La Bahía de San Francisco

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Dos bailarines recrean una y otra vez la famosa escena del intento de suicidio en el film Vértigo de Alfred Hitchcock.En 1958 Alfred Hitchcock realizó su famoso film Vértigo. Fue la bahía de San Francisco el escenario elegido para una de sus escenas: allí sucede que el personaje femenino simula un suicidio arrojándose al agua y el masculino -obviamente- rescata a la doncella y la deposita en el auto para evitar su muerte.

Podríamos decir que la descripción de estos hechos es lo que recuenta, una y otra vez de diferentes maneras, la obra La Bahía de San Francisco. Cuando entramos en la sala ya todo parece haber comenzado y, de entrada, sabemos que esta escena fílmica es el suelo sobre el que se construye la re-presentación. Y si, este concepto tan problemático en la escena teatral contemporánea resulta en esta obra una evidencia dada a conocer de principio a fin.

Luciana Acuña y Fabián Gandini son los intérpretes y directores de la obra. Son un hombre y una mujer que bailan y que, a través del movimiento, se proponen re-construir aquella escena hitchcockiana. Se enfrentan, se separan, sale alguno de escena, después vuelve; se observan, se dan la espalda. Ejecutan secuencias de movimiento. Desde intercambiar los papeles, hacer grabaciones de voz, decir el guión técnico, hacerlo desde el cuerpo, hasta uno hacer la acción mientras el otro lo observa y lo corrige.

Ayudados por la tecnología -ya sea un micrófono, una pantalla chica, unos cables o un amplificador de sonido- esta pareja se relaciona por y para este intento de reconstrucción de los hechos. Son, claramente, dos artistas que ensayan, en su concepción amplia de una puesta en prueba.

Lo interesante de la propuesta escénica es el proceso de montaje y la gama de ?colores? con los que pintan la escena. Hay un momento donde ella va contando lo que hay que hacer, mientras él lo interpreta para ella. Hay cambios de consigna: ?vuelve todo nueve minutos atrás pero con los ojos cerrados?. ?Terminé?. ¿Cómo sigue todo? Puede que con indicaciones de una voz en off. Es divertido para el público oír los registros de las voces de él o de ella y luego escucharlas de inmediato.

Por ejemplo, repiten y ensayan frases siguiendo lo que sería el guión técnico de la escena: ?Ella se sienta, ahora sigue él? o ?Él se sienta, ahora, sigue ella?. Y así sucesivamente. Ellos, además, realizan descripciones de todo tipo -físicas, de posición, entre otras-, cambios de vestuario en escena y pruebas de sonido.

Es llamativo que ambos utilicen como vestuario unos trajes de neopreno -como quien se dirige a bucear en medio del océano- complementado con unas zapatillas de cualquier marca de productos deportivos. Todo esto en combinación resulta visualmente muy original. A veces a oscuras, con mucha luz o con poca, según lo que vayan necesitando.

Llama la atención cierta escenografía: hay dos relojes de pared colgados. Uno mantiene todo el tiempo la hora correcta y real de la fecha, la obra transcurre durante casi una hora, digamos de 21 a 22 horas las noches de los viernes. El otro reloj, ubicado debajo del primero, es manipulado y lo utilizan, por momentos, como cronómetro de los nueve minutos que se supone dura la escena. Además de los relojes, hay tres sillas en escena que, a través de su manipulación, le dan una dinámica a la obra.

Otro elemento o recurso a destacar -como un ingrediente más a toda la situación- es el despliegue de una tela, como cualquier cortina de hogar, con ?la? imagen de la Bahía haciendo de telón de fondo. Esta imagen es una copia ampliada en tamaño de la de la escena del suicidio de la dama. Entendemos que hay un intento de que esta imagen/foto le quede fijada al espectador.

Para darle un cierre a la obra habría que poseer precisión tanto en el contenido como en la composición visual -más si hablamos de lenguaje corporal- de todo el cuadro. El estallido final coincide con esta marcación y logra su merecido aplauso final. Podemos adelantar que el componente escénico agua participa de la obra para darle el toque final a la técnica y al quehacer de la pareja protagónica.

Publicado en Leedor el 24-07-2009