vive dos vidas: la que vive y la que cuenta. ¿Pero cuál es cuál?

Rocío tiene al menos dos versiones de sí misma. Dos relatos en los que es la protagonista.”

Se nos propone: una cajita de madera donde bailan pensamientos en forma de contrapunto. Y con eso alcanzaría, pero no. Podríamos decir tontamente que en Rocío llovizna poesía sensible y con un muy buen manejo del ritmo: “donde entra el ritmo no entra otra cosa” se nos presenta sencilla, directa, como una alternativa independiente que da muestras de un teatro distinto, y esta obra tiene mucho y lo utiliza para tener al espectador siempre atento. Cuando Rocío habla, hablamos todos. Se evidencia un reconocimiento que hace reir y enternece, que interpela al espectador y lo introduce en un ambiente onírico que durará toda la obra. Pocas luces, duras, sobre el escenario. Un vestuario entre campestre y angelical de donde salen unas voces que titilan: una vez más el bajo presupuesto inspira nuevas ideas. O el paisaje: estoy sentado, viendo la obra. la obra es mi paisaje, es lo que yo veo, lo que me ataca. Pero yo soy el paisaje de la obra. Hay un feedback, un ida y vuelta que pocas veces vemos y que en Rocío tiene unos lindos destellos. Veo una caja y no veo una caja: veo una fiesta. Dos versiones de un ser que interactúa con el mundo y nos cuenta los resultados en un ambiente íntimo. Siento el sueño, lo onírico se hace presente durante la obra y la guía hasta el final.

Rocío se nos presenta sencilla, directa, como una alternativa independiente que da muestras de un teatro distinto, donde podemos ver un cruce real entre distintas disciplinas.

Publicado en Leedor el 29-09-2009