La tercera parte del mar (III)

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Reponen la obra de Tantanian en el Abasto Social Club.

?La tercera parte del mar se hizo sangre?, eso dice el Nuevo Testamento, eso dice Victoria, y agrega ?es la muerte?. Victoria, la protagonista se empecina, frente a este lugar límite, en terminar la construcción del puente, hacia la otra orilla con el cuerpo de Rodrigo.

Rodrigo, tras un accidente automovilístico, llega a la casa de Victoria para pedirle un teléfono. El desprevenido visitante es invitado a pasar la noche. Una noche que ocupa toda la temporalidad de la obra y en la que se deciden ambos destinos, tan humanos como trágicos.

Mientras Rodrigo ingresa azarosamente, Victoria no sólo es la propietaria sino que también es, de alguna manera, el ?resultado? de una serie de hechos siniestros trascurridos en una casa digna de los relatos de Poe o de las películas de Torre Nilsson. En esta casa trampa, no hay teléfono y la iluminación se resuelve con velas, apagones e inserciones lumínicas que determinan zonas y objetos. Entre estos, se destacan, como elementos fuertemente dramáticos, cinco espejos: uno fijo que divide el escenario y los otros cuatro distribuidos en sillas y mirando al público.

Espejos y personajes ?hablan? al público. Los espejos, con su deliberada intención siniestra; los personajes, con sus monólogos. Victoria, además, usa un espejo para ?hablarse a sí misma?. Podemos afirmar que ella sufre un desdoblamiento de su persona: se habla a ella misma en tercera persona cuando le pide a Rodrigo que traiga este o aquel espejo y así se enfrenta ?a si misma?. Y la vemos, la oímos, sabiendo que no es quien quiere ser. A veces niña a veces mujer. Habla del padre, de un baño, de los oscuros momentos de su infancia, de que Victoria no es su nombre sino uno ficticio. Constantemente Victoria le demanda a Rodrigo que la nombre cada vez que le dirija la palabra.

Victoria, la propietaria de aquella casa en penumbras, es a quien Rodrigo no conoce; la des-conoce, le es extraña. En principio él es un nuevo visitante de la mansión que, de manera accidental, llega allí.

Victoria lo invita a pasar la noche allí. En esa noche, que parece no terminar nunca, se establece una extraña relación entre los personajes que concluye de forma trágica.

Por eso se habla de un escape, de que los dos lo que hacen es escapar de donde vienen. Ella dice que sabía que él vendría, del por qué de su huida. La semi oscuridad que se produce en el ambiente, entre las velas y el apagón, da una atmósfera de terror.

Además de lo ya mencionado cabe destacar la actuación y el desenvolvimiento de los actores; más precisamente el trabajo que realiza Natacha Codromaz sobre el personaje de Victoria.

El transcurso de la obra muestra el fluir de estos dos seres/cuerpos que poco a poco se entrelazan en la convivencia y esto es lo que tiene de interesante el relato de la obra. A estos dos personajes nada les resulta fácil y para captar esta dificultad deberíamos tener viva la idea de que todo ser humano es ambiguo y a la vez posee un una mortalidad inevitable.

Un misterio, varias muertes, un secreto no revelado y dos personas nadando en la oscuridad sin poder encontrar la salida. Nos referimos a lo macabro, lo truculento y violento -de violación, de crimen- de la obra de Tantanian y la puesta en escena que dirige Gerardo Begérez.

Publicado en Leedor el 30-06-2009