Luisa (II)

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Excelente texto de Veronese en puesta renovada e inteligente.
Luisa, de Daniel Veronese dirigida por Vanina Montes e interpretada por Luciana Monasterio es un monólogo sobre el pasado, la esperanza y la espera.

Y aunque haya una sola enunciación, la obra se transforma en una reflexión dialógica que repone las voces de los otros, los que ya no están. El texto exhibe las visiones que, de Luisa, tienen sus dos seres del afecto, su madre y un antiguo amor

Luisa conversa con el recuerdo de su madre muerta y el de Agustín, aquel amor que la dejó esperando en la puerta de su casa, hace 12 años.

Como una Penélope que espera en un pliegue del tiempo, en la puesta de Vanina Montes, el uso de diminutivos como valijita, mamita, porchecito, reenvían al espectador a un pasado fuera del tiempo en que una Luisa más inocente pero decidida esperaba que Agustín pasara por ella para marcharse juntos.

La puesta de Vanina Montes tiene dos aciertos contundentes, por un lado la elección de Luciana Monasterio que en la piel de Luisa, se desenvuelve y transita todas las máscaras de lo emocional y las refleja demostrando una gran composición del ser de su personaje. Por otro lado, la puesta minimalista hasta el extremo, cuenta con un diseño de iluminación sencillo que remarca de manera permanente esos cambios de tono que reflejados en el rostro de Luisa, van dando cuenta del paso del tiempo y de cómo a través de la esperanza, la alegría y la pena, su pequeña historia de amor y soledad se desarrolla.

Asimismo, Vanina Montes no apela a objetos innecesarios ni trastos que no ameritan su presencia en escena ya que Luciana Monasterio por sí sola puede contar esta historia pequeña haciéndola grande por su ductilidad a la hora de ponerle el cuerpo a esta frágil Penélope, que es capaz de volver a destejer una vez más su saquito verde y agregarle unos toques de marrón ya que el hilado se ha puesto viejo. Como se ponen viejas las esperanzas, los anhelos y los duelos. Pero aún así, esperar es un modo de vivir.

El excelente texto de Veronese encuentra en esta puesta una renovación que demuestra una vez más que no hay pequeñas historias, sino inteligentes y talentosas maneras de contarlas.

Publicado en Leedor el 1-08-2009

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