Alejandra Fenocchio

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En los desnudos de Alejandra Fenocchio la exaltación de la interioridad se confirma siempre vigente. Re: tratos íntimos

?-Su obra es como es ella; alegre, colorida. ?Sí, tal cual.? Se escucha al pasar de boca de algunos visitantes que, en el Palais de Glace, se ha detenido en la muestra ?Re: tratos íntimos? de Alejandra Fenochio. Y unos pasos más adelante está ella, la artista, alegre, colorida, como sus obras.

Un montón de amigos la rodean, la besan, la felicitan. Los que no la conocen tanto son menos enfáticos, pero ella lo es con todo el mundo. Enfática, como sus obras.

En uno de los extremos de la sala, se ve a uno de sus modelos posando orgulloso junto a su retrato, en el que está desnudo (como a todos los retratados en esta exposición), rodeado de un collage de paquetes de comida, latas de gaseosa, marquillas de cigarrillos. Acto seguido, una nueva foto, la incluye a ella, a la artista, al modelo y a la obra. Historia que se repite con otros tantos personajes. Sin duda, el clima en la muestra es casi festivo.

Los cuerpos desnudos de María José, Sol, Luisito, Mataco, Rodolfo, Fernanda, Orge, Mabel, Amalita, Alvaro, Gustavo y otros, están pintados en acrílicos vibrantes, fuertes, con pinceladas marcadas, furiosas, vertiginosas, que contrastan con la actitud relajada de las figuras. A ellos se los ve sonrientes, tranquilos, en poses cómodas que no intentan ocultar ningún recoveco íntimo de toda su anatomía. Y así, con esa actitud, pueden estar tanto en un paraíso, casi cubiertos de flores, o en medio de un mar que parece devorarlo todo, en un desierto, en las nubes, rodeados de anfibios y reptiles, o bien sentados en un inodoro.

El trato es íntimo. Pequeños gestos, situaciones reales y otras inesperadas o fantásticas, se dan naturalmente en telas que por mayoría superan el metro y medio en sus lados. Medidas importantes que no en todos los casos se ajustan a formas geométricas regulares, sino que a veces presentan marcos inusuales como en ?Sol? donde se respeta el contorno de las flores que rodean a la figura, o como en ?Mataco? donde un trapezoide enmarca la tela adaptándose a la posición que el modelo adopta.

En otros casos hay biombos trípticos, donde personajes de burlesque posan en espacios comprimidos. En ocasiones, esos espacios son vencidos por las figuras que salen de los marcos casi cobrando vida. A veces son los detalles los que ganan tridimensión: plumas en la cabeza de una de las prostitutas de ?Biombo de quilombo?; pimientos de plástico decorando todo el marco (que es también obra) en ?Gustavo?; ranas, sapos, serpientes y lagartijas de plástico en ?María José? y los envases de alimentos de ?Orge comida?.

Hay, en todos los cuadros, cierta alegría y serenidad contagiosa. Son para ver y dejar que nos provoquen. Pero es gracias al protagonismo que la artista ha querido darle a sus modelos, incluso titulando las obras con sus nombres, que surge la pregunta acerca de quién es ese personaje destacado por Fenochio, y por qué lo está mostrando en esa determinada escena de su intimidad, fantástica o real, aunque seguro verdadera.

La respuesta está ahí mismo, en la obra. Porque la verdad puede también ser fantástica en ese interior que Fenochio ve, atraviesa y pinta en un expresionismo bien actual. En esa exaltación de la subjetividad, de lo interior, de lo íntimo, que se traduce en esas pinceladas aceleradas, en esos arabescos, y en los gestos y posiciones de los que han sido ?re: tratados? íntimamente.

Ella los descubre, los desenmascara y los transforma en grandes expresiones de una realidad vibrante. Quizás tan vibrante como ella.

Hasta el 26 de julio en el Palais de Glace
Posadas 1725
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Martes a viernes de 12 a 20 hs.
Sábado, domingos y feriados, de 10 a 20 hs.
Lunes, cerrado.
Entrada libre y gratuita.

Publicado en Leedor el 8-07-2009