Visita Inesperada

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Estreno norteamericano con pretensiones autocríticas que sólo tranquiliza momentaneámentes sus conciencias.

Un hombre mira por la ventana de su casa hacia el exterior. Una imagen pregnante y sugestiva para dar comienzo a este film que retratata a Walter Wale (Richard Jenkins) mientras re-descubre su amor por las cosas de la vida. Un hombre que que deja de ver detrás de un vidrio y abandona la seguridad de lo conocido, para empezar a vivir.

Es que Walter es un viudo que da una clase acerca la economía en los países subdesarrollados en la Universidad de Connecticut, mientras escribe su quinto libro acerca del mismo tópico. Sin embargo ninguna de estas actividades le reporta el más mínimo entusiasmo. Walter debe suplir a una colega en una conferencia en Nueva York, donde solía vivir. Cuando llega a su antiguo departamento se encuentra que está ocupado por Tarek (Haz Sleiman), un músico sirio, y su novia senegalesa Zainab (Danai Gurira). Entre Tarek y Walter comienza a crecer un vínculo de amistad, a partir del cual Walter empieza a recordar el amor y la pasión por lo que se hace. Pero Tarek es indocumentado y es apresado en un centro de detención. Así aparece en la vida de este profesor, Mouna (Hiam Abbas), la madre del joven Tarek.

En última instancia, el film plantea, de manera bastante maniquea, las diferentes concepciones de la vida en Oriente y Occidente. Pero los planteos carecen de fuerza al caer en todos los clichés posibles: Walter, occidental, blanco, amante de la música clásica, se gana la vida enseñando economía, lo cual lo aburre hasta la muerte. Tarek, oriental, negro, amante de los ritmos africanos, vive su vida con desenfado, hace lo que le gusta y ama a la exótica Zainab. Esa visión romántica y falaz del hombre de un país subdesarrollado que vive del amor y del arte, que es pobre en lo monetario pero rico en todos los demás aspectos, resulta insoportablemente condescendiente. Lo peor es que se necesita mostrar cómo la vida de este individuo es destrozada por el sistema, para que el bueno de Walter tome consciencia y pueda escapar de ese mismo sistema que lo ha atrapado y extraído las ganas de vivir.

El director y guionista de ?Vídas cruzadas? (2003), construye el típico film norteamericano que pretende ser autocrítico, y se queda anclado en la repetición de discursos ya construidos que no incomodan demasiado… claro, con críticas tan ?light? como éstas, cualquier ciudadano puede reconocer lo mal que se trata a los extranjeros en EEUU, especialmente después de lo de las torres gemelas, mover la cabeza en gesto de profunda desaprobación y volver a su casa a bajar los pochoclos que se comieron en la sala de cine. Por supuesto que nos emocionamos, porque la musiquita clásica refuerza todas y cada una de las escenas del film, por si no se lograba el adecuado clima emocional sólo a través del tema tratado y las actuaciones merecedoras de premios de la academia.

Ésta es, en mi opinión, el arma más peligrosa con la que cuenta el sistema de penetración cultural de nuestros hermanos del norte: hacernos creer que se golpean el pecho con una película de contenido ?profundo?, mientras reafirman sus ideas ya preconcebidas acerca de lo que somos el resto del mundo. No hay una intención de analizar verdaderamente los padecimientos de un mundo multicultural, sino hacer algo para tranquilizar sus propias conciencias y ver en qué los puede beneficiar el intercambio con ?los otros?, a los que nunca se les disputa verdaderamente ese lugar de otredad.

Publicado en Leedor el 17-06-2009