El alivio

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La necesidad, la soledad y la extorsión son algunos de los hilos que mueven los tres personajes en la puesta que Alejandro Giles hace del texto de Luis Sáez.
La necesidad, la soledad y la extorsión son algunos de los hilos que unen a los 3 personajes de El Alivio.

Una prostituta encubierta en una profesora de baile, un rufián que ejerce sobre ella coacción permanente con amenazas de gran bajeza y un ciego buscando un espacio en donde poder ser al abrigo de una intimidad que le es mezquinada en su casa materna, son los pilares de esta historia. La marginalidad de los dos primeros envuelve a un tercero que se mece y se sumerge en una trama de deseo y privación.

Felipe Colombo es Morel, un joven ciego a quien su madre le contrata una prostituta subrepticia, pero él sólo anhela la soledad con ella para despuntar su afición literaria.

Dora, Silvana Sosto, la mujer de la vida, al principio no entiende qué se espera de ella, pero luego se sumerge en ese mundo donde las palabras no dañan ni abusan, guardando entre su cuerpo y su ropa los poemas que como un vehículo de sanación van poblando el tiempo con Morel. Pero como otras intenciones se interponen en esta idílica relación, Zorba, a cargo de Claudio Salama, intervendrá ya que su cometido es grabar los encuentros para materializar las supuestas relaciones carnales entre el ciego y la prostituta con el fin de extorsionar a su madre.

En todos los personajes el deseo como un fantasma los impulsa a actuar. Morel, desea dictar su poesía y ser, allí en ese cuarto del margen el que no logra ser en su casa. Dora necesita el dinero pues su hija se encuentra lejos y Zorba la amenaza con perversidad. El rufián desea que su negocio prospere y tal vez el cieguito le proporcione dividendos mayores.

En este sentido, los personajes de El Alivio, son guiados por Alejandro Giles al desenlace, con gran acierto. Por un lado, la puesta exige que Silvana Sosto esté en escena todo el tiempo, pero un diseño escenográfico logrado, hace que los otros dos personajes queden suspendidos en nichos armados a tal fin y a la vista del público, significando que, aunque fantasmales, siempre tienen una relación de necesariedad con los otros. Esta historia no se cuenta sin la injerencia de alguno de los tres y en este caso, ese juego que suspende, detrás pero visible, a quien no está en escena, produce en la recepción un efecto eficaz.

El diseño de escenografía también logra su objetivo acompañando la diégesis, ya que la austeridad de trastos y objetos: una cama y una mesa, contrasta con el exceso de hojas que cubren todo el mobiliario, operando como redundancia y a la vez símbolo.

¿Qué son esas hojas negras? ¿Los días de Dora que ya no volverán? ¿Los poemas lanzados al universo que pugnan por salir de su escote? ¿O son parte del dinero sucio que ella ha ganado poniendo el cuerpo? El espectador, repondrá significaciones diversas siempre ligadas a la historia.

Las actuaciones son parejas y acertadas en todos los casos. Felipe Colombo descifra en el desafío del escritor ciego y extraño que en el Rio de la Plata tiene una sola evocación posible, Jorge Luis Borges, pero no lo parodia, por ello se puede ver la obra y abjurar de esa identificación.

Silvana Sosto, da en el rol y compone desde la máscara interior a esa mujer llena de deseo por salir de esa sujeción humillante y trabaja muy bien su cambio, que paulatino, la lleva a un lugar sin retorno.

Claudio Salama, a cargo del despiadado y perverso Zorba, encuentra su derrota final y la exhibe de modo orgánico haciendo que más que despreciarlo, el espectador lo tenga como muestra de un gran fracaso.

El Alivio es eso que todos buscamos cuando la vida es un límite y no un horizonte, en el texto de Sáez y la puesta de Giles, el alivio es un significante abierto que busca a cada espectador.