La Experiencia opaca

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Cuando el campo intelectual indaga las post autonomías literarias este libro analiza cómo en los años más oscuros de las dictaduras militares de la Argentina y el Brasil, se produjeron búsquedas artísticas alternativas que devinieron en nuevos modos de resistencia.
La Experiencia Opaca.
Literatura y desencanto
Florencia Garramuño
FCE

Florencia Garramuño, estudió Letras en la UBA y posee una dilatada trayectoria docente. Ha escrito diversos artículos y ensayos en Argentina y el exterior, editado numerosos volúmenes colectivos, publicado varios libros y en el año 2008 obtuvo la Beca de Investigación de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation.

La Experiencia opaca, Literatura y desencanto, aparece oportunamente cuando el campo intelectual indaga las post autonomías literarias y analiza de qué modo en los años más oscuros de las dictaduras militares de la Argentina y el Brasil, se produjeron búsquedas artísticas alternativas que devinieron en nuevos modos de resistencia.

Compuesto de seis capítlos que pueden leerse en forma autónoma aunque guardan una relación evidente entre sí, Garramuño comienza por cuestionar cómo es esa literatura que trabaja con los restos de lo real ya que el estatuto de lo literario viene sufriendo diversas transformaciones desde los años 70, que se fueron profundizando en la década del 80.

El texto no pretende historizar taxativamente, sino asediar las posibles razones y direcciones de esas mutaciones evidentes. Así, habrá textos que desestructuran las nociones de género y subjetividad, como los de de Clarice Lispector que dan a leer esta indecibilidad y los textos de Osvaldo Lamborghini que se presentan como ilegibles. La autora observa que tanto en la narrativa como en la poesía de la época, son varios los dispositivos que atentan contra la noción de obra rígida y contenida por sí misma, con un principio constructivo formal que se haga evidente. A cambio de ello, proponen una concepción escrituraria como puro devenir. Esta noción no sólo desarma la idea de obra sino que resulta casi una provocación al cuestionar si la obra puede ser contenida sólo en la intensidad de la escritura ya que lo que pretende registrar es lo que queda escrito de una experiencia. De modo que, nada permanece ocluido, ni el sentido de obra, ni el sentido de la experiencia, ni la hermenéutica de la misma.

Así el recorrido por los distintos textos de las experiencias de Brasil y Argentina resulta inaprensible, ya que pertenecen a un tipo de escritura que postula la pérdida del aura de lo literario.

Existe un desencanto de lo moderno y en este sentido, el trabajo de Garramuño analiza la aporía que se manifestó en los años 70, en los que, padeciendo ambos países dictaduras de extrema derecha, se consuma en ambos una cierta hegemonía cultural de izquierda. Así se explican textos como ¿Quién mató a Rosendo? de Rodolfo Walsh o El Fiord de Osvaldo Lamborghini. No es necesario abundar aquí, sobre el resultado de esas experiencias, el desencanto ineludible llega no por inacción o parálisis sino por desconfianza, desilusión y desaliento. El contexto represivo no permite creer en una nueva utopía sino más bien entregarse al desencanto que deviene de la verificación de que la modernización no trae los dones deseados sino un desengaño atroz. En este apartado es sumamente interesante cómo Florencia Garramuño analiza las lecturas que, de modernismo y vanguardia, se han hecho, siempre ligadas al paradigma de la modernización, fuese entendida como modernización capitalista o comunista. Aquí es interesante un señalamiento que muestra que no implica que vanguardia y modernismo no hayan cuestionado la modernidad, ya que la misma se engendra con su propio costado crítico, lo que la vuelve de por sí, reflexiva.

La marginalidad, la noción de margen y la cultura en el margen tampoco escapan a la atenta mirada de la autora, toda vez que existe un nuevo concepto de margen que abjura de los ya sabidos paradigmas de resistencia que la vanguardia había concebido para sí. La nueva noción de margen no apela a la noción de excéntrico con respecto al campo intelectual sino que se manifiesta en una inestabilidad genérica, en errancias inminentes. Cuando los géneros se desestabilizan se convierten en híbridos que dejan filtrar por sus grietas una verdadera interpelación sobre qué es el arte.

Experiencia y narración son puntos de un análisis minucioso en el que El entenado y Glosa de Juan José Saer, sirven de ejemplo pre-claro para demostrar cómo la representación de lo real y de la experiencia de una forma está incorporada al relato no como exhibición del artificio sino más bien como un modo de señalar la imposibilidad de representar lo real. Re-escritura, repetición son algo más que incensancia, son los signos de la obra como construcción siempre inacabada.

La poesía de Néstor Perlongher, leída con detallismo sirve para exhibir las marcas de un lenguaje atravesado por la historia que se sitúa en el horizonte cultural de la Argentina de su tiempo. Frente a una poesía social (profusa en la década del 70) sostenida en un fuerte valor comunicacional, Perlongher elige realizar la denuncia en un lenguaje y un devenir poético que reniega del valor comunicacional y al mismo tiempo lo impugna.

Los textos narrativos y poemas analizados por Garramuño, su vínculo con la experiencia y el reingreso del sujeto nos dejan a la intemperie de una pregunta ¿existe una autonomía artística tal cual fue pensada por los teóricos antes de estas experiencias? El ensayo nos deja reflexionando sobra la post autonomía literaria y el modo en ésta que se da a leer.

Publicado en Leedor el 18-08-2009

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