Cúpula del Teatro Regio

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Se inauguró la cúpula pintada por Ariel Mlynarzewicz en el Teatro Regio de la Ciudad de Buenos Aires.?La Bienvenida?, de Ariel Mlynarzewicz.

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Melómanos abstraídos de la obra que fueron a presenciar levantan ensoñados la vista para evocar el aria o personaje que los conmueve. Y allí esta, la cúpula esperando ser vista. Ese es su rol en los teatros.

En cambio, en el Teatro Regio, la cúpula es la protagonista del foyer. Ese es el lugar de los actos sociales: donde se espera, donde se critica, donde surge la ansiedad. Por eso Ariel Mlynarzewicz no pinta instrumentos, no pinta actores. Pinta gente real. Son figuras humanas que desde las alturas nos saludan, invitándonos a su colorida y festiva reunión.

Cada cúpula cuenta al menos dos historias: la de la narrativa plástica allí representada, y la del momento de su realización.

Conocida es la anécdota sobre el deterioro de la pintura original de Marcel Jambon en el plafond del Teatro Colón. Dice el mito que fueron las barras de hielo para refrigerar aquel caluroso Carnaval de 1936 las que la desmoronaron. Por más de veinte años la cúpula permaneció pintada en un color neutro, hasta que en 1966, imitando el modelo parisino de Chagall sobre las pinturas originales de Lenepveu en la Ópera de Garnier, se dio a conocer la nueva obra plástica con la técnica del marouflage del artista argentino Raúl Soldi.

Aquí Ariel no reemplazó una pintura derruida. A él le tocó inaugurar su historia.

Tanto Soldi como Chagall contaron con ayudantes para su ejecución. En el caso del argentino fueron aproximadamente seis, en cambio Mlynarzewicz, pintó a solas con su imaginación. Chagall no trabajó -según imágenes recopiladas- con modelo en escala de la cúpula, sino con bocetos planos en escala. Soldi en cambio, trabajó principalmente desde una maqueta. Ariel utilizó las dos técnicas: bocetos y maquetas que luego fueron modificadas in situ, según la inspiración del momento.

En una entrevista Soldi dijo: ?Si uno hace las figuras muy grandes se provoca una deformación en el medio, y si se las coloca muy abajo o muy arriba, sucede lo mismo. Entonces yo traté de colocarlas en la parte en que la curvatura del arco es más suave. De esa manera no hay deformación?. Ariel hace lo contrario, se arriesga como ninguno. En este sentido se acerca más a la concepción del espacio del ?Ejercicio plástico? de Siqueiros que a la visión de Soldi. Se anima con las figuras de grandes dimensiones que lo abarcan todo y con los escorzos dignos de la admiración de Mantegna, pintor de la segunda mitad del Siglo XV convertido en uno de los artistas paradigmáticos del comienzo en pintura de los buenos escorzos.

El ilusionismo óptico es una de las cualidades del trabajo de Mlynarzewicz. No sólo las figuras agigantadas fugan hacia el centro de la media esfera, sino que muchas de ellas se posicionan de tal manera que parecen apoyar sobre una cúpula de cristal, mirándonos desde el exterior. El yeso se convierte así en una ventana, trasluciéndose una figuración festiva donde personajes navegan entre olas de colores vitales, preludio éste de un entretenimiento seguro.

No son Dioses del Olimpo en carros guiados por musas, ni duendes mágicos los que allí se encuentran representados. Son amigos, son la familia en contorsión, en sus juegos cotidianos. Son los personajes íntimos de Ariel que nos dan la bienvenida.

El Mural “La Bienvenida” donado por Ariel Mlynarzewicz para realzar la cúpula del Teatro Regio en su 80º aniversario podrá ser visitado de Martes a Domingo de 10 a 22 hs. Av. Córdoba 6056.

Foto: Carlos Furman.

Publicado en Leedor el 10-09-2009

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