Kiko Veneno

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Un genio semiescondido. El veneno que un día infectó el flamenco a golpe de rock n´roll. Desde Madrid, escribe Luis Domercq Muñoz.KIKO VENENO: LECCION DE ACTITUD

Kiko Veneno está de vuelta, y no del todo, sino con todo lo que implica. El catalán más fino no firmaba nada en solitario desde el 2005. Hace ya tres años que se juntó con la aristocracia de la rumba quinqui para montar casi de forma improvisada el combo G5. Con ello nos demostró, no sólo que se mantiene permeable a las nuevas generaciones, sino que la garra sureña sigue teniendo filo. Desde entonces, poco más se había sabido de él.

Fue a través su web: www.kikoveneno.net, que nos fuimos enterando que estaba preparando nuevos temas. Comenzó a colgarlos en la red sin darlos por cerrados, abrió un espacio donde poder mandarle letras. Hasta el diseño de la cartelería quedaba abierto a colaboración. ¿Qué pasaba? ¿Andaba falto de ideas? ¿Habría entrado en crisis? No exactamente. Lo que sucede es que el genio del pelo blanco anda de nuevo haciendo de las suyas, y este giro a la creación participativa, a la canción como objeto dinámico, no es más que un nuevo experimento con el que nos deleita. Y por fin parece que se decidió a salir del laboratorio, pues el pasado 23 de Mayo se presentó en directo en la sala Joy Eslava de Madrid. La siguiente parada es Morón (Sevilla), pero esa ya es otra historia…

EL EXPERIMENTO

Y ahora os dejo con el maestro. Alex Ferreira se rendía así ante lo inevitable. Su actuación como telonero no dejó indiferente, aunque se vio por fuerza eclipsada ante lo que se venía. La fórmula folk, que tantas páginas llena hoy los medios nacionales, se quedó en mera anécdota. Lo de Kiko Veneno es algo mucho más serio. Y no por veteranía, sino por riesgo y por rigor. No hace falta recordar que hace tres décadas puso en jaque al flamenco junto a los hermanos Amador (?Veneno?, 1977), hace dos demostró que el pop puede sonar también ibérico (?Seré mecánico por ti?, 1984) y hace ya diecisiete años que nos regaló una lista de himnos sureños que quién no ha cantado alguna vez acompañando a una guitarra (?Échate un cantecito?, 1992).

Pisó humilde el escenario, sin besamanos y empezó por lo más nuevo. Tocó sus doce temas, uno detrás de otro, sin más fisura que algún baile que se echó junto al genial bufón Tomasito. Parecía que tuviera prisa por probar el nuevo material, pero esto no impidió que sobre el escenario se instalara una alegría jaranera, la cual no tardó en contagiar a los oyentes, que lanzaban elogios desde el foso. Kiko, con la ironía feliz que lo caracteriza, fue regalando sus coplas y demostrando que aún mantiene el verbo fresco. El amor y la crisis caminaron de la mano bajo un claro mensaje que quiso compartir con los allí reunidos: en estos tiempos difíciles, regalémonos cariño.

Con todo, un denominador común sí que quedó claro la noche del 23. Los que allí estuvimos, pudimos apreciar una vuelta clara a un sonido más rockero. Si bien el catalán nunca ha dejado de navegar por los meandros del blues para atracar en la playas del flamenco, esta vez, la propuesta en directo, – respaldada con gran gusto por La Banda del Retumbe -, y las constantes alusiones a figuras como Leonard Cohen, Beatles o los Stones, dieron testimonio de por donde anda hoy el maestro. Y es que no hay olvidar – ya lo dice su guitarrista Raúl – que estamos ante el Rolling del flamenco.

Kiko es de esos genios que perduran semiescodidos. Medio leyenda, medio cuerpo revolucionante. Sobrevivió a sus inventos a base de buenos pasos. Se mantuvo fiel a sí mismo y peleó con quien hiciera falta. Apadrinó a los de su especie y salió a tocar con ellos como uno más. Antagonista fiel, suele prescindir de poses y crea desde dentro, haciendo que el arte crezca, sin tener por qué ir necesariamente precedido por un nombre. Kiko no vende remedios, es el veneno que un día infectó el flamenco a golpe de rock n´roll y aún hoy seguimos padeciendo los efectos secundarios. Podría decirse que ante todo, la suya es una lección de actitud, la de un corredor de fondo, sin más meta que seguir buscando lo que alguna vez intuyó.
Es por esto que no hay que alarmarse si los nuevos temas no acabaron de pesar lo que pesan sus himnos. Ni siquiera son definitivos, sino parte de un proceso creativo que el maestro ha preferido compartir y probar lanzándolos al aire. Antes de grabar, mejor rodar, y en este tiempo crítico, para qué seguir colgando maquetas en el myspace, con lo bien que se prueba en directo y ver cómo el vulgo reacciona ante los nuevos experimentos.

Aun así, fue inevitable que el público no pensara en irse a casa sin antes haber tarareado a gritos alguno de los temas que todos esperábamos. Kiko accedió gustoso a un bis de antología. La veda se abrió con ?Joselito? y acabó con el que ya por fuerza nos pertenece a todos, el inmortal ?Volando voy?, que en su día popularizara Camarón de la Isla.

El experimento fue probado. El resultado es aún incierto. Habrá que esperar a ver cómo se concreta. Lo que sí queda claro, es que Kiko Veneno sigue en pie y eso es un tesoro a conservar dentro de la música popular del s. XXI.

Publicado en Leedor el 9-06-2009

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