Iraqi Short Films

0
3

Un realismo integral vincula las imágenes de este film de montaje para repensar la guerra en Iraq.
Con un silencio conveniente, la pantalla muestra un extenso texto que nos introduce en la realidad Iraquí. La resistencia nacional a la ocupación militar estadounidense y británica se organiza en pequeñas células de milicianos. Las milicias, integradas por guerrilleros entrenados, se mezclan entre la población civil y utilizan el ataque sorpresa. Graban en video todas sus operaciones de guerra y usan el material como propaganda para el reclutamiento y como prueba de eficacia para conseguir armas, dinero y apoyo a su causa. A las imágenes grabadas le agregan el logo de cada milicia y graban voces en off con alabanzas, felicitaciones o instrucciones para otros combatientes. El miliciano que filma las operaciones de guerra está siempre oculto en un lugar previamente designado desde donde pueda lograr la mejor toma posible, y utiliza cámaras con zoom y teleobjetivos poderosos. A su vez esta el ejército de ocupación de EE.UU. operando en Iraq, apoyado por soldados británicos, polacos y australianos. También hay gran cantidad de agentes de inteligencia (no registrados) y empleados de seguridad privada. Los soldados estadounidenses y los agentes de seguridad privada también llevan cámaras a pesar de que el Departamento de Defensa de EE.UU. lo prohíbe. Graban las operaciones de guerra y los ataques por motivos logísticos, para análisis de combates o para usar como material de propaganda que se filtra a la prensa, si la operación es exitosa, para levantar el ánimo de los soldados y del pueblo estadounidense, y reclutar nuevas tropas.

Se explica que la película es el resultado de una larga investigación de la propaganda generada por todas las fuerzas implicadas en el conflicto: los contratados de la seguridad privada, el ejército de ocupación dirigido por EE.UU. y las milicias que resisten la invasión.

La pantalla funde a negro y comienzan a aparecer las imágenes grabadas por estas fuerzas militares. Tomas a color, en negativo, en cámara lenta, con sonido ambiente, editadas con música por los mismos soldados, otras en absoluto silencio. Voces en off que repiten a modo de mantra árabe ?Dios es grande, Dios es grande, Dios es bondadoso? mientras vemos volar en mil pedazos un tanque de guerra norteamericano. Imágenes de cámaras agitadas, voces de la persona que filma, de otras personas, no los vemos, pero tenemos la sensación de estar ahí, participando. La realidad del conflicto desde el campo de batalla, contado por ambos mandos. Realismo y documento.

En la película participan además otros textos, incluídos por el director, que vinculan las imágenes y las integran en un todo. Un realismo integral que nos saca de la butaca y nos lleva a una reflexión tan profunda como comprometida. Una de las leyendas reza sobre notas del periodista y escritor inglés, Robert Fisk, uno de los mayores expertos en los conflictos del Oriente Medio, que ha sacado a la luz las actividades ilegales del gobierno de los Estados Unidos en Afganistán e Iraq, y ha defendido siempre la causa Palestina y el diálogo entre los países de la zona. Notas del sociólogo estadounidense Charles Wright Mills, quién se dedicó a estudiar la estructura de poder en los Estados Unidos desafiando las políticas de las élites institucionales: economía, política y militar. Relatos de Thomas Edward Lawrence, famoso militar, arqueólogo y escritor británico, quien convivió durante muchos años con los árabes a principios del siglo XX, y que luego relatará su experiencia militar y humana durante la Primera Guerra Mundial. En este caso se cita una frase donde describe el vínculo de los árabes con Dios, ??la palabra más importante para los árabes pasó a ser DIOS?. Un texto que sorprende desde su comienzo es War prayer (Oración de Guerra) de Mark Twain, popular humorista y escritor estadounidense. Con su estilo de mordaz ironía condena la guerra, y critica el fervor religioso y el patriotismo ciego como justificaciones de la guerra. En este caso se proyecta un extracto de la plegaria final de dicho cuento donde se implora a Dios la protección de las tropas, pero también el sufrimiento y la destrucción de sus enemigos.

Una idea vertebral, que ronda como una constante intrínseca en el espacio: Dios-La guerra. Dualidad que lleva a estos estados, tan distintos entre sí, a mantener un conflicto sin descanso. Pero esta dualidad no es pareja en ambos casos. Las milicias de Iraq pertenecen a un grupo de pueblos que tienen en común una historia basada en sufrimiento, invasiones, guerras y conflictos religiosos.

Cultura de tierra saqueada por siglos. Una comunidad con un fuerte arraigo en sus creencias, de la cual toman su fundamento para el combate. Su vínculo con Dios lo expresan con pequeñas frases, con un canto armónico, con seriedad y con total convicción. Nada parece perturbar su espíritu. Del otro lado, la ocupación militar norteamericana y británica. Grupos de soldados exaltados, alterados, que gritan e insultan cuando logran su cometido, y ruegan a Dios que los rescate en los momentos en que están acorralados. Sus filmaciones parecen sacadas de un videojuego. Hablan como en sus películas, alardeando. ?Parece que estuvieran de picnic? comenta un amigo.

Es una dualidad de opuestos implícita en la idiosincrasia de estos pueblos, en sus creencias, en su mentalidad, en sus armamentos, en sus economías y en sus estrategias.

El material habla por sí mismo. El director actúa como unificador. Su punto de vista es el ?cómo? narrarlo, cómo mostrar este material. Y aquí esta el mérito del film: el montaje de la película, en su medida justa, es excelente. Cuando empezamos a sentir que ya vimos suficiente, termina.

Publicado en Leedor el 16-06-2009