Haroldo Conti, Homo Viator

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Se estrena un documental con pasajes de ficción sobre la figura de uno de los intelectuales más destacados de la década del 70.Haroldo Conti, Homo Viator, es un recorrido por la vida y obra de Conti. El modo de narrar se articula en una mezcla de partes ficcionalizadas y partes testimoniales, donde intervienen familiares, vecinos, amigos y críticos.

Quizás este formato sea lo más flojo de la película, porque ver al personaje que crea Grandinetti nubla o enturbia la posibilidad de ver a Conti. Mostrar hechos históricos a través de la ficción no suele resultar productivo, quizás porque introduce una nueva subjetividad, la del actor. Hay que creerse que Grandinetti puede ser Conti. Y para ello se necesita un gran esfuerzo.

A gusto personal, el resultado es un tanto light. No hay demasiadas referencias a su compromiso militante. Pareciera que a Conti se lo llevan desaparecido porque escribía novelas, casi por error; siendo él jurado de concursos literarios, para qué lo querrían. Un tipo tan llano que le escribía a las cosas sencillas de la vida. En esto hay cierta mirada ingenua de la historia, que opaca el proceso revolucionario en el que se jugaron la vida miles de personas durante los 60 y 70.

El 5 de mayo de 1976, Haroldo Conti es secuestrado y seguramente asesinado por un comando del Batallón 601. El mismo batallón que la organización política que el apoyaba públicamente como intelectual, el Ejército Revolucionario del Pueblo, con trágico resultado, intentara tomar el 23 de diciembre del año anterior.

Esta cuestión quizás sea consecuencia más de la investigación periodística que de la mirada cinematográfica del director. Una verdadera lástima, ya que continúa cierto mainstream en el que algunos films sobre historia argentina parecen embarcarse, quitándole peso y densidad a los procesos históricos de los personajes que intentan reflejar.

Es destacable la labor del director Miguel Mato que ha trabajado durante 3 años, realizando un trabajo de archivo documental, rescatando imágenes de Chacabuco (ciudad natal y entrañable paraíso perdido de Haroldo Conti y su mundo literario) y audios y videofilmaciones a su protagonista realizadas en su momento por un estudiante de cine de La Plata. Este es uno de los aspectos más logrados de este documental que recupera la memoria del escritor asesinado por la dictadura a partir de sustentar su palabra y su cara, imprescindible para traer a la historia a un desaparecido.

Antes de la proyección del film, un cortometraje dirigido por Pablo Saquero, nos muestra lo que podrían haber sido los últimos momentos de vida de Vicky Walsh. Su título, Una última victoria, frente a lo que es el suicidio militante, nos deja en el minuto que dura, una mirada mucho más jugada y deshinibida sobre la acción y la persecución a los luchadores populares.

Nota al pie: Sala 6 del Hoyts. Es la 6ª película del Festival de cine de Derechos Humanos que veo en el Abasto, y sigue el fiasco. Cada proyección es una falta de respeto para autores y espectadores. O la proyección está fuera de cuadro (y el proyectorista emplea medio documental para arreglarlo), o nunca nos prendieron las luces al finalizar, o el personal del cine le hecha la culpa de la impuntualidad a la gente que se queda discutiendo con el director. Todo es hecho rápidamente y no tienen tiempo para atendernos. Claro, en el planeta del entretenimiento descerebrante donde un pancho y una gaseosa valen 12 pesos (sí, leyeron bien), parece que no hay demasiado lugar para encajar otros públicos de cine.

Publicado en Leedor el 2-06-2009