Pentesilea

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Un nuevo espacio de arte fortalece el corredor de Avenida de Mayo y su zona de influencia como un iinteresante eje para la exhibición de la plástica argentina, exponiendo a un artista de primer nivel, Carlos Marini en el corazón de Buenos Aires. La avenida de Mayo como centro de arte argentino ha ganado una nueva estación: la galería de arte Pentesilea, en Tacuarí 119, 5º piso.

La exposición se titula “Laberinto XXI” y bien puede sintetizar las dos entradas de esta propuesta curatorial a cargo de Adelina García Vivar: el concepto de laberinto y el siglo XXI.

De allí, el juego asociativo libera múltiples entradas y genera muchos más interrogantes sobre el lugar del mito hoy, sobre la posibilidad de contar la historia al revés, de adelante para atrás y del hoy al ayer, sobre las constantes universales donde lo bello y lo bueno del mundo antiguo queda problematizado, sobre la esfera estética del arte contemporáneo que plantea el gran laberinto cultural inscripto en lo social.

Laberinto XXI ofrece la producción del artista Carlos Marini articulada en tres ejes temáticos: Laberinto, El Mito, Personajes y Símbolos. Las pinturas esbozan su posible esculturalidad, están realizadas en un soporte conocido como MDF sobre el que se compone con materiales varios: madera, piedra, óleo, metales, arena… Con una fuerte carga existencial, avanzan al espacio. Formas, volúmenes, vacíos, cruce de materiales.

Desde todo sentido la jugada es fuerte: articular uno de los mitos fundantes de la cultura occidental, que nos liga al esplendor y la maravilla del imaginario cretense, con las formas austeras e informalistas, sugerentes y lacónicas, de colores quebrados y referencias terrosas, de las obras de Marini.

Nos recibe el plano de Cnossos, introduciéndonos en la situación. Pero esta primera obra no funciona como ayuda; el arte es desorientación y el plano de Cnossos es la certeza de un engaño: no es más que la huella de lo inabarcable e indecible.

Si estamos en el laberinto, deberemos recorrerlo. Y así vamos, de forma en forma, hasta que en la mitad del camino, ya en la sala del mito, nos toparemos con El minotauro, una de las tres esculturas que completan la propuesta, momentos donde la materia se ha expandido al punto tal de salirse del plano pictórico y plantearnos un desafío matérico que nos interpela. Quizás el laberinto nos habla de eso, nos pregunta sobre sendas posibles.

El lugar cuenta con una pluralidad abierta de recorridos. Pentesilea es un lugar cálido, que permite observar y reflexionar con cierta intimidad, lejos de los espacios amplios y minimalistas, tipo loft. Cuenta con ambientes más pequeños, a modo de salas. Además, ni bien ingresamos una puerta a la derecha nos indica una trastienda rica en obras de contemporáneos, colegas y admirados.

En síntesis, el recorrido que arranca en la galería de Jacques Martínez, en Avda de Mayo y Salta, hace su parada en Pentesilea , incluye el espacio de Ignacio Liprandi y concluye en S/T en la imponente esquina de Rivadavia y Paraná, fortalece un eje de circulación artística que, por sus características arquitectónicas está llamado a ser el corredor más bonito de los que cuenta la ciudad. Con su estilo francohispano y la riquísima historia de sus pasajes, edificios, bares, marchas y manifestaciones, ha construido hitos de la historia de una ciudad que en materia de arte no hace otra cosa más que sorprendernos.

Publicado en Leedor el 25-09-2009