Justicia Ciega (Haevens Nat)

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Vamos al rescate… de la música para cine mudo.
Convengamos que las exhibiciones de cine mudo con música en vivo atraen a bastante gente (y espantan a otro tanto). Por supuesto, estamos entre los del primer grupo. Todavía no son tan frecuentes como desearíamos, aunque en los últimos años la existencia de salas-museo como la del MALBA, o las ya míticas exhibiciones de expresionismo alemán en el Teatro Colón con la Sinfónica Nacional, o la reciente exhibición de Metropolis, o los apartados de cine histórico dentro de los Festivales Internacionales suelen recordarnos, de vez en cuando, la bella experiencia de sentarse a ver cine de más de 80 o 90 años de edad acompañado de músicos e instrumentos en vivo.

Doble pertinencia y doble disfrute: rescate fílmico y momento experiencial.

Dentro del ciclo de Cine danés contemporáneo que la Cinemateca Argentina organizó junto con la Cámara Argentino Danesa de Industria y Comercio y el Palais de Glace, fuimos a ver Justicia ciega (Haevens Nat) de 1916 dirigida, escrita y actuada por el modernísimo Benjamin Christensen. La mágica sala Lugones estaba repleta, los 8 músicos de “Sueños de Bandoneón” se amuchaban al costado del escenario dispuestos a musicalizar los 100 minutos (que no es poco) del film prácticamente inédito en Buenos Aires.

Año emblemático 1916 para la historia del cine: año de Intolerancia de Griffith target=blank>David Wark Griffith , punto culmimante de las búsquedas del cine por encontrarse a sí mismo y construir un lenguaje específico. A medida que avanza este melodrama que es Justicia ciega, volvemos una y otra vez a los avances y retrocesos de Griffith, imposible evitar la comparación.

Primero por su naturalidad en el manejo de la cámara, fluída y medida a la vez. Luego, por la inclusión de generosamente estéticos primeros planos: las copas de champán, la cerradura de la puerta de Ann. Después, por la modernidad de su montaje que logra seguir una propuesta narrativa compleja en la que no se evita el flashbak, el paralelismo en las acciones más dramáticas, la alternancia de planos exteriores e interiores, el crescendo de un drama sostenido.

El fortachon John es acusado de un crimen que no cometió, escapa de la cárcel y llega a una mansion arropando entre sus brazos a su pequeño bebé, que acaba de secuestrar. Allí pide ayuda a Ann, la joven hija de los dueños de casa, pero ésta, al ser descubierta por su padre, hace que el hombre sea nuevamente apresado. Pasan 14 años y John sale de la cárcel con el único objetivo de encontrar a su hijo.

Un melodrama típico donde la traición que no fue, el culpable que es inocente, el padre que no puede ser, el buen hombre injustamente acusado forman parte de estos visos de relato trágico que está constituyendo un espectador sensible a las historias de confrontación. Un nuevo espectador: el espectador de cine.

Qué decir: la película de Cristensen vale una y mil veces lo que debe haber costado su reciente rescate para la historia del cine danés y mundial.

Ahora bien, la elección del tango para acompañar una película de esta magnitud era todo un desafío. Generalmente, son leitmotivs clásicos, tambien música electronica contemporanea, los que se ejecutan junto con la proyeccíon. Un desafío que se convirtió en un verdadero fiasco. Las más de 200 personas que asistimos la noche del 19 de junio a la función escuchamos una y otra vez un acorde de milonga que no seguía la acción del film, tan diverso emotivamente, en gestos y en acciones. La música desaprovechó todo el tiempo esta riqueza y termino siendo exasperante.

Una pena, el público, inteligente se fue indignado. La justicia será ciega pero los oídos no son sordos.

El próximo sabado 27 de junio a las 18 hs en el Palais de Glace quizásla película de Christensen tendrá una nueva oportunidad: ya que la proyección estará complementada con una performance en vivo a cargo de argentina Adriana de los Santos, esta vez con piano.

Publicado en Leedor el 20-06-2009Va