Zona de Obras

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Una nueva apuesta editorial para revitalizar la dramaturgia Argentina contemporánea.El martes 23 de junio se presentó en El Porteñito, un pintoresco bar vinculado a las manifestaciones artísticas, el libro Zona de Obras, que reúne los textos de tres dramaturgos argentinos que vienen desarrollando su labor escrituraria en torno a diversas temáticas.

De este modo, Editorial Corregidor, refrenda su compromiso con el teatro argentino. En un momento en que publicar no resulta sencillo, en el que muchos escritores peregrinan por los pasillos de las editoriales recibiendo un no por respuesta, Corregidor se lanza al desafío de acercarnos a esta nueva dramaturgia, no porque sus hacedores hayan comenzado a escribir ayer, sino más bien por la factura de sus textos y el abordaje de lo dramático que en todos los casos exhibe su contexto de producción, el ahora. Las obras nos resultan cercanas. El libro cuenta con un prólogo de Roberto Tito Cossa, donde el consagrado dramaturgo da cuenta de los orígenes de estos tres autores, que si bien han tomado la tradición como un punto de partida la han apropiado como un disparador para renovar sus propias poéticas.

Entre los logros que Cossa le otorga a estos trabajos está la condición de presentar personajes reconocibles para el espectador cuyas historias se desarrollan en circunstancias absurdas. De modo que este tipo textual, al ser llevado a la escena, provoca una cierta identificación que no es posible en las obras en donde los personajes y las circunstancias son igualmente absurdos. Aquí, lo que predomina es una gran dosis de juicio con una pequeña porción de chifladura. En palabras del propio Cossa ?un loco-loco no nos produce gracia, un loco-lindo, nos divierte, nos atrapa, nos seduce?.

Las tres obras cumplen esta premisa. ?Lucha Libre? de Daniel Dalmaroni, ?Con la mano de Dios (Anguila y Gamarra tocaron el cielo)?, de Luis Saez y ?Celular? de Pablo Albarello proponen un tipo dramático diferente.

En las dos primeras los perdedores, lumpenes, marginados o fracasados, siguen soñando, logran sostener sus quimeras en un mundo que nos hostiga tratando de arrebatárnoslas. En ambas obras, el logro de un objetivo es la condición de posibilidad de narrar lo que en ciertas operaciones textuales logra la evocación o el regreso del pasado y la exhibición del fracaso. En el caso de ?Celular? de Pablo Albarello, el personaje fácilmente reconocible, un representante típico de la burguesía, es un vendedor de autos que monologa, sólo que desde el más allá. No se sabe si cruzará las aguas de Leteo o irá directo al paraíso, pero sin su celular (objeto que determina un contexto de producción) no podría llevar adelante esta comunicación que repone, de manera dialógica, las voces de los otros, madre, novia, amigos. ¿Reconoce que está muerto? Cada lector o espectador repondrá un sentido. Pero como bien señaló Jorge Monteleone en una excelente presentación que por su articulación y minuciosidad puede ser la ponencia de un congreso, los personajes de estas tres obras son zombis. El diccionario de la RAE dice sobre el término zombi: ?Persona que se supone muerta y que ha sido reanimada por arte de brujería, con el fin de dominar su voluntad?, o ?Atontado, que se comporta como un autómata?. Por qué no pensar que en muchas ocasiones somos zombis, si a todos el sistema nos adormila los deseos y cuando por un segundo, despertamos y los recobramos, nos asimilamos a esos aparecidos, a esos resucitados, ya que eso es lo que nos devuelve la mirada de los otros cuando decidimos llevar adelante cualquier deseo que se sale de la ?norma?.

Publicado en Leedor el 24-06-2009