Desnudos sudamericanos

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En el Palais de Glace, la nueva exposición de fotografías de Marcos Zimmermann, tiene por protagonistas los desnudos de hombres sudamericanos. Un ensayo acerca de la vida en esta parte del mundo.
En el Palais de Glace, la nueva exposición de fotografías de Marcos Zimmermann, tiene por protagonistas los desnudos de hombres sudamericanos. Un ensayo acerca de la vida en esta parte del mundo.

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Desde tiempos tan remotos, como aquellos en los que Adán y Eva fueron desterrados del Paraíso, el cuerpo desnudo es provocación. Provoca, de manera inevitable, siempre algo provoca. Y eso sucede porque muestra. Pero no sólo muestra la genitalidad, oculta en mayor o menor medida por siglos de cultura y diversas necesidades de protección, sino que desnuda también lo que somos. Lo que son los protagonistas del desnudo; lo que son aquellos que los miran. Un Ser en su esencia más profunda. Un cuerpo en el que se imprimen el paso del tiempo, las penurias y alegrías atravesadas. En los que la marca de la tierra en la que habitan casi se tatúa en ellos. Tatuajes que repelen al espectador o le producen empatía, pero que de ninguna manera son indiferentes. Se plantean como huellas de cada vivencia que pueden verse y seguirse, recorrerse. Un planteo tal como el que propone Marcos Zimmermann en sus ?Desnudos sudamericanos?; un ensayo fotográfico que se exhibe en la planta baja del Palais de Glacé y que invita a saciar esa especie de vouyerismo, siempre indiscreto, pero esta vez con permiso, de husmear en la vida de los otros. En la desnudez de los otros.

Pero esos ?otros? no son tan ajenos. Son sudamericanos?y además son hombres; sólo hombres: el género menos desnudado en la historia del arte. Ingredientes que suman potencia a la muestra, la destacan y a la vez la acercan a nuestra vida cotidiana. Son hombres verdaderos, personas que no viven de mostrarse, que no ostentan cuerpos preparados para tal ocasión. ?Fueron sorprendidos en sus propios mundos?-dice el artista. ?Privados de todo aquello que los cubre y rodeados de lo poco que los cobija. Pero, al fin y al cabo, ¿no es esta doble crudeza del retrato acorde a una región de historia tan ardua como la sudamericana??- se pregunta.

Las fotografías, tomadas en siete países diferentes del cono sur de América, son en blanco y negro. Característica que acentúa cierto dramatismo de la escena. Esas caras, orgullosas -algunas- de su herencia latinoamericana; curtidas ?otras- por el trabajo de años, las desilusiones, la falta de esperanza y la desidia, tan propias de nuestra tierra, miran de frente a la cámara la gran mayoría de las veces sin sonreír. ¿Por qué hacerlo? Está el cuerpo desnudo a la vista y con él ?su historia, sus temores, sus anhelos, y en el paisaje que aparece detrás, la otra mitad de sus vidas?-como asegura Zimmerman. Demasiada exposición para sonreír.

Y es así como aparecen malabaristas, changadores, músicos, gauchos, jornaleros, albañiles, militares, y todo un despliegue de trabajos y profesiones que se notan por sus detalles más elementales y que proveen el studium al espectador. Aquello que Roland Barthes en ?La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía?, describe como ese interés general en algo o en alguien, sin duda afanoso, pero sin una ?agudeza especial?.

Se puede ver entonces al militar paraguayo subido a una pequeña tarima desde la que nos mira con expresión rectora, vestido sólo con su gorra, su chaqueta, sus medias y sus zapatos. Si el título no fuera ?Militar? igual sabríamos que el personaje lo es. El ?studium? es claro. Pero el ?punctum? que Barthes identifica como el ?pinchazo, el agujerito, esa pequeña mancha, pequeño corte, y también la casualidad?, ese azar que despunta en la foto, que también lastima y punza, está quizás dado por esa tarima deslucida de la que cuelga una soga rota.

En otras imágenes, como el color no distrae, hay luces y sombras que se encargan no sólo de proporcionar un equilibrio formal, sino de hacernos ver más allá de lo que se ve o de detenernos en un punctum específico. Un buen ejemplo de esto es la fotografía ?Chamán? en la que el personaje, oriundo de Perú, despliega todos los elementos de su saber o su magia delante de una especie de altar y rodeado de imágenes sacras. Pero es su sombra la que provee ese ?pinchazo?, la que quizás lo presenta como una aparición sobrenatural, imponente, casi demoníaca.

Zimmermann ha sabido captar ese punto en el que la fotografía punza sutilmente. Parece que no, pero sí, algo sucede en quien mira y no tiene que ver con la desnudez propiamente dicha. Algo seguro sucedió en quien fue fotografiado. Algo motivó a este reconocido artista argentino, autor de libros como “Patagonia, un lugar en el viento”, “Río de la Plata, río de los sueños”, “Norte Argentino, la tierra y la sangre”, “Argentina, naturaleza para el futuro?, a llevar el paisaje al cuerpo, al hombre. Algo le hizo gatillar su cámara frente a ese escenario tan vulnerable. ?Desnudos sudamericanos? puede sin duda enmarcase en lo que Barthes llama la ?fotografía subversiva?. Y no porque asuste, trastorne o estigmatice, sino porque lleva a pensar.

Hasta el 26 de julio en el Palais de Glace
Posadas 1725
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Martes a viernes de 12 a 20 hs.
sábado, domingos y feriados, de 10 a 20 hs.
Lunes, cerrado.
Entrada libre y gratuita.

Publicado en Leedor el 12-07-2009