Flores de cerezo

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Lo fugaz y lo permanente en un sublime film de DörrieCon su habitual consistencia, la directora y escritora alemana Doris Dörrie nos obsequia una bella historia sobre una pareja de edad madura (Elmar Wepper y Hannelore Elsner) que debe lidiar con la finitud y los conflictos de comunicación paterno-filiales. Pero es en la segunda parte de la película, la que retrata la odisea de Rudi en Japón y su acuciante necesidad de reencontrarse con su amada esposa muerta, donde se pone de manifiesto una mirada diferente sobre la vida, los tiempos, la internalización del otro como ser amado.

Basada en un cuento de Yasojiru Ozu, ?Tokyo Story?, posteriormente filmado en el año 1953, la película marca el tercer encuentro entre Dörrie y Japón, luego de Sabiduría Garantizada y El Pescador y su Mujer (este último, inédito en nuestro país). Este acercamiento a la cultura japonesa, en particular a la estilizada danza Butoh (y su bailarina Aya Irizuki) es lo que enmarca el auto conocimiento y la aproximación a los valores sobre los que la misma se sustenta: la naturaleza transitoria de la vida, en que la flor de cerezo es considerada como el símbolo más hermoso de la temporalidad.

Flores de cerezo” representa la búsqueda de lo sublime, a través del intenso recorrido que Rudi realiza para acercarse a su ser amado, en una revalorización de sus gustos y esencias. La pareja protagónica sorprende y emociona con su exquisita actuación. A Hannelore Elsner la recordamos por su participación en el film No Place To Go (2000) ( Die Unberuhrbare) en el marco del primer festival de cine alemán en nuestro país.

Publicado en Leedor el 28-09-2009

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