Tercer Cuerpo

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La puesta en escena de Tolcachir es una parábola en cuyo centro se tensan texto y dirección.Claudio Tolcachir, autor y director de ?Tercer Cuerpo?, ganó -hace pocos días- el Premio María Guerrero a la autoría, demostrando nuevamente una sólida concepción dramatúrgica que entiende la puesta en escena como parábola en cuyo centro se tensan texto y dirección.

?Tercer Cuerpo? puede ser el hábitat en donde cinco personajes con distintos deseos, todos relacionados con el amor y la soledad, se vinculan en un espacio. Tres de ellos cohabitan en un sitio caído en desuso, que los contiene en un vacío significante: una oficina olvidada cuyas tareas se han tornado innecesarias. Pero ese tercer cuerpo puede ser además, el cuerpo buscado, el cuerpo del hijo que se desea, el cuerpo del amante esquivo que anhela a otro de su mismo sexo, o el cuerpo del compañero de labores, único ser cercano para quien está irremediablemente solo.

En ese mismo espacio escénico y desde el afuera, emergen dos personajes que imbricados en una historia de tumultuosas relaciones amorosas, hacia el final, invadirán el tercer cuerpo para sacarlo de su inmutabilidad.

La sociedad que establece Tolcachir entre dramaturgia y puesta en escena es perfecta ya que en la pequeña sala de Timbre 4, dos historias aparentemente distintas, hacia el final se cruzan, montan y ensamblan, primero paralelas y luego infiltrándose una en la otra otorgando un nuevo sentido. Por un lado la vida aparentemente gris de los empleados de la oficina, cargados de deseos, soledad y búsquedas. Por el otro la de una pareja traumática que no se consolida por la inestabilidad de él. Todos los personajes coexisten en escena y el montaje permite que una u otra historia se suspendan, alternando así las piezas de un puzzle que hacia el final expondrá los vínculos, desconocidos hasta el momento, que atraviesan a los personajes y los desnudan impiadosos.

El humor es la operación textual que permite por un lado la distensión necesaria para que la opresión de esas vidas no pase a ser otra cosa que la narración de la falta, pero siempre en un tono cotidiano que alcanza momentos de alta comicidad. Esto nos permite acercarnos más a esas miserias que todos trajinamos en la vida como en un espejo que nos refleja y vuelve más frecuentes.

Las actuaciones asumen, en todos los casos, el desafío nada fácil de esa coexistencia que podría quebrar o minar los tonos. Y como los objetos de la escenografía se colocan en escena cuando ya se ha dado sala, logran una naturalidad plena. Pero la obra no tiene afanes naturalistas ni realistas. Lo que se narra es del orden de lo cotidiano pero el montaje, permite un distanciamiento que ayuda al espectador a generar la empatía o el rechazo con los personajes sin fines catárticos, del mismo modo que exige su activa colaboración para la compresión de la historia.

Actuando con gran destreza, los actores no requieren ni vestuarios que los focalicen ni demasiados efectos lumínicos, la vida que los inunda es la de cualquier mortal y eso se deja apreciar haciendo orgánico y usual el trajinar de esas existencias.

Tolcachir no necesita de sofisticados efectos para lograr que el espectador aplauda agradecido un trabajo en el que una dirección absolutamente infalible, nos permite asistir a la teatralización de lo que un día cualquiera puede ocurrir en cualquier ?Tercer Cuerpo? de esos que el sistema olvida sin incluirlos en la historia grande.

Publicado en Leedor el 15-06-2009