Los abrazos rotos II

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Almodovar, fiel a sí mismo. Maestro del melodrama, autorreferencial, fanático del cine clásico. Una película auténtica que lo sigue sosteniendo como cine de autor.Leé los comentarios de esta nota

“No se trata de hacer un remake; yo lo que he tratado es de hacer una estilización de Mujeres y del pop, del primer pop. Yo he nacido y me he curtido en esa cultura, en lo artístico y en lo estético, y de alguna manera es un mundo que añoro? En los últimos años mi cine ha girado en torno al mundo de los sentimientos, se ha ido oscureciendo y por eso pensé en Chicas y maletas como en un regalo, un capricho, una posibilidad de volver atrás y, como no creo que vuelva a hacer una película pop entera, echar una cana al aire”.

Una de las características de la esfera del arte hoy sigue siendo el procedimiento transtextual, esa trascendencia que tienen las obras de arte, unas en otras, en un proceso que está en el centro de la complejidad de lectura e interpretación de lo contemporáneo. El continuo cultural utilizado como dispositivo, como generador, adrede, creativo, confuso, contradictorio, ilimitado, eso que Almodóvar nombra en su cita con la palabra estilización.

Por otra parte, el director logra seguir siendo un referente del cine de autor, si lo entendemos como un cine que produce sus propios signos y su propio sistema para leerlos, reflexionando al mismo tiempo sobre el proceso. Almodóvar, particularmente en esta película, como en ninguna otra, hace de la transtextualidad su dispositivo de narración.

Básicamente por la cita a su película Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), que funciona estructurando toda la obra, inclusive volviendo a utilizar el mismo estudio para filmar. Una dirección de arte preciosa, orientada al pop hispánico del director, con referencias a los muebles de Ikea (en la etapa post Ikea), los colores y las formas constructivas. Con escenas literales, enmarcadas dentro de la cita, echando mano a sus mismas actrices, como Rosy de Palma (aunque distinta, no tiene esa cara de virgen perdida, tiene otra nariz y ya es una loca femme fatal). Además, si Mujeres? era una comedia, Los abrazos rotos es todo un melodrama.

Las citas, más o menos explicítas, incluso ocultas, podrían incluso ir más allá del propio director y hacen a su estilo, están allí, afloran en múltiples detalles.

El procedimiento transtextual, es cierto, ha sido explotado de manera sistemática por el territorio de la cultura posmoderna. El homenaje, como forma elegante de llamar al plagio, la autorreferencialidad, la superficialidad, la imposibilidad de encontrar nuevas formas, el remix y la remake? En este sentido, el esfuerzo narrativo de Los abrazos rotos podría presentarse como el producto del agotamiento creativo de un autor que está llegando a sus 30 años de carrera.

Sin embargo, hay una vuelta de tuerca que problematiza el tema de la historia y de la capacidad de reordenarla, montando otra película.

Esto no es menor, y para muestra bastan dos botones: el armado de las fotos en el final (particularmente me recordó el comienzo de Saraband de Ingmar Bergman, la máquina Almodóvar funciona movilizando citas) y por otro lado el montaje del filme 14 años después, a manos de un director ciego. Es una línea esta que podemos ver esbozada en el arte de las primeras décadas del siglo XXI y da para debatir: el lugar de la historia y la posibilidad de reescribirla y ordenarla de otra manera, sea la micro o la microhistoria.

Personalmente creo que aquí se abren nuevas líneas. Es interesante sugerir que Los abrazos rotos problematiza el lugar de la cita convirtiéndola en una posibilidad de dispararle al original. Ya el eje no pasa por cita, parodia, estilización o apropiación. Estamos pensando en otro tipo de procedimiento, mucho más aleatorio si se me permite, otros caminos imprevisibles que pueden tomar las cosas, insospechados pero que siempre estuvieron ahí. Me surge la misma cuestión con Bastardos sin gloria, y esa particular relación que adquiere la película con la historia fáctica, en manos de otra máquina de reinventar ficciones, Q Tarantino.

Volviendo a Los abrazos?, y en resumen, es una historia hecha en torno al cine, donde los papeles se reparten esta vez entre un director, su actriz, un productor, relacionados en triángulo, más los satélites en formato de elenco, manager y amiga, coguionista?

Lluís Homar se afirma como un gran actor español, respaldado por su amplia trayectoria teatral y sus interpretaciones en películas como La habitación de Fermat o La mala educación (también de Almodóvar). Por su parte, Penélope Cruz es como plastilina en manos del demiurgo, y sigue demostrando que cuando la dirige un gran hacedor (no sólo Almodóvar, también Woody Allen), lo que ella logra de ella misma tiene mucho nivel. Por último, vale mencionar la pequeña pero contundente participación de Ángela Molina.

Una cita privilegiada es hacia Audrey Hepburn. En su anterior película, Volver, la Cruz era a momentos un guiño a Sofía Loren. El director sigue fiel a su adscripción al cine de mujeres, cosa coherente, ya que es un fanático de los filmes que hablan de actrices.

Me permito recomendar esta película a todo el mundo, con hincapié en los amantes del cine y los que siéndolo o no tengan vocación detectivesca y quieran descubrir qué hay detrás de las imágenes. Es cierto, ya se dieron cuenta, yo soy fanática del director manchego. Pero él me ayuda a serlo. Con una fotografía maravillosa, un uso catedrático de los planos e impecable banda musical, esta es una película donde Almodóvar se debe a su exclusivo imaginario y en él se enrosca, fiel a sí mismo, Qué más se puede pedir.

Nota relacionada: Los abrazos rotos, por Abel Posadas

Publicado en Leedor el 24-09-2009