Invocando espíritus

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Clásico film de terror para sábado a la noche con amigos.Estamos ante una clásica de terror para sábado a la noche con amigos. Una familia tipo americana debe mudarse a una casa más cercana al hospital donde el hijo adolescente enfermo de cáncer terminal participa de un programa de experimentación con nuevas drogas. Pero cuando se mudan a Connecticut, cosas extrañas comienzan a suceder: sonidos extraños por las noches, sueños interrumpidos, objetos que se mueven, luces que se encienden y apagan solas, fantasmas que aparecen y desaparecen aterrorizando a los habitantes de la casona?

Como en todas las películas de fantasmas, tenemos que averiguar junto con el protagonista qué es lo que quieren estos visitantes tan perturbadores para nuestra salud mental. El adolescente sufrido no está sólo: cuenta con la ayuda de su bella prima y de un sacerdote que conoce en el hospital y que también padece cáncer terminal.

A esta altura del film, las reminiscencias a la película de culto ?El exorcista? son claras. Por un lado tenemos los planos sugestivos del famoso ático, donde no sucede nada, pero es un lugar que da miedito; por otro lado tenemos la ayuda de un hombre de fe que realiza exorcismos y aporta mucha de la información acerca del mundo espiritual. Esto tiene una doble función: por una parte, es un recurso clásico en este tipo de films, por la otra, dado que se anuncia que la película se basa en hechos reales, un cura es una figura de autoridad que da verosimilitud a los hechos, ya que si una ama de casa habla de fantasmas está loca, pero si lo hace un hombre de la Iglesia debe ser cierto…

Igual, a estas alturas, lo de estar basados en hechos reales parece un truco para que nos sugestionemos y nos dé más miedo el film. De otra forma la cantidad de casas embrujadas en EEUU es apabullante.

El film promete con lo que cumple: una hora y media de efectos especiales y de saltos en la butaca. Cumple con todas las reglas del género, así que para quienes pueden reconocer por la música y los planos cuando viene la parte del susto, no habrá ninguna sorpresa. No hay miedo del tipo psicológico al que tan bien acostumbrados nos tiene el señor Guillermo del Toro, ni ninguna clase de giro novedoso hacia el final. Apenas salimos del cine, nos olvidamos inmediatamente de esa sensación de miedo, y nos vamos con amigos a reírnos del grito que pegamos cuando se apareció el muerto reflejado en el espejo.

Publicado en Leedor el 28-08-2009