Jorge Pirozzi: el regreso

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La galería Masottatorres presenta la obra inédita (2001-2009) del artista argentino Jorge Pirozzi a través de un relato visual que pone en cuestión a la pintura misma.Brutal y Minuciosamente

?No mira el público, el que mira es el cuadro?. Es el enunciado que uno lee antes de ingresar a la galería, en la vidriera de la misma. Sentencia de Jorge Pirozzi que, tras 18 años de alejamiento del campo artístico, si bien continuando con el quehacer de la pintura; nos permite poner en cuestión la relación que establecemos con el cuadro.

Tal vez, la frase del artista, nos obliga a dar vuelta la anterior correspondencia. Como una potencia visual u obstáculo a penetrar, es el cuadro el que se presenta ante nosotros; imponiéndonos un nuevo destello, un rayo que no cesa de quebrantar nuestra aparente certidumbre. Aparente certidumbre, porque vivimos en una época de simulacros y de logros supuestos, donde las cosas tienden a ser representaciones de algo más. Sin embargo, los cuadros de Pirozzi, potencias visuales construidas de modo brutal y minucioso, parecen contener en sí mismas esa fuerza que puede arrastrarlo todo en un instante, un impulso creador que, marcado por una ineludible necesidad, hará posible el acontecer de la pintura. Como señaló Gilles Deleuze, ?un creador no es un ser que trabaja por el placer. Un creador no hace más que aquello de lo que tiene absolutamente necesidad?. Es esa necesidad o voluntad del artista, la que tiene que existir para que el acto de creación se emprenda.

Tanto el Arte como la Pintura son conceptos construidos a partir de determinados procesos históricos; no son verdaderos en sí mismos sino conceptos relativos y subordinados que podríamos someter a ciertas refutaciones. En este contexto, sentimos que las obras de Pirozzi operan a través de la deconstrucción de la pintura; es decir, descubren diversas significaciones de la misma descomponiendo las estructuras del lenguaje visual.

El artista libra una batalla con sus propios demonios, los residuos de una tradición heredada y naturalizada. Su tela nunca está en blanco, existen en ella una suerte de flechas invisibles de las que sólo se sienten sus fuerzas, sus energías, sus velocidades. Inicio del acto creador en el cual Pirozzi retoma la tradición pero entendida en simultaneidad con el presente, como un compendio al cual aportar nuevas dimensiones que trascienden el canon instituido. Lucha contra los clichés de esa tradición; una dimensión pre-pictórica donde el acto de pintar conlleva a la eliminación, a la tarea de borrar y suprimir esa estructura invisible.

Tal como indica Dante Sepúlveda en el texto que acompaña la muestra, el caos-germen pirozziano está arraigado a lo que Deleuze ha llamado cliché y la eliminación del mismo realizada por el artista cuando afronta la tela en blanco. Frente al caos o la catástrofe, inherente al acto de creación, Deleuze traza la ?lógica del diagrama?. El concepto de diagrama remite a esa ?zona de limpieza que hace catástrofe sobre el cuadro?, borra los clichés implícitos e impulsa todo hacia una catástrofe; instancia que permitirá el advenimiento de la pintura (Deleuze, 2007).

Entonces, se conjugan dos momentos en el acto de pintar, uno pre-pictórico, de datos y abarrotado de clichés; y otro de remoción o limpieza, donde las ideas generales o conceptos vacíos se enfrentan a la instancia operatoria del diagrama: la instauración del caos-germen desde el cual emergerá el hecho pictórico.

Las fuerzas virtuales presentes en la tela crean tensión en las formas que dibuja Pirozzi, las comprimen, las deforman. Del caos surgió el hecho pictórico que, plasmado en la materia, deviene. El artista hizo manifiesto lo invisible; esas fuerzas de donde se crean las formas, las figuras, la luz y el color. La pintura dejó de ser representación de algo ajeno a ella misma, para transformarse en una figura, que saliendo del diagrama, no se asemeja ni recuerda a nada.

Las líneas se quiebran, cambian de dirección a través de un trazo impetuoso y vuelven a dibujar formas inciertas, que le son propias solamente a la superficie que las circunda. El color, primera revelación del mundo, se contrae y expande, se carga de materia, formando su cuerpo, que se moviliza más allá de los contornos negros que marca la línea.

Los elementos pictóricos ya no delimitan formas concretas ni fijan objetos reconocibles; el trazo de la línea y las marcas del color manifiestan tensiones dándole al ojo una nueva función. La mano del artista se liberó de toda directiva meramente visual, para crear aquello que perdurará pero sólo a través de tensiones y agitaciones propias que conmueven y transforman la pintura.

Los cuadros de Pirozzi tienen su propia cartografía, su específico e individual diagrama; un conjunto de líneas diversas que, más allá de representar cosas, son abstractas y forman contornos quebradizos y en constante tensión. Esas líneas son los elementos que constituyen su pintura, que la componen y que ella misma compone.

Su pintura es acontecimiento, en la medida en que se desprende del conjunto de condiciones históricas y deviene para crear algo nuevo. Acontece negando la información, sobrepasándola, convirtiéndose en un acto de resistencia, humano y artístico a la vez. Sus cuadros crean mundos, a través de la profunda convicción de que el nuestro todavía es posible; construyen nuevos espacios y tiempos que escapan al control. Y allí reside su capacidad de resistencia, de obstinación entre el trabajo brutal y minucioso de un artista.

Sólo el Arte entendido como acto de resistencia, como una fuerza que se escapa de categorías ejercidas sistemáticamente, se impone y resiste a la muerte. Sólo la pintura como resistencia permite el desencadenamiento de las potencias transformadoras que captaron aquello que es ocultado, aquello que no es visible; esas energías veladas que Kafka ha llamado ?potencias diabólicas del porvenir?.

Como el mismo Pirozzi señala, ?la pintura tiene que ver con la inminencia de una revelación que no se produce, con algo que tiene que aparecer y no aparece?; quizás se trate de un instante, en que se está próximo a un develamiento que puede materializarse o, muy por el contrario, derrumbarse en un momento de exasperación. De ese tiempo y espacio propios de la pintura, nos hace partícipes Jorge Pirozzi, a través del vestigio que ha dejado el accionar del artista, su gesto creador y lo intempestivo de un espíritu que expande la libertad creativa.

Referencias Bibliográficas

DELEUZE, Gilles (1987) Qué es el acto de creación. Conferencia dada por Gilles Deleuze en la fundación FEMIS.

DELEUZE, Gilles (2007) Pintura. El concepto de diagrama. Bs.As: Ed. Cactus.

DIDI-HUBERMAN, Georges (2004) Lo que vemos, lo que nos mira. Bs.As: Manantial.
?Brutal y Minuciosamente?

Jorge Pirozzi ? Obra inédita (2001-2009)
Masottatorres Arte Contemporáneo: México 459 ? San Telmo
Martes a viernes de 14 a 20 hrs.
Sábado de 16 a 20 hrs.
Cierre: 17 de Julio de 2009

Publicado en Leedor el 15-06-2009