La última habitación

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Creación colectiva de Walter Velázquez que sostiene la atención del espectador.La Compañía internacional de comediantes Sin Pulgares estrenó el espectáculo ?La última habitación? (El despertar de Clara). Esta obra es una creación colectiva con dramaturgia y dirección de Walter Velázquez, quien además es docente, actor y clown. La obra cuenta la historia de una paciente en estado de coma y su ?despertar? de aquel estado. Situada en la sala de algún hospital, vemos a Clara acostada, en principio, en la cama acompañada por Mabel, su enfermera. ¿Qué pasa con un cuerpo inmóvil?.Hay dos planos por los que navega la obra: uno, el real, en el que se sitúa lo trágico de no saber si Clara va a despertar algún día -lleva un año internada en coma- y además el hecho de que en un par de días se le termina la cobertura de su obra social; con lo cual uno se pregunta qué será de ella, de ese cuerpo. El otro es el plano mágico, condensado en esos instantes en que Clara que sienta, nos dice algo y una luz la ilumina. Todo este realismo mágico se ve atravesado por la técnica del clown que, con destreza, aparece en la segunda parte de la obra y produce risa, mucha risa, agreguemos, mucho chiste. Es porque la obra tiene humor que se sostiene la atención del espectador.El otro par de personajes -los masculinos- son el médico y el Negro (esposo de Clara). La música -ya sea un tema romántico, un jazz o un rock and roll- hace al desenvolvimiento de los personajes en escena y sus movimiento en los bailes. El leit motiv musical es el clásico ?Over the Rainbow? de El Mago de Oz. Hacia el final se proyecta un fragmento del film en el escenario y eso podría disparar el carácter mágico de la obra. Casi diríamos que Clara es la Dorothy de esta ficción; aunque, lejos del camino que ésta emprende en busca de Oz, a Clara no la vemos jamás partir de la habitación. Así y todo, hay un elemento que remite al afuera, a esto de irse de aquel cubículo: la única ventana que hay, la de la sala, llama la atención por ser el lugar al que recurren discontinuamente los personajes. Sería el espacio del afuera, aquel al que no accedemos; es la mirada al exterior.  Hay muchas situaciones cómicas y absurdas. Por dar un ejemplo, el objeto lapicera le sirve al médico para hacer anotaciones como también lo utiliza de termómetro. Los juegos de palabras: el cambio de los valores en estudios de sangre y el cambio de monedas, tan común en estos días.El intercambio de lugares entre el Negro y Clara es más que oportuno, casi una parodia al drama. Él, tras una larga siesta, se ha quedado dormido en la camilla de su mujer. Ella lo mima y repiten réplicas de minutos antes. Luego charlan sobre lo que les gustaría hacer al regresar a su casa.  ¿Es posible el abandono de un cuerpo? ¿Cómo es que no camina? (pero sí baila).Así, nosotros nos ubicamos -o así quieren que sea- entre la tragedia de la potencial muerte de Clara y su (felizmente) dulce despertar, pudiendo decir que la cuestión más atrayente es la dinámica corporal. Los cuerpos en el espacio, su desenvolvimiento y los bailes de Clara alrededor de la cama de la habitación mientras los otros juegan al tutti fruti o a las cartas.Parece ser que la noticia del caso de Clara, el haber ?revivido? pasado un año de letargo,  llegó a las cámaras de noticieros y este reporte lo vemos proyectado en pantalla gigante? por si no les quedó claro.  Mucho no entendemos el título; ¿por qué la ?última? habitación?. ¿Será que no quedan otras? ¿Que ella es un caso único? Poco importa, pues nos vamos con una sonrisa que perpetúa. Eso sí, nos informan que el lunes se desocupa la habitación. Una pavada. Y Clara piensa: no avisé que me iba, me van a extrañar un poco.Publicado en Leedor el 30-06-2009