Fotoperiodismo argentino

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En su vigésima entrega, la exposición que la Asociación de Reporteros Gráficos de la Argentina presenta en el Palais de Glace, ofrece más de 400 obras de fotógrafos argentinos. Un recorrido para todos los gustos y emociones. Un hombre y una mujer caminan en traje de baño por las playas del balneario “El pájaro”, de la de ciudad de Pinamar, en la costa argentina. Se los ve entretenidos, hablando, en medio de una multitud de gente tomando sol, jugando, bañándose en el mar. A unos metros, desapercibido, un reportero gráfico apoya su dedo en el obturador de la cámara fotográfica y dispara. Y con eso firma su absurda sentencia de muerte.

El 25 de enero de 1997, José Luis Cabezas, fotógrafo de la editorial Perfil, aparecía asesinado en una cava de General Madariaga, días después de que aquella fotografía que le tomara al empresario telepostal Alfredo Yabrán y a su esposa en la playa, se publicara en la revista Noticias dando a conocer, finalmente, el rostro de quien estaba siendo acusado de corrupción.

La noticia espantó al mundo. Y la fotografía con la cara de José Luis Cabezas, extraída de su carnet de reportero gráfico, se transformó en un ícono -quizás el más significativo en nuestro país- para la libertad de expresión.

Libertad de expresión. Frase leitmotiv de todo periodista, y estandarte de cada una de las más de 400 fotos que se exhiben en la XXª Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino, organizada por la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina ?ARGRA-, en el primer piso del Palais de Glace.

Seleccionadas de entre casi 2000 imágenes del 2008 enviadas por reporteros gráficos de todo el país, las fotografías expuestas abarcan un amplio panorama de los sucesos políticos, sociales, deportivos, culturales y farandulescos, no sólo de la Argentina sino también ?y muy especialmente- de otros países latinoamericanos, incluso africanos, o de cualquier región del planeta que se precie de ser un imán para el periodismo por su violencia o la escases de derechos humanos.

Si bien una de las salas reúne aquellas fotografías consideradas emblemáticas, entre las que se cuentan, por ejemplo, las tomadas por José Luis Cabezas, Juan José Bruzza (atentado a la Embajada de Israel el 17 de marzo de 1992), Rafael Wollmann (el desembarco en Malvinas, 2 de abril de 1982), cada una de las fotografías presentadas en la muestra, nos lleva fácilmente a comprender los hechos que la motivaron. Es decir, escapan al marcado estereotipo mediático redundante en clichés, por más que los medios gráficos -y no un museo o galería de arte- hayan sido, quizás, su primer destino.

Es entonces cuando se puede ver la cara de Mirtha Legrand, por nombrar una de tantas personalidades retratadas, en un gesto poco publicable para cualquier revista de farándula, pero sumamente rico en expresión. ?Los medios siempre pretenden lugares comunes. Nunca un detalle. A veces lo que se publica da vergüenza?-se le escucha decir al autor de la fotografía, Carlos Bigo. Pero también se puede ver a Alfredo De Angeli desalojado de la ruta 14 por un grupo de gendarmes; a los piqueteros en plena acción de corte; a la familia presidencial en múltiples facetas; a los políticos, al campo, a los actores, a los cantantes, a los futbolistas?..a Diego Armando Maradona emergiendo de los torsos de enormes patovicas; a Diego de una u otra forma.

Y también están los desconocidos. Aquellos que se destacan por labores arduas, como la de Francisca, partera rural guatemalteca; o aquellos que ven marcadas sus vidas por la violencia y el dolor a causa de la mala suerte, o de los malos gobiernos, o de la no menos mala sociedad. Como el rostro de un pequeño niño de Kenia que en nuestras más tontas ilusiones quisiéramos ver llorar porque se le cayó un dulce o se le voló el globo y no por el drama que le toca vivir? y que nosotros observamos atentos, ostentando la ventaja de la distancia e impregnándonos apenas con ese dolor ajeno que conviene sentir para no ignorar.

?Algo se vuelve real ?para los que están en otros lugares siguiéndolo como ?noticia?- al ser fotografiado (?) En una era de sobrecarga informativa, la fotografía ofrece un modo expedito de comprender algo y un medio compacto de memorizarlo?- dice Susan Sontag, en ?Ante el dolor de los demás?, y algo de eso sucede con mayor intensidad cuando esas fotos se presentan colgando, enmarcadas, y en un tamaño importante, de las paredes de un edificio perteneciente a la Institución Arte.

Y si es arte, sobreviene la pregunta por el autor: ?No hay fotografía sin autor. No hay facilidad técnica, inmediatez ni oportunidad que no requiera la presencia humana, y esa humanidad y ese profesionalismo es lo que guía el resto, lo domina y de allí obtiene testimonio, sensibilidad y belleza?- dice a la manera de manifiesto un escrito de la comisión directiva de Argra, que en esta vigésima edición de la muestra sigue con su constante lucha por hacer valer los derechos que protegen la obra del reportero gráfico.

En este tema, la misma Sontag es clara en su posición: ?Siempre que las fotografías de temas más solemnes o desgarradores sean arte ?y en eso se convierten cuando cuelgan de las paredes, a pesar de cuánto se diga en contra- comparten el mismo destino de todo arte colgado de paredes o apoyado en el piso de exhibición en los espacios públicos?. De ahí la importancia de que cada publicación fotográfica lleve el crédito de su autor, de aquel que quizás esquivó piedrazos, golpes, agresiones de todo tipo.

El fotógrafo, está ?a través de esta exposición- reclamando equiparar su obra al resto de las artes y busca un reconocimiento formal a los convenios internacionales que Argentina ha firmado con posterioridad a la ley 11.723, dictada en 1933, y que otorga sólo 20 años de protección patrimonial, luego de la muerte de su autor, en lugar de los 70 años comprendidos para obras científicas, literarias o plásticas.

Sin duda hay cosas que conviene revisar y estudiar en este punto. Mientras tanto, un recorrido por la muestra de fotoperiodismo argentino nos provee mucho más que un análisis acerca de lo que es la fotografía y de cómo tratarla. Nos regala una visión de todo aquello que como sociedad nos sacudió a lo largo de nuestra historia. Ahí están, sin ?retoques? digitales ni censuras editoriales, ni de ningún tipo, las visiones de aquel que estuvo allí en el momento preciso e irrepetible de ese hecho único y efímero. De ese hecho real o al menos dotado de realidad por la misma fotografía.

Si está fotografiado sucedió. Y con esa premisa (la misma con la que la muestra nació en 1981 cuando era un lujo que nos estaba negado), la de defender el derecho a la expresión y a la información de lo sucedido, es que podemos pararnos frente a esas realidades inmortalizadas y juguetear con nuestra sensaciones. Reírnos, horrorizarnos, burlarnos, dolernos e incluso, además, pensar que también aquí, como en otras partes del mundo, la cámara se levantó como arma de autodefensa? y fue así que el obturador se enfrentó al gatillo. Y es así que hoy se mantiene, porque sigue habiendo mucho que decir y enfrentar.

Hasta el 26 de julio en el Palais de Glace
Posadas 1725
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Martes a viernes de 12 a 20 hs.
Sábado, domingos y feriados, de 10 a 20 hs.
Lunes, cerrado.
Entrada libre y gratuita.

Publicado en Leedor el 1-07-2009