Córcega

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No hay en el Mar Mediterraneo otra isla tan verde como Córcega… parece mentira pero estuvimos ahi.Córcega: Desde Ajaccio hacia el Golfo de Porto

La isla de Córcega, tercera gran isla del Mediterráneo occidental, después de Sicilia y Cerdeña es llamada “Isla Continente”, “La montaña en el mar” e “Isla de la Belleza”.

No hay en ese mar, otra isla tan verde como Córcega, verdes son los pastos del verano y los viñedos en primavera, son verdes los perfumados campos de maquís con las hierbas más diversas para realzar el sabor de las comidas. Verdes son los estanques y los lagos de las montañas.

La generosa geografía corsa nos halaga también con sus rojos corales, con un paisaje único de naturales esculturas graníticas, nos deslumbra con sus dos mil especies vegetales y más de 100 especies de aves acuáticas.

La UNESCO ha dado su más alta calificación a cuatro lugares de Córcega: Los golfos de Porto y Girolata; las calanchas de Piana y la reserva de Scándola.Córcega fue habitada desde hace más de 7000 años por un pueblo que protagonizó una cultura superior, con respecto a otros grupos que habitaron y se desarrollaron en otras zonas, en un mismo tiempo.Por su situación estratégica fue tierra de invasores. A ella llegaron griegos y fenicios. Conquistada por los romanos, pasó luego a poder de vándalos y bizantinos.Integró el vasto Imperio de Carlomagno y más tarde de pisanos, genoveses y de los Reyes de Aragón. El dominio genovés fue el más prolongado y sombrío, los numerosos levantamientos que se produjeron fueron ahogados en sangre. En esos tiempos turbulentos amenazaron la isla los sarracenos por lo cual se construyó un cinturón defensivo junto a todo el litoral. Son las llamadas torres genovesas que se integraron al paisaje de la isla y también a su historia. La conciencia nacional comenzó bajo el yugo italiano.

En 1755 Pascuale Paoli, elegido por patriotas corsos, general de la isla, instituyó una República y tomó como emblema la cabeza del moro. En 1768 los genoveses vendieron Córcega a Francia.

Con este marco histórico y geográfico te proponemos un recorrido con inicio en Ajaccio, capital de Córcega y cuna de Napoleón Bonaparte.Ajaccio está situada sobre uno de los golfos más bellos del mundo, de aguas intensamente azules con un fondo de montañas.Bordea la costa norte del golfo la Route de Sanguinaires. Se presentan pequeñas playas que enfrentan la inmensidad del mar y por el lado opuesto la cornisa ajacciana con barrios residenciales. Al pie de la cornisa, un típico cementerio con bóvedas de techos de tejas a dos aguas, en privilegiado emplazamiento. Al final de la ruta, las islas Sanguinaires, pequeñas, dispersas, oscuras, con paisajes que sólo se descubren al acercarnos en barcos o en largas excursiones pedestres.

En 1863 Alphonse Daudet habitó en el faro de las islas y escribió “Lettres de mon moulin”. De ellas hace esta descripción:”Imaginemos una isla de aspecto salvaje, el faro en una punta, en la otra una vieja torre genovesa y una aguja. Abajo, al borde del agua, un lazareto en ruinas invadido por hierbas, después grietas, maquis, grandes rocas, algunas colinas salvajes, pequeños caballos corsos brincando con las crines al viento, en fin allá a lo alto, un torbellino de aves marinas y la casa del faro con su plataforma de albañilería blanca”.

El nombre de “Islas sanguinarias” parece proceder de la sangre negra de los enfermos de lepra pero a su vez se afirma que quienes padecían este mal, no podían entrar en la isla. Luego hallándose a la entrada del golfo de Sargon, un posible origen del nombre sería una derivación del termino Sargonarii.La Catedral de Ajaccio presenta una fachada de estilo Renacimiento En su interior hay una hermosa escultura de la Virgen realizada en plata y el altar mayor fue donado por Elisa Bacciochi, hermana de Napoleón.

Aquí fue bautizado Bonaparte y en una pilastra se observa esta leyenda:”Si proscriben de París mi cadáver como han proscripto mi persona, yo deseo que se haga mi inhumación cerca de mis ancestros, en la Catedral de Ajaccio, en Córcega”.

Calles monumentos y museos recuerdan al hijo dilecto de la ciudad, a la cual dio carácter imperial. La Plaza Mariscal Foch, antes Plaza de las Palmeras es el salón abierto de los ajaccianos y allí se levanta la estatua de mármol blanco, realizada por el escultor corso Magliol, que recuerda a Bonaparte 1er cónsul.La Plaza General De Gaulle es un vasto espacio que une los barrios antiguos con el borde de la Ruta Sanguinaria. Es la antigua plaza del Diamante, prolongada por una terraza que ofrece una espléndida vista del golfo.

En el centro de la plaza se erige el monumento de Napoleón emperador con sus cuatro hermanos José, Jerónimo, Luciano y Luis. La obra fue realizada en bronce por Violette Le Duc.

El Museo Fesch tiene exposiciones temporarias y una importante colección de pintores italianos de los siglos XIV y XVI. Posee también obras de las escuelas francesa, española y holandesa. Las telas fueron donadas a la ciudad por el cardenal Fesch, arzobispo de Lyon y tío materno de Napoleón Bonaparte.

El Hotel de Ville ocupa un costado de la Plaza Mariscal Foch y allí se encuentra el Museo Napoleónico.Camino a Porto se encuentra la ciudad de Cargèse, de origen griego. Goza de una bahía donde sus aguas azules transforman su color por el verde y próximo follaje que en ella se reflejan. Un anfiteatro de acantilados rojos cierra el paisaje.

La Semana Santa en Cargèse centra su actividad litúrgica en su antigua iglesia griega, decorada con bellos íconos.Piana es apenas un burgo que en verano concentra una nutrida población visitante que goza del golfo de Porto. Sus casas, algunas blancas, otras de piedras amarillas están protegidas por un bosque de eucaliptos un campo de cactus que se ajustan al suave clima marino.

Una antigua iglesia y su campanario se asocian a la sencillez de Piana tal vez para acentuar más la belleza del litoral bordado de acantilados de granito rojo. Un camino estrecho ofrece un paisaje de naturales esculturas graníticas y aspecto fantástico, son exclusivas de la costa occidental de Córcega, se llaman calanchas y están próximas a Piana.Estas rocas corsas constituyen un paraíso para los especialistas en geología y un regalo para los ojos y la imaginación del viajero.

De Ajaccio a Piana se realiza un corto trayecto por la isla de Córcega con singular naturaleza y nutrida historia de invasiones y de luchas. Cuna de un emperador que soñó con el dominio universal y un pueblo que no ceja en sus intentos por lograr su autonomía.

Córcega y Francia han logrado en 1998 avances importantes en sus negociaciones para tal vez en un tiempo próximo consagrar ese ideal largamente acariciado por los habitantes de la isla.

Nota relacionada: Córcega, II parte

Nota publicado el 6-07-2009