Destructivo Arte

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En el Borges, una muestra provocativa y desafiante que genera desagrado, perplejidad, desconcierto, vértigo… y más..Destructivo Arte

En noviembre de 1961 se lleva a cabo, en la galería Lirolay, la muestra ?Arte Destructivo?. Keneth Kemble, Jorge Roiger, Olga López, Jorge López Anaya, Antonio Seguí, Silvia Torras, Enrique Barilari y Luis Wells presentan sus trabajos en una exhibición que postula, desde la distancia histórica que nos asiste, el gesto colectivo, insólito e inesperado de la ruptura artística radical que presidirá el espíritu de la década de los sesenta. Uno de los sueños más intensos de la cultura artística parecía poder materializarse gracias a la penetración y ruptura de los límites de lo establecido y la práctica estratégica y consciente de la violencia y la destrucción como elementos estéticos.

En estos días, ?Arte Destructivo? se convierte en ?Destructivo Arte?, muestra que presenta el Ciclo Curadores del Centro Cultural Borges. Esta exhibición no funciona como un mero homenaje a aquella emblemática muestra de artistas vinculados al Informalismo en la Argentina, sino como una puesta en cuestión del concepto de destrucción en el arte a través de un ?diálogo visual? desplegado por obras de artistas contemporáneos.

La idea de destrucción y el concepto hegemónico del Arte se fusionan, de modo orgánico, en ambos hitos del campo artístico argentino. Sin embargo, no podemos negar que el tiempo ha pasado y las cosas se han modificado. A 48 años de la muestra ?Arte Destructivo?, el paradigma ya no es el mismo; las constelaciones de ideas, creencias y valores compartidos socialmente han sido trastocados, originando la posibilidad de una relectura del pasado.

Y, en este contexto, el objetivo de la muestra ?Destructivo Arte?, curada por Carlos Herrera, es muy claro: provocar un proceso de relectura, entretejiendo activamente el presente y el pasado de las leyes de destrucción, intrínsecamente ligadas al acto de creación artística. Para repensar la idea de destrucción, como indisoluble mecanismo asociado a la creación humana, se convocó a un grupo de artistas contemporáneos de los cuales, la mayoría hizo proyectos de actos destructivos fundamentalmente para esta muestra. Al contrario que en ?Arte Destructivo?, el carácter colectivo ya no existe y las obras responden a la búsqueda estética individual de cada artista y de su particular modo de concretar la destrucción como creación.

En una misteriosa atmósfera en la cual los procesos de trabajo y los materiales en desuso se fusionan con el acto destructivo, nos enfrentamos a la reproducción de un baño, construido por mosaicos de juguetes plásticos derretidos y radiografías del cuerpo humano; una instalación con estatuas de yeso desgarradas sobre pedestales de espejos y acompañadas por imágenes mediáticas y postales; un muro cargado de viejos íconos populares; y una sobrecargada habitación de hotel que aloja posibles actividades amorosas, que no escapan al erotismo de la imaginación. Toda la disposición está diagramada a través de una red donde el orden es caos y viceversa; extraña y compleja captación del espacio que escapa y cuestiona el clima que habitualmente tiene la sala del Borges. Se trata de un lugar oscuro e íntimo que es acompañado por el sonido de un viejo piano donde un músico imaginario toca repetitivamente un tema de Scott Joplin. En ciertos momentos, nuestra estadía en la sala se nos vuelve sobrecargada e impuesta; la duda se convierte en el placer de la experiencia y lo violento y militante de las obras se torna irónico y vivaz.

La entrada de la sala está flanqueada por ese piano, obra del colectivo de artistas Rosa Chancho, en el que las teclas se mueven solas, produciendo un acto artificial y nervioso que impregna el ambiente de la sala persistiendo en la repetición de la partitura del ?El gran simulador?; melodía que nos acompañará, de modo inmutable y agobiante, en todo nuestro recorrido.

