Pina Bausch 1940-2009

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Contracultural, vanguardista, los ojos de Pina son los ojos de un cuerpo exquisito, flaco y expresivo, que sacudió los límites hasta el final.Los ojos de Pina.

Descubrí su obra al mismo tiempo que descubrí a Kantor. Ambos me llegaron siguiendo otras pistas, ni remotamente las de la academia universitaria. No sé por qué, no es muy racional, pero los uno indisolublemente. A ambos los profundicé a partir del Teatro General San Martín, de su interesante archivo, al que sin embargo se accede con mucha dificultad. Circulaban de mano en mano, en vhs de programas esporádicos que alguien alcanzaba a ver, y podía grabar, fruto del insomnio a las 4 de la mañana.

Por todo esto, tenían entonces algo de raro, de contracultural, de escoria, de cruce maldito de las artes y por lo tanto, de genuinamente artístico.

Hoy vuelvo a ver la danza en sus ojos. No en sus pies descalzos sin zapatos de punta, ni en sus dedos estirados codificando significados repetidos como clichés. Son los ojos de quien sacó a la danza de su narciso eterno y la empujó finalmente a las aguas que la reflejaban.

Son los ojos que nos dicen que danzar no es coordinar cuerpo y música, y que el ritmo puede ser muy racional pero también muy desgarrado y que así la danza puede ser la más despojada de las artes, la del cuerpo arrojado al mundo, como el de los bailarinxs del Wuppertal, desnudos y perdidos, parábola de la existencia.

Son los ojos de un cuerpo que baila a pesar de todo, entre claveles, con agua hasta las pantorrillas, hundido en el piso, desde la amenaza de la parálisis, dentro de un café y chocándose con sillas y mesas.

Son quizás los ojos de la artista más vanguardista de la contemporaneidad que nació después de la consagración de las vanguardias.

Precozmente residente, en el sentido que le damos hoy a ese término de artista itinerante que va tomando sitio y produce obra en distintas ciudades del mundo, madre de las maravillas que disfrutamos hoy en los ballets contemporáneos, los grupos de danza teatro, de video danza, de la Fura, de la Guarda, etc, etc etc, nos deja ganas de seguir viendo su cuerpo flaco y expresivo tomar por asalto el espacio, contraerse y expandirse, como una escultura que habla y se sacude los límites.

Son los ojos de un cuerpo que ha generado tantos modos exquisitos de interpretar el mundo que va a ser difícil dejar de consultarlos.

Publicado en Leedor el 2-07-2009

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