Carla Leonardi

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Una vez alguien dijo que la escultura es aquello con lo que uno se tropieza cuando retrocede para mirar mejor una pintura. Cosa rara: una exposicion de esculturas en Buenos Aires.Expresividad Corpórea

?Al considerar a un artista dice: La observación artística puede alcanzar una profundidad casi mística. Los objetos sobre los que se posa pierden su nombre: sombras y claridad conforman un sistema muy singular, plantean problemas que le son propios, y que no caen en la órbita de ciencia alguna, ni provienen de una práctica determinada, sino que deben su existencia y valor, exclusivamente a ciertos acordes que, entre alma, ojo y mano, se instalan en alguien nacido para aprehenderlos y conjurarlos en su propia interioridad ?(Walter Benjamin sobre Paul Valery, El Narrador)

La escultura como experiencia

La cita de Paul Valery que hace Walter Benjamin nos permite hacer hincapié sobre la reflexión estética del artista como creador y en la experiencia que, como espectadores, establecemos con la obra de arte. Sin duda, este autor ha sido uno de los que, con mayor vehemencia, ha desarrollado la noción de experiencia estética y humana. Lo que le interesaba a Benjamin eran las condiciones a partir de las cuales la experiencia deviene; circunstancias que, a modo de iluminaciones, evidencian la evolución histórica determinada por los requisitos del sujeto y también por la trama social en la que el sujeto se inscribe y se reconoce.

La muestra ?Expresividad Corpórea? y la presencia de la producción de Carla Leonardi, nos intiman a enfrentarnos con la Escultura, entablando una experiencia artística-estética que surge de un riguroso intercambio entre conocimiento y vivencia, que se origina más allá de un marco privativo y excluyente, suscitando una forma activa y dialéctica entre la obra y el espectador. Esa intimación nos permite ver el pasado del género escultórico, entendiendo que ?el pasado se hace visible a la revelación sólo y cuando la revelación lo ilumina con la luz del presente” (W. Benjamin).

En virtud de la reflexión acerca del modo en que el horizonte de la Historia está sujeto a cambios, nos encontramos ?en el medio?, obligados a aceptar la coyuntura de la noción de Escultura. De este modo, nos sometemos, gracias a las obras de Carla Leonardi, a un riguroso enlace entre el arte del presente y del pasado.

La escultura, a diferencia de la pintura, ha sufrido una demora o un camino mucho menos acelerado que el resto de las artes. Existen diversos discursos teóricos acerca de lo que se debe entender por Escultura, su lugar actual y sus límites dentro del sistema de las Bellas Artes.

Una de las teóricas que desearía considerar es Rosalind Krauss que, en varios de sus escritos, hace foco sobre el estado de reconstrucción que había alcanzado la escultura en los años sesenta y setenta, consecuencia de las propuestas del Minimal y del efecto causado por la vertiente conceptual.

Tanto el Minimal como el Arte Conceptual, dos de las grandes tendencias que marcaron el Arte del siglo XX, vinculadas con expresiones centralizadas bajo la denominación de Anti-forma, ayudaron a hender las categorizaciones decimonónicas que entendían la escultura a partir de principios estatuarios, de verticalidad y naturalismo. De esta forma, el género escultórico se amplificó, expandiendo su término en un conjunto de expresiones heterogéneas y disímiles, dando como resultado una nueva concepción de la escultura en la que la categoría espacio-temporal se entrelaza y logra rasgar los paradigmas clásicos.

La obra no se sitúa en el espacio ocupando un lugar específico y monumental, sino que invade el propio espacio que la circunda.Si bien en nuestros días para aprender el concepto de escultura debemos considerar esa dimensión ampliada, desbordada, de ?campo expandido? como la llamó Rosalind Krauss, también habría que reconocer que, sobre todo en los años ochenta y noventa, operaron tendencias que recuperaban la disciplina escultórica. A ese reconocimiento nos lleva la obra de Carla Leonardi, a gozar de una nueva experiencia en simultaneidad con las condiciones que forjaron nuestro presente. En sus obras es innegable la recuperación de la escultura, pero no desde una reposición de viejos esquemas cerrados, sino emprendiendo una redención personal y subjetiva que libera aquella disciplina que cuestionó la actividad artística del siglo XX, convirtiéndose en una de las principales protagonistas que posibilitó la expansión del Arte.

