Los abrazos rotos

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En octubre se estrena en Buenos Aires la última película de Pedro Almodovar, ya la vimos, te adelantamos un comentario.O La buena educación

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La esplendorosa fotografía del ahora internacional mexicano Rodrigo Prieto nos ayuda desde el vamos a saber que estamos en el cine. Hay allí actores encuadrados y medidos que se disponen a iniciar la acción. Se nos va a narrar la historia del ahora ciego ex director de cine Mateo Blanco, quien se dedica en el 2008 a escribir guiones.
Su nombre actual es el de Harry Caine.

No hay nada más aburrido cuando se reseña un film que contar el argumento.

Digamos que desde el 2008 se retrocede catorce años para asistir al rodaje de la última película de Mateo, Chicas y maletas, que no es otra que la mismísima Mujeres al borde de un ataque de nervios. Almodóvar cae en la autocomplacencia durante 127 minutos. Cuenta para ello con el mismo montajista ?José Salcedo- y algunas de aquellas actrices en cameos ?Rosy de Palma, Chus Lampreave, Kiti Manver-. El experimento pudo haber sido interesante.

Cuando Mateo y sus aliados -Judith y Diego- nos dicen al final que es necesario terminar una película, aunque sea ciegos, les creemos. El inconveniente es que no sabemos si vale la pena verla aunque tengamos el privilegio de la vista. El triángulo fatal Mateo-Lena-Ernesto acaba por aburrirnos aunque el casi septuagenario Ernesto afirme que se ha echado seis polvos y que le gustaría morir follando.

Hay mucho de insustancial en este follametín de Almodóvar, perdido momentáneamente en el postmodernismo del deja-vu. No hay nada peor que tomarse en serio cuando vamos envejeciendo. Esto es precisamente lo que hace el realizador. Y es una lástima porque basta un solo plano, el dedicado a la imagen final de Ángela Molina ?en un rol breve- para darnos cuenta de que estamos delante de un director de valía.

Los accidentes, los encuentros y desencuentros, la anagnórisis propia del folletín, los hijos recobrados, las muertes en fin, son elementos que recorren buena parte de la filmografía de Almodóvar.

Ocurre que en este caso no cuajan y, sencillamente, terminan por aburrir. Los ambientes supersofisticados y lo que se supone buen gusto aplastan cualquier asomo vital que pudiera haber en un fotograma. Los fans de este realizador no se sentirán defraudados. Quienes, en cambio, aguarden alguna novedad perderán el tiempo. Estamos en el cine y nos lo avisan. Muy bien. Pero ¿desde cuándo eso da derecho al bostezo?

Publicado en Leedor el 28-09-2009