Dr. Alemán

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Una mirada alemana sobre las miserias de Latinoamérica.
Marc es un médico que viaja a Cali, Colombia, a realizar su residencia. Allí se encuentra con una zona ?liberada? donde las drogas y las luchas intestinas del mafioso autodenominado ?el Juez? y sus sicarios, aterran a la pobre población. Durante esta estadía conoce a Wanda, una chica que trabaja vendiendo café de la cual se enamora, haciéndola peligrar a ella y a los chicos de la calle que tiene a cargo.

Marc pretende ayudar cuanto más conoce acerca de los problemas de sicarios y narcotráfico en Colombia, pero en el proceso se pierde a sí mismo. Se ve atrapado en el cliché del extranjero: no pertenece ni al ambiente médico que mira con un aire de superioridad y distancia lo que sucede en Cali, ni tampoco pertenece a las calles humildes con los chicos que venden drogas para sobrevivir. ¿Cuál es la solución al problema? ¿El estigma de la ?solución alemana? propulsado por el nazismo: la eliminación del enemigo o la solución latinoamericana: la guerrilla, que también es la eliminación del enemigo? ¿Es esa la solución humana, entonces? Y en todo caso, ¿qué es ser humano? Esta es la pregunta que le hace Wanda a Marc y que Schreiber nos hace a nosotros.

La película sigue un poco la línea de los films de Alejandro González Iñárritu, en el sentido de que se acumulan hechos y tensiones hasta el final de la película donde todo se desenlaza abruptamente. Comparte con ?Babel? el ritmo monocorde tanto en los planos como en la banda de sonido, casi como si fuesen guías para el estado de entumecimiento que siente el personaje principal, y que en un comienzo trata de eliminar con drogas y sexo.

Dr. Alemán nos devuelve una mirada sobre el problema de la pobreza, la violencia, el sistema de salud público, los lazos familiares y de amistad en un continente cada vez más desgarrado. Como espectadores latinoamericanos es difícil concordar con esta mirada extranjera sobre lo propio. Pero tan sólo por eso, vale la pena verla.

Publicado en Leedor el 17-09-2009