Bellamy

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Una historia detectivesca con un gran Depardieu, magistralmente construída sobre la idea de la duplicidad.

?Siempre hay otra historia,

Siempre hay alguien más

De quien los ojos ven?

Bellamy se presenta como una historia detectivesca? ahora bien, qué es lo que se investiga es lo que el espectador debe replantearse. A simple vista, siguiendo la línea argumental, el famoso detective Bellamy (Gerard Depardieu) es contactado por un extraño, que se hace llamar Noël Gentil aunque su verdadero nombre es Emile Leullet (Jacques Gamblin), durante unas vacaciones estivales en casa de su esposa (Marie Bunel) para pedirle su ayuda. Este pequeño misterio da comienzo al film.

Sin embargo, si miramos con atención, lo que Chabrol indaga es sobre la vida del propio Bellamy, quien al fin y al cabo, da nombre al film. El célebre director que otrora perteneciera a la Nouvelle Vague juega constantemente con los dobles y las duplicaciones, y todas giran en torno al amor, el deber y la muerte. Se podría decir que estos tres temas son el eje del film, y que se desdoblan en dos historias: la de Emile Leullet y su alias Noël Gentil, y la de Bellamy.

La primer historia es la que sostiene el tono detectivesco del film y nos enteramos de ella de principio a fin: Leullet quiere fingir su propia muerte para dejarle la casa a su esposa y huir con su amante. Para ello requiere la ayuda de un vagabundo que luce exactamente como él. Luego, debe operarse el rostro para desaparecer. Así, Chabrol nos presenta la duplicidad por fuera y dentro del mismo hombre.

Lo opuesto sucede en la historia de Bellamy. Él está profundamente enamorado de su hermosa esposa Françoise. Sus idílicas vacaciones se ven complicadas por la llegada de su medio hermano Jacques Lebas (Clovis Cornillac). Entre ellos hay una rivalidad proveniente del pasado que nunca termina de esclarecerse completamente, pero en la que intuimos que los celos juegan un rol fundamental. Y aquí Chabrol nuevamente juega con el doble pero de una manera muchísimo más sutil. Jacques es el doble de Bellamy, pero en un sentido más similar al del Doppelganger. El término se utiliza para designar al doble fantasmagórico de una persona viva. Y es que el medio hermano es también un alcóholico, como se lee entre líneas que lo había sido Bellamy, y tiene la belleza que éste no posee, pero carece de toda la demás buena fortuna. En este sentido, la duplicación no es tan burda como en el caso de Leullet, y a un espectador distraído se le puede pasar por alto. Ya que parecen disímiles en aspecto físico, en actitudes, en fortuna y hasta en el nombre. Sin embargo, parece ser que estas diferencias son efecto de la aparición de Françoise, como si la presencia de la mujer pudiese generar un quiebre a partir del cual los destinos de estos hermanos se separan: Bellamy queda encaminado hacia la buena fortuna y Jacques recorre un camino hacia la autodestrucción.

Chabrol intercala estas dos historias con maestría y con sutilezas que nos maravillan. El comienzo y el final del film son prácticamente idénticos, pero totalmente resignificados. Aquel cuerpo calcinado y aquella vista del mar, que al principio relacionábamos con la historia de Leullet, en el final sabemos que es una imagen para Bellamy. El mar puede leerse como una metáfora de la muerte, el último viaje? y entonces recordamos que él se ha negado durante todo el film a realizar un crucero. En esta historia donde la muerte lo ronda permanentemente, él se mantiene vivo gracias al amor.

Publicado en Leedor el 11-06-2009