Los tártaros del desierto

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La lectura es una manera de ser muchos en uno. La escritura no solo es un arte sino que impulsa la acción. Acompañá tus ideas con unas músicas elegidas selectamente por el profesor Alegre.Los Tártaros del Desierto

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Apenas si se los ve de lejos, en el borde. Frontera

Y de este lado el fuerte?
Dicen que tienen caballos blancos.

Eso es lo simple. Toman mate amargo y cuando alguno hace una generala servida, todos festejan emocionadamente.

No es fácil, una generala servida se da -eso dicen los Tártaros del desierto- cuando los planetas se alinean y los que duermen abrazados en esta noche pasan de 54. No en esta ciudad sino en todo el hemisferio.

Los Tártaros piensan que con solo pensar en el amor éste se presenta automáticamente. Piensan y afirman que, a veces -la mayoría de las veces-, la cosa es primero una imagen mental y luego se convierte en acción.

Hay pequeños universos en cada acción.

Eso lo saben todos los Tártaros cuando confiesan que les gustaría tocar el piano.

Pero en el desierto no prosperan los pianistas.

O cuando sopesan el valor de la belleza de febo que aparece o cuando desaparece.

Los Tártaros del desierto insisten en que la lectura es una manera de ser muchos en uno. También sostienen que la escritura no solo es un arte sino que impulsa la acción.

Les gusta eso de que al principio era el verbo.

La escritura alivia el desencanto, le pone garfios a los sueños,

Lentifica la tormenta y embellece la vida como un mate exacto: amargo, caliente y con bizcochitos de grasa a las cinco y media de esta tarde gris.

Los Tártaros sostienen que los goles son predestinados. La cuestión es que cuando se atraviesa el Leteo uno se los olvida. Pero están.

Hay que rescatarlos del olvido.
Así también los poemas.
Un grupo que está escribiendo la segunda parte del Manifiesto Antropófago dice que también ocurre con los besos y la ternura.

Los Tártaros piensan que el desierto es una ilusión.

Es más, cada uno construye el suyo: sin evidencias de los sueños, sin fotos,

Sin recuerdos, sin que ponerse en una fiesta de disfraces.

Los iletrados son un desierto. Dicen.

Pero peores son los enamorados de las estadísticas. Esos creen que la realidad es una postal que le enviaron. O sea, sus paisajes son de cartón. Están muy quietos, al borde del tiempo y su río. Les encanta la relectura y las fórmulas que le dan cierto asidero, en eso creen.

La cifra final, la homologan con el enamoramiento.

Desde otro paradigma los Tártaros del desierto no creen que todo deba ser claro y transparente. Porque, eso dicen, si te habita el mundo entonces el castillo no existe?tanta belleza requiere de ladrillos que antes fueron barro.

Hay otros recursos, la velocidad por ejemplo -eso dicen- que no te permite ver. O sea, lo contrario de un poemario. Y lo que es peor, no hay ventanas en el desierto. Tampoco calle. O sea hay que poner las cosas en su sitio.

O reubicarlas con esa creatividad y el amor que se da entre la tinta y el papel.

Entre la tensión de la cuerda y el sonido que se expande. Y llama la atención, como sucede cuando te ponés la camisa blanca (hay demasiada gente vestida de negro, dicen los Tártaros a sus hijos) y montás la bici para ver en la alta noche cómo la luna se moja cerca del puente de la Boca del Riachuelo.

Entonces los Tártaros del Desierto, o te engullen porque igual que ellos sos una fábula sin amor o, en el mejor de los casos, te piden que le vendas tu alma al cine.

Caro leedor: 2 músicas.

1. para el emepe3: Mary J. Blige, Enough Crying.
2. para compartir: Chabuca Granda, Canterurías.

Publicado en Leedor el 9-07-2009