Costa Bermeja

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La Costa Bermeja no es tan famosa como la Costa Azul: recorremos sus pueblitos y ciudades todos con algun rastro de Imperio Romano.La influencia de Roma en la Costa Bermeja

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En un breve recorrido de historia y viñedos, hazañas y pródiga naturaleza, unimos Nimes con la Costa Bermeja, no tan famosa como la Costa Azul, pero como ésta se halla ubicada en el litoral mediterráneo francés y en sus recortadas bahías incluye pueblitos de pescadores.

Buscando lugares partimos de Nimes, ciudad vinculada con los emperadores Augusto, Adriano y Antonino Pío, dado que todos ellos la favorecieron para que alcanzara su apogeo en el siglo II. Carreteras y acueductos, teatros, anfiteatros, circos, termas y templos le dieron todo el progreso de la ingeniería y arquitectura monumental romanas.

El mismo Augusto mandó construir la Maison Carrée, destinada al culto imperial y cuya planta reproduce la del templo del dios Apolo en Roma. Es de estilo puro y se encuentra muy bien conservada, como el Anfiteatro, donde se celebran anualmente grandes fiestas taurinas. Una para carnaval, otra para la festividad religiosa de Pentecostés y la tercera durante la corrida de toros que con antecedentes en la isla de Creta y tan estimada en España y en Francia, tiene características propias y diferentes.: un espectáculo incruento, el toro no es lastimado ni sacrificado. El torero en su provocativa danza ante el animal, demuestra habilidad y coraje, al quitarle una escarapela que lleva atada a sus cuernos.

De la época imperial datan en Nimes las termas, alimentadas por un gigantesco acueducto.

El neoclasicismo surgido en el continente en el siglo XVIII, deja en Nimes el monumental jardín de La Fontaine obra de un ingeniero militar. Le da el nombre al parque la fuente de Nemansus que es una resurgencia del agua de lluvia. Recientes excavaciones recuperaron parte del santuario de Diana, que demuestra que en la antigüedad hubo un barrio sagrado en este original “Jardín de la Fontaine”.

En la Camargue, las salinas, las dunas, los estanques y las tierras de cultivo conforma una naturaleza salvaje con paisaje caprichoso. La región seduce por sus contrastes, sus perfumes y la gran cantidad de pájaros. La geografía de la Camargue no sufre grandes variaciones en Aigues Mortes, paraje de salinas y pantanos. La ciudad, con sus fortificaciones medievales nos revela un origen muy singular. En 1240 el rey San Luis compró las tierras, casi insulares de un priorato, pues necesitaba un puerto de partida de sus naves para realizar intercambios comerciales en el Mar Mediterráneo. Comercio impedido, hasta ese entonces, por no contar el reino de Francia con puerto propio y no era posible que su flota partiera desde un puerto vasallo.

Dueño de Aigues Mortes, el rey San Luis le fue otorgando concesiones hasta convertirla en una ciudad que posteriormente fue amurallada. Desde allí partió el monarca para la séptima cruzada. Una escultura recuerda el suceso y para la festividad del santo, la población retorna al histórico acontecimiento a través de una fantasía. El pueblo ataviado con ropas medievales despide a la nave real, en medio de la luz de los fuegos artificiales sumando a un sentimiento de fe, de la Francia de otrora. Dos sucesos señalan la decadencia y luego caída del puerto de Aigues Mortes: la incorporación a Francia de la ciudad de Marsella en 1481 y siglos después la creación del puerto de Sète.

Hoy, Aigues Mortes nos muestra con su paisaje creado por el viento y el mar un recuerdo histórico y un centro comercial de artesanías y artículos diversos junto a la romántica escultura del rey San Luis.
Y en la Costa Bermeja nos detenemos en Narbona ciudad de pueblos invasores, algunos de breve permanencia otros de asentamiento prolongado hasta que el emperador Carlomagno la anexó como gran feudo de Francia.

La industria y el comercio cimentaron su riqueza, fruto del trabajo de numerosa población judía y tras la expulsión de ésta se inició la decadencia.

Hoy Narbona se muestra como una ciudad antigua, apacible y burguesa. Es como tantas otras ciudades de Francia, exponente del federalismo cultural de país. En respuesta a ello se levanta la Catedral de San Justo y San Castor. Monumento gótico de los siglos XIII y XIV exponente del apogeo de su estilo. Sus dimensiones son majestuosas. La obra no se ha concluido pero es admirable la sillería de su coro y el altar mayor, sostenido por seis imponentes columnas corintias de mármol, apoyo de los grandiosos baldaquinos. El tesoro de la Catedral se enriquece con los admirables tejidos de Flandes, realizados con sedas de hilos de oro.

Collioure, en el extremo sur de Francia, en abrigada bahía, muestra su ambiente de luz y color capaz de inspirar a los pintores del siglo XX. Derain, Braque, Matisse y también Picasso llevaron el exclusivo paisaje del lugar el díscolo movimiento llamado Fauvismo. Pendientes abruptas con cultivos de viñedos que provocan el amor y el coraje del os viñateros fieles a sus vidas en terreno siempre hostil.

La región fue sucesivo destino de fenicios griegos y romanos. Todos ellos aportaron riquezas arqueológicas y fue también paso de las Cruzadas religiosas que la atravesaron en el siglo XIII.

A partir de esta centuria se establecieron los Reyes de Mallorca cuyo castillo es pieza maestra dentro de la arquitectura defensiva. Españoles y franceses fueron sus sucesivos ocupantes.
Fue en Collioure donde tras una breve permanencia el escritor español Antonio Machado dejó de existir. La fundación que lleva su nombre organiza cada año en esta ciudad y en el mes de febrero un concurso internacional de poemas.

Banyuls es otro pueblito de vacaciones en una escondida bahía de la costa Bermeja. Productor del exclusivo vino que lleva el nombre del lugar, indicado para acompañar platos fuertes y carnes de caza.
Se encuentra en Banyuls la tumba del escultor Maillol.

Tras el recreo un nuevo destino: Saint Bertrand de Comminges, ciudad fundada por Pompeyo en el año 72 AC. Invadida y arrasada durante siglos y convertida en ciudad abandonada hasta que en el año 1703 el lugar fue elegido por Saint Bertrand para construir un monasterio y una catedral cuyos monjes se regirían por las reglas de la reforma religiosa de Gregorio VII.

Saint Bertrand acusa influencias de la escuela arquitectónica de Toulouse cuyo magnífico exponente es Saint Sernin. Se admira la perfección de las esculturas y el claustro fue construido sobre las murallas defensivas del burgo.
A cierta distancia se pueden observar dos iglesias: la ya mencionada Saint Bertrand y la de Saint Just, que se alza construida con materiales de una ciudad romana, en lo que fuera un cementerio entre cipreses.

El río Garona enmarca estas dos construcciones religiosas.

La Costa Bermeja nos ofrece ciudades importantes como Nimes y Narbona, entre otras. Arqueología y arte medieval en medio de colores de cielo y tierra que con generosos viñedos inspiraron a artistas del Siglo XX

Publicado en Leedor el 6-07-2009