Lorca, un poeta de tierra

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Un rato flamenco en Noavestruz con la poesia eterna de Federico García LorcaUn artista de su época.

Hablar de Federico García Lorca nos hace pensar en poesía, en la Guerra Civil Española, en el territorio andaluz, entre otras cosas. Así, en el espectáculo teatral Lorca, un poeta de tierra se nos representa, a modo de aparición, aquel ?mundo? que este poeta español concibió a lo largo de su corta vida.

Ahora Lorca es traído -una vez más este artista es motivo de proyectos artísticos- al circuito teatral porteño por la artista Julieta Cancelli que presenta esta obra en el Espacio Noavestruz ubicado en Palermo Hollywood.

La escena se compone acertadamente en una ambientación que invita a la intimidad y al desarrollo de nuestros sentidos. Como una flor que brota, se nos presenta un pequeño recorrido ?la obra refiere a algunos de los textos del autor- estructurado en sucesivas situaciones que llevan al hilo dramático en cuestión. Los apartados están compuestos en su estructura común por bailes y cantos flamencos que son interpretados por Julieta, actriz y bailarina. A esta presencia femenina la acompañan tres músicos: uno en guitarra otro con los vientos y la percusión, y por último el indispensable cajón flamenco. Los intérpretes se ubican en una de las esquinas en dirección al público; los instrumentos que utilizan van desde lo africano, pasando por el sicus y la quena hasta los tientos y la farruca.A lo largo del rato ?aflamencado? que nos hacen pasar, gratamente estos artistas, nos resuenan palabras como Guadalquivir, Granada y La Alhambra y podemos empezar a degustar ese ritmo y sangre que llevan puestas. A veces son relatos y otras simples expresiones de justicia haciendo reclamos, ahogando penas de amor en sus cartas o haciendo pedidos de justicia o humanidad.

Son precisamente los bailes flamencos que hilvanan la narración los que, junto con el acompañamiento musical, captan nuestra atención para estremecernos con un cuerpo en movimiento.

La dramaturgia y la interpretación logran florecer con la sola presencia de dos objetos: un velón y una silla.

A parte del característico tablao que conforma un óvalo y que pisa fuerte en la escena, la presencia de la flor roja sostenida en el cabello de la intérprete también trabaja rememorando el ?universo lorquiano?. Por último, hay una frase que podría sintetizar la propuesta y queda resonando en nuestros oídos: ?Los laberintos que crea el tiempo se desvanecerán en un ondulado desierto?.

Publicado en Leedor el 30-06-2009

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