Glaxo

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De prosa ágil, violenta, asediante, la nueva novela de Hernán Ronsino navega por la historia argentina reciente por aquellos sucesos que, invisibilizados, la fundan trágicamente. Como un tajo irremediable
Sobre Glaxo, de Hernán Ronsino (Editorial Eterna Cadencia)

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Un tríptico de Juan Carlos Romero consiste básicamente en las siguientes frases distribuidas en las 3 piezas: ?esta obra se informa/muestra/explica a sí misma, e informa/muestra/explica al sistema?.

La trama tensional, trágica, histórica, de un barrio de la ciudad de Chivilcoy, condensada en esta obra de Hernán Ronsino, también habla de sí y del sistema (la Argentina post 55) La estereotipadamente plácida vida de pueblo, entreverada en su propia tragedia, y la del país que la contiene.

La última novela de Ronsino (?Glaxo?) se configura en el tiempo fragmentario de una memoria que irrumpe arbitraria, entremezcladamente, y en una coralidad de voces disímiles, arraigadas en lo siempre-igual (que se oculta y funda en el asedio de lo siempre-otro) El asedio de lo no dicho, del cuerpo deseante, de la traición, del mito (peronista o hollywoodense), de la masacre. Tales fantasmas están ahí, latiendo, inundándolo, fundándolo todo.

Y es Rodolfo Walsh el que inaugura la obra. Walsh, la figura espectral paradigmática de la militancia revolucionaria, contaminando fantasmáticamente desde su obra/arma, desde su cuerpo sacrificial, enturbiando, condicionándolo todo (?Glaxo?, la novela, y el sistema: la literatura postwalshiana, y con ella una concepción de la política, del actuar en política)

Novela, de hecho, emplazada sobre los restos, los espectros de la política, esparcidos arbitraria, inoperantemente en cuerpos inactivos, sufrientes, anhelantes. ?La traición es la base del poder?, dice Ronsino, a través del personaje más siniestro, y más elocuente, más claro, más resuelto de su obra, el ex policía Folcada (que se sugiere participó de los fusilamientos de José León Suárez, de la Operación Masacre) La traición como la contracara del sacrificio.

Aunque ?Glaxo? parece eludir presentar algunas de estas formas del poder. La atraviesan retazos infames de voluntades políticas desheredadas, ignominiosas. Incapaces de encaramarse en aquella ética sacrificial, como la de Walsh, entre tantos otros, y que fundaba la práctica y pensamiento de la militancia revolucionaria de los 70 en Argentina.

Ya no. Con la masacre de José León Suárez de fondo, ?Glaxo? puede leerse como el comienzo del fin de un modo de hacer y pensar la política. El momento mismo en el cuál el genocidio puede prefigurarse. El instante fundante del vacío, de una zona turbia de autonegaciones, de trágica apatía, que sigue asediando, constituyendo nuestro imaginario (y hacer) social.

Estas historias pequeñas (que muestran e informan de sí mismas), pero a las que la atraviesan fantasmas, espectros (que informan del sistema), permiten trazar el proceso de desintegración de la vibración política argentina. Signada por una violencia abismal que funda las relaciones cotidianas, y una memoria que en tanto desmembramiento del hilo histórico sostenedor, se remite a automatismos de rememoración obsesiva.

Así todo, los fantasmas que asedian la habitualidad de esas vidas pueblerinas, en su misma lógica espectral, permiten anidar una ilusión, la del gesto que habilita la transfiguración, la mutación. Esa, que late, por ejemplo, al llegar a una nueva ciudad y sentirse otro. Esa, que surge cada vez que se entra al cine (a convivir y dejarse inundar por los espectros hollywoodenses), viviendo ese otro tiempo, y que habilita, al salir, encontrarse con un entorno diferente, la esperanza (realidad) de salir siendo otro.

De prosa ágil, violenta, asediante, ?Glaxo? navega por la historia argentina reciente, por aquellos sucesos que invisibles (invisibilizados), pero entre nosotros, latiendo, la fundan trágicamente. Un pueblo de la provincia de Buenos Aires, su cine, su tren (desguasado), los sujetos que le dan vida, identidad, y los cuerpos ausentes, violentados, que están ahí, conviviendo con lo aun vivo, determinando un modo de ser, hablar, gesticular, amar, matar.

Publicado en Leedor el 20-09-2009