Una de Gente normal

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Por esas cosas que despiertan los encuentros familiares un festejo de cumpleaños termina siendo un lugar para ponerse en carne viva.El encuentro de tres hermanos para festejar el cumpleaños de uno de ellos, recientemente emancipado, viviendo ya sólo, es el disparador y la condición de posibilidad de contar una historia de gente ?normal?, ?común?.

¿Qué vuelve particulares a estos tres hermanos? Que todos son adoptivos. Viviana y Susi irrumpen en casa de Darío con una gran torta de cumpleaños, su torta predilecta.

Todo está listo para festejar, hay vino, regalos y la aparente gran predisposición de agasajar a un ser querido que ahora vive solo.

Una rápida mirada al diccionario nos dice que una de las acepciones de ?normal? es aquello que por su naturaleza se ajusta a una regla. Aquí la reglas que podría aunar a tres naturalezas tan disímiles es la diversidad de sus orígenes.

El festejo pronto cede paso a las revelaciones, pequeñas miserias o secretos cotidianos se van deshilvanando para teatralizar no sólo el carácter precario de las apariencias sino además, el mundo ocluido en que se desarrollan estas tres existencias.

El humor hace posible el paso de la anécdota a la revelación y se sostiene en todo momento, ya que Agustín Puzzo, autor y responsable de la dirección tiene un proyecto que cierra, contar desde el paratexto que hace de título, una noche de reunión que inevitablemente por esas cosas que despiertan los encuentros familiares en fechas especiales, termina exponiendo al anfitrión y a las invitadas a mostrarse en carne viva.

El espacio escénico juega con dos puertas y unos pocos trastos, ya que el elemento central es la mesa, en torno a la cual se sienta esta familia. Mesa como símbolo, mesa como unión y además y en pocas palabras: la verdad se arroja sobre la mesa.

Puzzo no requiere de grandes despliegues lumínicos, ya que lo que cuenta es del orden de lo cotidiano.

Los actores en todos los casos juegan sus papeles con habilidad, haciendo uso del humor a tempo, siempre. La única objeción es, tal vez, cierta caída del ritmo que se ve compensada por la organicidad de las actuaciones.

¿Por qué se fue Darío a vivir solo? Tal vez porque no soporta la visión de su madre enferma que ya ni se levanta de la cama? ¿Por qué Vivi hace tiempo para no llegar jamás a casa? Será para no ver aquello de lo que no puede hacerse cargo? ¿Por qué Susi cuida abnegada a esa madre? ¿Será la culpa o la necesidad de sentirse necesitada por alguien?

Un juego con una botella, permite que quien la tome esté obligado de decir la verdad, a confesarse, a desnudar su yo más íntimo, sin redes, ni excusas. Así se arman estos seres, desde esas confesiones, botella en mano, en una noche de cumpleaños.

¿De dónde vienen estos seres que esa madre, hoy ausente, recogió?

El llamado y la visita materna que no se produjo durante todo el día, acontece hacia el final de la obra. Suena el teléfono y es atendido por el contestador que recupera la voz de esa mujer que adoptó hace mucho tiempo a esos hermanos. Esa voz que llena la cinta, revelará orígenes, preferencias, modos y hasta el momento exacto de tomar la decisión de hacerlos sus hijos.

Pero ellos, al igual que nosotros, son gente ?normal?, entonces se rearmarán, festejarán y terminarán bailando.

¿Acaso no es eso lo que hacemos todos los seres normales cuando nos queda otra posibilidad que barajar y dar de nuevo?.

Publicado en Leedor el 20-06-2009