Las González

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Los desafíos del deseo femenino en una obra de Hugo Saccoccia interpretada por cuatro señoras actrices.
El deseo es el motor de la vida y siempre ha sido la primera víctima de las coacciones de la biopolítica. Ancestralmente ligado a lo prohibido, el deseo siempre ha logrado colarse por las rendijas de la opresión. Aún hoy en muchos lugares desear sigue siendo peligroso, son demasiadas las comunidades en las que las mujeres sufren violencia de género a causa de dejarse llevar por el deseo.

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La comedia de Hugo Saccoccia, en clave de humor sútil, indaga las formas y normativas, que aún en la actualidad, rigen como anquilosadas reglas que, si se transgreden, pueden ocasionar la ruptura del núcleo familiar o dar lugar al nacimiento de un orden nuevo que al eliminar un mandato atávico y de sujeción, trae consigo la libertad del deseo y la consiguiente felicidad.

?Las González?, son 4 hermanas que viven juntas en la antigua casa familiar, en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. La acción se desata ante la angustia de Blanca, en la piel de Catalina Speroni, y Porota a cargo de Ana María Castel, cuando éstas irrumpen en el jardín de invierno de la casa, dando rodeos acerca de un secreto a voces que tal vez impresione mucho a Rita, la menor de todas, a quien da vida Cecilia Cenci. Es que Genoveva, interpretada por Angela Ragno, ha decidido dar rienda suelta a su deseo. Así, en clave de cotilleo cómico, la obra de Saccoccia asedia un tópico de siempre: ¿puede una septuagenaria tener deseo sexual? O ¿Una señora mayor hace consciente ese deseo? ¿Cuál es la posibilidad de desear y gozar a los 70?

Lo que inquieta a Blanca y a Porota, encubierto en un discurso sobre el qué dirán, es esta capacidad de rehacerse de Genoveva, de moverse del lugar común de la mujer que a determinada edad sólo puede cuidar nietos o sentarse en una mecedora, ya que los cambios de los que están muy cerca, nos obligan a cambiar o a perder.

Rita, la menor, rondando los 50 y pico de años, funcionará como el personaje embrague, ese resorte indispensable entre dos posiciones irreconciliables. Rita sabe, todo el pueblo sabe de las andanzas de Genoveva, todo el pueblo la ha visto en la garita del guardabarrera que, disfrutando con ella se olvidó de bajarla, pudiendo ocasionar en ese desenfreno una tragedia. Porque el sexo, fuera de las reglas que siempre hacen los otros, puede ocasionar sólo desgracias.

Lo que la obra de Saccoccia da a leer, en las excelentes interpretaciones de las 4 magníficas actrices, es cómo desde tiempos inmemoriales las mujeres hemos nacido para acatar y lo extraordinario sigue siendo ese poder incorruptible de la mujer para transgredir en pos de vivir mejor.

Así, las hermanas tratarán de ver quién es capaz de disuadir mejor a Genoveva, a efectos de que regrese a la ?buena senda?, mostrarán esa vergüenza de salir a la calle que todavía se puede sentir en aquellos pueblos chicos con infiernos grandes-corren los 90- y mirarán al pasado, pues hay hombres que han dejado escapar y es imposible recuperar. La figura del ?tata? mostrará cuándo y cómo se ha marcado a fuego que el deseo es vergonzante. ?Tatita? censuró siempre a sus hijas y les marcó un camino del que es difícil salirse.

De este modo, el deseo es visto como enfermedad de la mente o del cuerpo, cuando en realidad es casi la única certeza de vida que aún late que podemos tener.

El espacio escénico donde ?las González?, dirimen su contrariedad es de una gran funcionalidad. Un tapiz estampado con flores recorre la pared y el suelo, vistiendo la sala de galería de invierno, un aparador blanco, contiene el grabador en el que Rita pondrá música para cambiar el clima de preocupación de sus hermanas. Y un rincón con los enseres de costura, alcanzan para delimitar la casa pueblerina de las González.

El diseño de vestuario logra caracterizar a las 4 hermanas tipificándolas, Blanca y Porota, un poco más serias, como requiere el caso, Rita mucho más colorida como para enfrentar un cambio y Genoveva moderna como su deseo. Las 4 actrices mostrando todo lo que saben de teatro y dándole una satisfacción enorme al espectador.

?Las González? nos hablan a todas y todos de cómo es desear y reprimir, de cuánto se puede desafiar y de cómo el deseo del otro nos muestra el camino del propio. Sin golpes bajos, chabacanerías ni lugares comunes, los domingos en el Teatro del Pueblo es posible reírse de esos secretos que a voces, todavía, algunos pueblos gritan escandalosamente.

Publicado en Leedor el 8-09-2009