Sonrisas y lágrimas

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Del director de Pan y tulipanes, se estrena este drama italiano sobre la pérdida del trabajo.
El último film de Soldini, director de Pan y Tulipanes (2000), habla del estado de crisis. Michele (Antonio Albanese) se queda sin trabajo justo cuando su mujer Elsa (Margherita Buy) está a punto de doctorarse en Historia del Arte, por lo que mantiene esta situación en secreto, con el gasto económico y emocional que esto implica. Pero a la mañana siguiente de que Elsa se recibe, le participa de la situación: sus socios lo han hecho a un lado, sus ahorros son escasos, deben dejar su casa porque no pueden pagar la hipoteca, Elsa no puede seguir trabajando gratis en una restauración que le apasiona porque debe conseguir trabajo?

¿Es la crisis económica la causante de todos los demás conflictos personales que le suceden a esta familia, o tan sólo pone de manifiesto todas esas otras crisis que tras la fachada del bienestar económico no se querían reconocer?

Esta es una película dirigida a la clase media por antonomasia: para cualquier otro espectador parecería inverosímil el colapso total del personaje de Michele a raíz de la pérdida de su trabajo. Aunque esté bien planteado lo estresante de la situación, otra persona buscaría otro trabajo y seguiría con su vida. Pero aquí se presenta como un dilema propio del hombre de clase media: la pesadilla del modelo progresista es dejar de ser jefe para pasar a engrosar las filas del proletariado. Este cambio en la ocupación, parece implicar un cambio en la esencia misma de su persona, como si el trabajo que realiza lo define a él como persona (como padre, como esposo, como ciudadano?) Si no es el proveedor de su familia, entonces no es nada. Así, el cambio en la situación financiera del matrimonio de Elsa y Michele los hace enfrentarse a su propia situación como pareja.

Esta es la premisa que sostiene el film, y es precisamente lo que hace que no todos los espectadores pueden inmediatamente vincularse con estos personajes y ese modo de pensar, y eso le quita verosimilitud a algunas situaciones. Situación curiosa que una película que habla del amor no sea universal.

El film comienza y termina con la muestra del fresco que Elsa está restaurando. Se podría pensar en él como una metáfora de lo que les sucede a los protagonistas: tras la fachada ajada por el tiempo y las inclemencias, detrás hay algo bello que merece la pena ser salvado.

Publicado en Leedor el 21-07-2009