Escuela de Berlín

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15 películas del joven cine berlinés de la última década instalan nuevas conexiones, nuevos vínculos entre el individuo y su entorno.La cuestión alemana

En la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín comenzó el 1º de Julio el ciclo La ?Escuela de Berlín?: el Joven Cine Alemán del nuevo siglo. Ciclo organizado sobre la proyección de quince largometrajes de los principales realizadores alemanes surgidos en la última década.

La ?Escuela de Berlín? como movimiento no existe, no hay manifiesto ni publicación alguna, sólo hace referencia a la expresión que utiliza la prensa para agrupar a ciertos directores cinematográficos que comparten una particular manera de realizar sus películas. Pero ¿qué es en sí lo que comparten? Una realidad, una historia. Si bien no todos estos realizadores provienen de la capital alemana y no todas sus películas están rodadas en Alemania, existe un núcleo esencial, que ronda como un fantasma sobre estas producciones: la cuestión alemana.

El marco en que surge esta generación de artistas es compleja. Tras un pasado de guerra, de escisión del país a través de un muro y su destrucción, del intento de reunificación alemana, al fenómeno de la globalización. Todos hitos históricos, pero uno de ellos destaca por su dimensión sociocultural y marca un punto de inflexión en la mentalidad de la sociedad alemana contemporánea: la caída del muro.

La historia de Alemania es una historia de fronteras. La Frontera como lugar de cruce e intercambio simbólico y cultural. La Frontera como la barrera que frena y al mismo tiempo incita la huida, la fuga. El muro se convirtió en un espejo enorme reflejando la tensión entre capitalismo y socialismo. Luego vino noviembre de 1989 y la caída el muro. Días de fiesta, de fervor, alegría y llanto. Pero nada parecía ser como se pensó. La fiesta se disipó y cada uno volvió a su lugar, con su nueva frontera, ahora invisible, que seguía separando la Nación alemana. Berlín continuaba dividida, como si los dos hemisferios del cerebro estuvieran desconectados. Sus habitantes, desconcertados, giraban en falso sin hallar el límite a una situación indefinida. El cine alemán actuará en consecuencia, su preocupación más característica será el desconcierto y la falta de respuesta ante la desaparición de las coordenadas espaciales-mentales. En búsqueda de una identidad el cine refleja una cultura germana en redefinición. Este supuesto triunfo del capitalismo genera una sensación extraña. Hay una cierta convicción de soledad en la era de las comunicaciones. Ante el avance de la globalización la idea de Nación se vuelve inabordable. La total integración dentro de la Comunidad Europea abre otras bases para plantear la cuestión de la identidad.

De ahí que en las películas los personajes intenten definirse más por sus propios deseos que por sus territorios de pertenencia. Los jóvenes realizadores alemanes buscan y encuentran una reelaboración propia del pasado de su país, pero la cuestión de la identidad no es algo que esté en el centro de sus preocupaciones. Los personajes parecen haber asumido la idea de que toda identidad se vuelve frágil, fragmentaria. Europa aparece ahora como un amplio espacio, sin fronteras. A raíz de ello el individuo pasa a ser el centro de la historia, y su identidad se ve reflejada como pertenencia a una comunidad mas que a una nacionalidad.

En este nuevo cine, neobarroco, se establece una nueva conexión entre los personajes, las relaciones casuales como elemento determinante del vínculo. La presencia del azar actúa como motor de la narración. Infinidad de caminos y opciones se abren para el individuo y su entorno.

Un cine que resignifica la vida cotidiana del mundo contemporáneo desde largas tomas, planos cerrados, silencios interrumpidos por pequeños diálogos, buenas interpretaciones y meditadas puestas en escena. Contando con narraciones muy precisas donde la limitada información que se brinda sobre los personajes y lo que les sucede provoca una atención constante por parte del espectador. Individuos que se desplazan una y otra vez por lugares indefinidos, presentando el no-lugar como premisa.

En Seguridad interior y en Yella, ambos films del director Christian Petzold, los personajes se ven en cierta medida obligados a los desplazamientos. Algo que ocurre habitualmente en las sociedad alemana tras la reunificación y que responde a un programa de disolución de lazos comunitarios. Petzold nos coloca ante un mundo donde el individuo no tiene un espacio comunitario, donde las autoridades están desdibujadas, ausentes. A su vez un panorama de aflicción, de incomunicación social, parece impulsar El bosque lácteo del director Christoph Hochhäusler. Film con un argumento que remite al cuento “Hansel y Gretel” de los hermanos Grimm, y donde lo que parece ser no es. Por otro lado, Bungalow de Ulrich Köhler tiende a registrar un oponente ausente, un capitalismo que se ha quedado sin contrarios.

Un cine donde los individuos cuestionan sus relaciones conyugales y/o familiares. Es el caso de la película Anhelo de la directora Valeska Grisebach. Ambientada en el mundo rural, la película plantea las consecuencias de la infidelidad en la vida de un personaje incapaz de afrontar sus actos. ?El deseo que lleva al caos, y de él a la expulsión del paraíso?. Cuestionar la pareja perfecta también tiene lugar en el film Todos los demás de la directora Maren Ade. Lo que no se dice, lo que no se ve, lo oculto, lo no develado. El retrato de una pareja que, ante el conflicto que genera la falta de comunicación, se oculta tras una mascara social.

Desde muchos aspectos se trata de un cine que tiende a evitar el sentimentalismo. Matthias Luthardt presenta en Pingpong a una familia encerrada en su mundo de apariencias, donde el conflicto social asoma en una atmósfera agresiva de puertas adentro. La red compleja de relaciones que existen en el seno de una familia también son retratadas en la película Vacaciones de Thomas Arslan. Personajes aislados que se ven obligados a interactuar.
Conflictos sociales, personajes alienados, oponentes ausentes, ilimitado el tiempo y el espacio, incomunicación, máscaras que ocultan palabras y deseos. Todo reflejado en encuadres precisos de imágenes puras, de gran calidad formal. Ningún detalle es superfluo.

El azar esta reservado sólo para los personajes no para los directores. Expertos realizadores de un cine representativo de la cuestión alemana.

Publicado en Leedor el 13-07-2009