Alberto Heredia

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Una muestra antológica con los trabajos más destacados y provocativos del singular artista se puede visitar en la Universidad de Tres de Febrero, en Caseros hasta fines de setiembre.

Muntref, junto al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires -MAMBA- nos invitan a ?Un recorrido por su obra?, una muestra antológica que exhibe los trabajos más destacados y provocativos del singular artista.

París, Marzo de 1962: Alberto Greco realizaba la primera de un conjunto de acciones llamadas ?Vivo-Dito?, en la cual firmó y encerró en un círculo hecho con una tiza blanca al escultor Alberto Heredia. La salida del cuadro era evidente y, con ello, los límites del arte cada vez se hacían más difusos, abstractos, móviles. En el Arte Vivo, evocación de una aventura con lo real, el artista señalaba con el dedo o ?dito? los acontecimientos que suceden en la calle sin manipularlos ni transformarlos. Alberto Heredia, dentro de ese círculo blanco trazado en el asfalto ennegrecido, era una auténtica obra de arte. El señalamiento de Greco anunciaba a uno de los artistas más relevantes del campo artístico local, un escultor que supo deconstruir sus condiciones de producción y reelaborarlas.

El discurso oficial de la Historia del Arte Argentino, coloca a Heredia dentro de un grupo de artistas que, en la década de los sesenta, comenzaron a repensar y poner en crisis ciertos conceptos estructurales del medio escultórico. De este modo, lograron que el medio se excediera causando consecuencias inmediatas como la pérdida de masa y volumen, la disolución de la armonía de las proporciones, el abandono de materiales nobles y su perpetuación temporal; todas secuelas que tienen su punto de partida en la nueva forma de enfrentar la práctica artística: el escultor dejó de lado el modelado y la talla para ?construir? nuevas configuraciones.

La muestra que organiza MUNTREF bajo la curaduría de Laura Buccellato, nos brinda un recorrido por la obra de Heredia; en el cual, el año de 1962, la ciudad de París y el señalamiento de Greco nos resultan vitales, siendo puntos fundacionales en su producción.

Luego de transitar formas expresionistas y explorar las construcciones geométricas, Heredia viaja a Madrid para luego decidir instalarse en París. ?Hasta ese momento ?señala el mismo artista- yo había sido un escultor tradicional?. Parece que el círculo de Greco no sólo nos señala a una legítima obra de arte sino un intersticio en la obra de Heredia. Las formas clásicas y expresionistas quedan atrás y la ligazón con las tendencias concretas y geométricas se desarman, derivando en un ?objetismo urbano?, una clara traslación hacia el objeto que pone de manifiesto una asociación natural del arte con la vida que marcará a fuego su producción.

En ese mismo año, el artista crea sus míticas ?Cajas de Camembert? que, como dice su título, se trata de cajas del famoso queso en cuyo interior contenían objetos sin transformación como hilos, pelos, huesos o muñecos. En su primera exposición en Buenos Aires, llevada acabo en la Galería Lirolay, los espectadores debían abrir las cajas para ver que contenían. El tacto se fusionaba con la vista para reconocer objetos de desecho que aludían a la frontera entre la vida y la muerte, y al encierro que clausura la libertad. ?Buscaba mi propio medio de expresión, medio íntimo, medio personal y descubría mis mundos: el sexo, la religión, la vida y la muerte. Las Cajas de Camembert comienzan en la vida y terminan en la muerte?, aclara el artista y, a partir de este hito, comienza a trabajar en una de las ideas que se perpetuará en sus posteriores obras: la concepción del cuerpo humano vulnerable, llevado a la degradación física y psíquica, enfermo, fragmentado, amenazado. Desde entonces, sus esculturas estarán construidas a partir de elementos heteróclitos como trapos, objetos encontrados en desuso, viejos muebles y muñecos de juguete, prótesis dentales; configurados en tanto crítica a la cultura de consumo, al tipo de sociedad que prepondera el efecto ante cualquier otra experiencia, articulados por medio de la ironía y el humor.

En el recorrido por su obra nos encontramos con esculturas-objetos que se construyen a partir del yeso y diversos materiales industriales y de desecho. Un topoyiyo emerge de una ?Copa Melva? y una oreja verde nos recuerda los paragüitas que adornan los tragos. Un ropero con objetos bañados en pintura plateada aluden a cierta estratificación social en un planteo narrativo crítico y con espíritu kitsch. Fotografías de los ?Niños envueltos a la Heredia? muestran al artista convertido en médico-vampiro en condiciones que rozan lo sádico. En ?Los amordazamientos?, las prótesis dentales se transforman en bocas que gritan, muerden o son silenciadas con viejos trapos. Monumentos como el de ?San Martín?, la estructura alegórica de las construcciones estatuarias de mármol y bronce se transforma en una estructura de madera sujetada con telas, en la que se entroniza el prócer. Toda la pieza está momificada a través de telas con esmalte rojo. Estas obras evidencian que, para Heredia, cualquier material sirve y, otorgándole un sentido de vida-muerte, ironía y miedo, reflexionan sobre el hombre y su acontecer.

El recorrido por su obra nos coloca frente a ese nuevo rumbo que tomó el Arte iniciada la segunda mitad del siglo XX. La concepción de Belleza, canonizada por la estética idealista, se convirtió en una ?especie de muerte?, como señaló Paul Valery; siendo suplantada, bajo cierta forma perversa y vital, por una pulsión de choque, de extrañeza y descubrimiento. Se renunció a la forma perfecta del objeto estético y la contemplación pasiva del espectador se transformó en una ?actividad participante?. El objeto, envuelto por la ambigüedad, fracturó la barrera entre la propuesta estética y la realidad extraartística; convirtiéndose en el nuevo paradigma del Arte.

Ya no como meros espectadores, sino como ?activadores?, las obras de Heredia nos brindan la posibilidad de entablar una reflexión interrogativa con la materia, sin pretender una significación concluyente ni axiomas de carácter exclusivamente artístico-estético. El objeto dejó de ser lo único importante para funcionar ?si se me permite este verbo- como caja de resonancia donde lo verdaderamente placentero del Arte es nuestra actividad reflexiva; una práctica que hace del Arte una materia viva; como aquel círculo que Greco, en 1962, trazó alrededor de Heredia en las calles de París, que señalaba las obras ?fuera de catálogo?, una rendija que nos enseña a ver nuevamente las cosas y situaciones en su lugar.

Hasta el 22 de septiembre en MUNTREF / Universidad de Tres de Febrero.
Valentín Gómez 4838 – Caseros
Lun. a Sáb. de 11 a 20 hs.
Entrada libre y gratuita

Publicado en Leedor el 17-08-2009