Así, alma, ojo y mano de la artista ? reproduciendo las palabras de Valery- se conjugan para revelar la escultura desde una nueva experiencia, en la que el cuerpo y la materia cobran la relevancia y presencia de una práctica trascendental y vital.

Cuerpo y Materia

El cuerpo ha sido uno de los temas más importantes del Arte y su Historia, pero es la Escultura la disciplina en la cual adquiere mayor preeminencia, convirtiéndose en una de sus preocupaciones esenciales. Repensando la concepción del cuerpo humano, en numerosas ocasiones caemos en la definición del cuerpo como ?una máquina sorprendente?; comparación a través de la cual lo subordinamos y le adjudicamos un título que el cuerpo no se merece por completo. Nuestro cuerpo es precario, se gasta y, sobre todo, no posee la permanencia de la máquina. Por ende, el cuerpo en tanto máquina cancela aquellos atributos propios de la carne: el placer y el dolor; condiciones antagónicas que implican el riesgo asumido de la muerte y del simbolismo social.En el período de la reproducción industrial de avanzada, el cuerpo se transforma en una especie de rompecabezas cuyos elementos están disponibles y permutables; lo que provoca una dependencia permanente respecto a la máquina.

Estamos frente a la modificación del ser orgánico del hombre; del lugar y la condición que confieren al hombre su identidad.La alteración artificial del cuerpo hace que lo concibamos como un reloj que marca el tiempo pero no es afectado por él. El cuerpo pasa de ser víctima a mero testigo neutral del tictac del péndulo que mueve las horas. Esta es la fantasía que subyace a muchas investigaciones y prácticas contemporáneas, a través de las cuales, el hombre cree en un ideal absoluto donde el cuerpo se vuelve impermeable a la vejez o a la muerte, al sufrimiento o al dolor. Se asiste a la negación de la expresividad de nuestros cuerpos; a una construcción cultural que las obras de Carla Leonardi manifiestan y transforman, captando lo que excede a toda visibilidad. Lo corpóreo se vuelve expansivo y revelador, mostrando en su carácter matérico, una destrucción sobre las superficies que se trasluce a través de incisiones y desgarros que exponen el estado de la materia en un tiempo y un lugar.Las esculturas poseen la ?expresividad corpórea? que anuncia la Curaduría en el título de la muestra; son expresiones de acciones y estados humanos anclados en un espacio destructivo e inquebrantable. Es un mundo sensible, matérico; un mundo con personajes sin nombre que se unen de manera orgánica y corporal.El modelado de la artista descubre personajes que no son ni figuras ni representaciones de alguien más, sino acciones, experiencias en las que el pensamiento no es opuesto a la práctica; al contrario, ambos conforman la experiencia estética.

Tramas de la acción: Los estados de la mujer y el hombre.

Las obras de Carla Leonardi no solo nos hacen visibles acciones momentáneas y pasajeras del hombre y la mujer; asimismo, trazan desde lo visual un claro lazo significativo con los títulos que a cada obra ha dado la artista. Sus esculturas no narran las acciones humanas sino las fuerzas que han originado los actos, los gestos, los estados y el acontecer del hombre. Son formas activas que se alzan con un vigor cuasi masculino que no se basa en lo rotundo de los volúmenes sino en los contornos de energía que sabe alcanzar la mano del artista.