Rafael González Moreno y Lobo Velar aglutinan materiales que logran componer la estructura básica de un baño; una extraña simulación donde el orden de lo material y los objetos de uso cotidiano, dejan en evidencia aquello que no se ve: las huellas que ha dejado la interioridad vivida en ese sitio, rebasando los objetos. La instalación ?Welcome to Miami? de Daniela Luna hace de centro neurálgico y, cargada de tensiones eróticas, dispone un colchón doble, maletas y una serie de objetos que insinúan un encuentro y la posterior separación amorosa en el cuarto de un hotel, apuntando directamente a nuestros sentidos. De la destrucción de objetos se pasa a la destrucción de íconos del mundo artístico en el video ?Crudo Carrie, the power of the man? de Mauro Guzmán. La alteración que provoca el artista, irreverente y desfachatada, no pide permiso ni mide consecuencias, conjugándose en una suerte de escenografía compuesta por una escalera, paraguas y pelucas de baja calidad que caracterizan la mirada personal del artista sobre el ?mundillo del arte?.

Gastón Pérsico, según él mismo señala, ?propone una lectura transversal de ciertos aportes estéticos vinculados al capitalismo tardío?; bajo cierto halo de sensibilidad kitsch, incorpora reproducciones de esculturas rotas, imágenes de revistas, postales y otros materiales industriales. Arriba de un pedestal, un maniquí masculino y un fragmento de ?Los cantos de Maldoror? como portada de diario, nos dejan ver a Aquel que no sabe llorar… ?la expresión de una revelación total que parece exceder las posibilidades humanas? que vió Breton en los poemas del Conde de Lautréamont.

Un mundo poético y heroico es el que crean las tablas aerografiadas de Adrián Villar Rojas. ?Lo que el fuego me trajo? presenta maderas quemadas y corroídas por la fuerza ritual y transformadora del fuego con un dibujo que parece narrar la historia fantástica de algún personaje admirable. En todas las instalaciones, entendiendo la sala como environment que nos vincula con las obras, lo matérico es minado por las leyes de la destrucción, que corroen y socavan, haciendo surgir la belleza. Hay un claro lazo entre la destrucción y la idea de violencia, de repugnancia por el objeto, de protesta y anarquismo de la forma que hace que el acto de creación tenga un sentido estético único, evitando toda posibilidad de exterminio. La destrucción, accionada por la mano del artista, nos enfrenta a una nueva realidad donde el objeto está vaciado y cargado de un sentido que antes no poseía, completamente nuevo que induce, en ciertos casos, al extrañamiento. Como señala Aldo Pellegrini, ?la destrucción depurada por el artista (…) nos revelará inéditos mecanismos de belleza, oponiéndose así su destrucción a esa orgía de aniquilamiento en que está sumergido el mundo de hoy? (Fundamentos de una estética de la destrucción, 1961).

En ?Destructivo Arte?, la destrucción también es creación; proponiendo un espacio que da a conocer esos movimientos o impulsos que usualmente son ignorados y atacados por no interesarse por reglas lógicas previamente instauradas. Es una muestra provocativa y desafiante que genera sentimientos de pérdida, angustia, desagrado, alteración, perplejidad, desconcierto, vértigo, embelesamiento, asco… sentimientos que, no sólo se relacionan con el acontecer de nuestro tiempo, sino que abren paso a la experiencia artística más allá de lo visual.

Referencia:* Andrea Giunta en ?Destrucción-Creación en la vanguardia argentina del sesenta. Arte y política. Mercados y violencia?. Razón y Revolución nro. 4, otoño de 1998, reedición electrónica.

DESTRUCTIVO ARTE Artistas: Daniela Luna, Gastón Pérsico, Claudia del Río, Mauro Guzmán, Diego Melero, Roberto Conlazo, Miguel Mitlag, Alfonso Sierra, Rafael González Moreno, Lobo Velar, Sigismond de Vajay, Beatríz Vignoli, Alfio Demestre, Raúl Flores, Rosa Chancho, Adrián Villar Rojas, Manuel Ameztoy y Matías Duville.

Centro Cultural Borges: Viamonte y San Martín. Horarios: lunes a sábados de 10 a 21 hs., y domingos de 12 a 21 hs.
Cierre: 19 de Julio

Publicado en Leedor el 3-07-2009

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