Una juguetería filosófica

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Una joyita bibiográfica que traza un arco de relaciones entre los aparatos previos al cine primitivo y el arte digitalUna juguetería filosófica. Cine, cronofotografía y arte digital
David Oubiña
Manantial
2009
159 pp

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La contundencia y relevancia del libro “Una juguetería filosófica. Cine, cronofotografía y arte digital” de David Oubiña, doctorado recientemente en Artes en la Universidad de Buenos Aires, y que acaba de editar Manantial, no reside solamente en la categoría de sus frases (“Describir la percepción es sospechar de lo que se percibe”, “El video le permite al cine avanzar por el camino de la fotografia”), cuando muchos textos se desangran en un florido academicismo de citas y más citas.

Tampoco su relevancia se debe a su conclusa cadena de conocimientos que despliega incluido lo literario, lo pictórico, lo filosófico, lo cinematográfico o la producción artística contemporánea.

Sino que es el mapa de relaciones el que hace que todo aquello, conceptos categóricos, conocimientos vinculados encuentren un punto de unión, por momentos invisible, pero que de alguna se hace maravilloso tanto como los objetos que pone en el centro de su libro

Esos dos momentos, irrefrenablemente separados por un abismo temporal que une este libro son, el primero, el que bajo el signo de lo primitivo se aborda a través de dedicada síntesis y clara posición de clasificación, piensa la aparición de toda una ?juguetería? óptica previa al cine: (fenakitiscopios, zootropos, praxinoscopios, cronofotografía, el fusil fotográfico) como una preocupación reflexiva alrededor del movimiento, y dos puntos de tensión clave: la búsqueda de realismo y la obsesividad cientificista.

Luego, en la otra punta, en la contemporaneidad, cuando se puede concluir, como Godard, que el siglo XX fue pensado por las películas, que el cine es un instrumento de pensamiento, que el cine no deja ver sino que enseña a ver. Y en ese mismo camino el video, con el que Godard realiza en sus Histoires du cinema, piensa al cine.

Como las puntas de una cuerda de saltar, esas dos puntas hablan una de la otra. Una accion compleja transita por debajo de las acciones simples, en la modernidad, presumida en los experimentos fotográficos de Marey o Muybridge, estalla en la obra del siglo XX, desde Duchamp a Caldini

Aquello que podría ser visto como un gusto posmoderno por los arcaísmos del cine en el uso recurrente del tiempo como tema: su exasperación en Warhol, su inagotabilidad en la duración de un plano en Kiarostami, su perversión en los documentales de Auchwitz, su problematización en Bill Viola, en realidad debería verse como la desmitificación del discurso histórico del cine a favor de una constitución de una filosofia de la imagen detenida.

Para entender las relaciones Leonardo Da Vinci-Emile Reynaud; Marey-Muybridge; Lumiere-Melies, pintura-cine; la aparición de una imaginación cinematográfica gracias a la técnica, o para pensar definitivamente que existe una función crítica del arte que es la de ser ?un tipo de representación que no refleja o reproduce el mundo sino que devuelve una imagen extraña de las cosas?

“Sobre el escritorio en el ue trabajo, un trozo de película, aprisionado entre dos vidrios, descansa como suspendido en otra dimensión Son apenas tres fotogramas. (…) Una reliquia tenue, evanescente, a punto de desaparecer. Algo que fue, que ya no es y que sin embargo está ahí. Cien años más tarde, estas imágenes inocentes han vuelto a ser inquietantes.” Oraciones de lo que Oubiña llama Coda, unas páginas antes del cuadro cronológico, es una joyita de una hoja y media; un ensayo poético que trasluce la motivación última de cualquier crítico o teórico, el verdadero amor por el cine.

Publicado en Leedor el 3-08-3009


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