En ?Grito de Mujer? o ?Grito de Hombre?, la acción de gritar no está contada, relatada, ni siquiera representada. La artista nos enfrenta al horror que se encuentra detrás del grito; a esa fuerza invisible, intangible, que nos hace gritar. El horror, lo atroz, lo que puede ser figurativo se vuelve circunstancial en relación a una especie de inmenso consuelo vital en donde se capturan esas fuerzas que originan nuestro accionar. Existe lo visible pero también aquello que excede toda visibilidad; y lo que hay de terrible en ese grito silenciado no es jamás algo que podamos ver o percibir; es algo que está por debajo, lo abyecto de nuestra condición: aquello que se escapa desde el interior del cuerpo y la artista concreta en cemento y madera.Parece que Leonardi penetra esa interioridad y en una de sus obras se pregunta ?¿Quedó algo acá adentro?. En esta obra un hombre parece respirar luego de aquel grito velado; las tensiones del cuerpo se mitigan y el gesto apacible de su rostro admite la calma. Muchas de las obras están ?Sonriendo?, demostrando que más allá de lo temible y sombrío, puede existir un espacio para la ?Picardía?, alguna astucia o habilidad humana para seguir adelante.

Las artista nos muestra una mujer que se ?Ríe? y parece invitarnos a duplicar esta acción. Todos gestos pequeños, cotidianos, que parecen ser los únicos momentos que atesoraremos.La calma se torna ficticia y las obras vuelven a agitar las sensaciones. ?Un pensamiento? nos lleva a reflexionar, nuevamente, la vinculación entre las palabras y la acción, entre las palabras y las cosas.

Un ?En sí? advierte que en general nada de lo que percibimos es una cosa en sí, y las formas exteriores no son desconocidas sino representaciones de nuestra sensibilidad. No creo que exista un recorrido incuestionable para vivir las esculturas de Carla Leonardi. Sus obras crean un espacio vivificado donde cada uno de los cuerpos, moldeados y tallados, coexiste en función del otro y son sus diferencias las que definen su razón de ser. Las esculturas, de pequeña y mediana dimensión, se expanden al espacio que las rodea pero no desde lo material, sino a través de la experiencia estética y humana que suscitan en nosotros.

Uno de los pintores norteamericanos del siglo XX habría señalado que la escultura es aquello con lo que uno se tropieza cuando retrocede para mirar mejor una pintura. Con esta frase, Barnett Newman establecía la postura de muchos artistas e intelectuales de los cincuenta. Todavía, la escultura estaba en deuda con lo material; intrínsecamente ligada a él.

Mas allá de las etiquetas o formalidades que han impuesto diversos teóricos y artistas a lo largo del siglo XX, el cuestionamiento, la reflexión, la exploración de los límites y las posibilidades de las obras de arte, se seguirán diferenciando, experimentando y analizando, para afectar ?el lugar? de la Escultura. La misma seguirá vigente hasta que se apague la necesidad del hombre de crearla, quizás como posible recurso para constituir su propio sentido de la existencia real, tomando como guía la tridimensionalidad del cuerpo humano.

En este contexto, la obra de Carla Leonardi abre una nueva y personal vía de investigación, un interesante desafío que no sólo tomó la artista en la creación de sus esculturas; sino un reto que nos sentimos obligados a recoger y reflexionar al ?tropezarnos? con sus obras.

?Carla Leonardi. Expresividad Corpórea?
Curaduría: Alumnos de 4º año de la carrera de Lic. en Curaduría e Historia de las Artes de la Universidad del Museo Social Argentino, acompañados por el Director de la Carrera Profesor Dr. Eduardo Tenconi Colonna y la Profesora Kekena Corvalán, integrante de la cátedra que dicta el Seminario de Integración Final 2009.

Grupo LEITMOTIV: Agustina Barbosa, Agustina Luxardo, Belén Provenzano, Daniela Zattara, Lucía Miranda, Mercedes Corte, Soledad Álvarez Campos, Silvina Muscarello y Nacho Legari.
Sala de exposiciones de la Legislatura Porteña: Perú 160Del 22 de Junio hasta el Viernes 26 de Junio.

Publicado en Leedor el 24-06-2009