Evo y Chicos mineros

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Tarde de domingo con Bolivia como país documentado en dos mediometrajes vistos en el marco del Festival de Cine de Derechos Humanos: Evo Morales y Niños Mineros, de Rodrigo Vázquez.
Evo Morales

Con un lenguaje sumamente sencillo y directo, el documental Evo Morales, del director Rodrigo Vázquez, recorre los principales hechos de la vida política boliviana desde la llegada al poder de su actual presidente en 2005 hasta enero de 2009.

Vázquez es un joven documentalista argentino, residente en Reino Unido y especializado en temas políticos y bélicos, fundador además de la productora Bethnal Films Al Jazeera UK. Ha dirigido Looking for Revolution, producido por la BBC en el ciclo Why Democracy?, que rastrea el estado de la cuestión en diez naciones del mundo: Estados Unidos, Pakistán, Rusia, China, Liberia, India, Egipto, Japón, Bolivia y Dinamarca.

El eje del documental es el plan de gobierno de Morales, y su intento por cumplir los 10 puntos de su propuesta electoral. Desde allí se develan temas profundos de la historia de Bolivia: el enfrentamiento entre las zonas oriental y occidental, la presencia de etnias sometidas históricamente, la posibilidad de llevar adelante una revolución democrática, el replanteo de la cuestión indigenista de los pueblos originarios, el enfrentamiento entre aymarás y kollas versus cambas y guaraníes, los intereses económicos del primer mundo sobre los recursos regionales…

No menor es el tema de la presencia de los ex-Rangers, grupo de élite que fuera el encargado de apresar y asesinar al Che Guevara en 1969. Esta presencia es una realidad que muestra el documental, sus veteranos le dicen no al comunismo y se sitúan del lado de Céspedes, el caudillo terrateniente de Santa Cruz que pide la autonomía, como modo infantil de evitar perder totalmente sus privilegios. Una imagen más que contundente es el plano del cartel que portan estos seres mientras protestan contra Evo: un dibujo de un Che Guevara mal amañanado, tachado por una cruz, con la leyenda abajo: Nunca Más.

El film sorprende por la sencillez con la que está contado. Los hechos son protagonistas absolutos. Quizás aquí la historia sea tan contundente que no dé lugar para vueltas y circunloquios. No hay preciosismos visuales, ni desarrollo de sistemas gráficos tan típicos de los documentales que se acercan a lo televisivo. Una voz en off explica los hechos en inglés. Luego los protagonistas tienen su propia voz en su propio idioma.

Un logro de la película es captar de un modo muy realista el proceso del propio Evo. Se lo ve más delgado y cansado a medida que avanza el film y se desenvuelve la historia. Se nota la cotidianeidad que alcanzó el equipo y su cercanía y confianza con el personaje, una investigación periodística sumamente sólida.

Una perlita de la película es el momento culminante del enfrentamiento entre los partidarios de Evo y los terratenientes, momento que resume cinco siglos de luchas. Allí puede escucharse la música del comienzo de La Hora de los Hornos, de Pino Solanas, haciéndonos sentir que las utopías siguen en pie y que existe una historia y un cine que la plasma, la proyecta y la construye, donde los deseos de cambio de nuestras culturas vienen a insertarse.

Chicos Mineros

Pero Vázquez no se detiene en comprender como testigo privilegiado el proceso de Evo y en ensalzar su figura como la solución a todos los problemas de Bolivia; su propuesta parece ser también la de explorar las deudas de la América profunda, asomándose a la vida de Jorge y Alex, dos niños mineros en la zona de Llallagua.
El paisaje es árido, desolador, y el único camino para estos niños parece ser bajar a la mina para extraer estaño. Este material logra unir a los niños bolivianos con los niños presentes en otros documentales de Vázquez, los de la zona de Gaza. El estaño se usa para fabricar armas: los niños bolivianos dejan sus pulmones para extraer un material que fabrica la herramienta que mata a los niños palestinos. En ambos casos, la misma indefensión, la de la infancia.

Todo un mensaje de su director, que logra unir de este modo las dos caras de la pobreza y el sometimiento: la económica y la militar. Pobres contra pobres, niños contra niños, en los dos documentales se repite la locura de la lógica del sistema.

Este Festival que ha puesto un foco en Bolivia nos permite acercarnos a otros mundos. Realidades que están tan cerca físicamente pero de los que poco sabemos, porque los grandes medios nada informan.

Vázquez nos vuelve a decir que el cine es ante todo un arma de la memoria y la historia, reafirmando el valor documental como valor contracultural, medio de información alternativo frente al discurso único.

Más información sobre el trabajo de Rodrigo Vázquez y Al Jazeera UK:

www.whydemocracy.net/film/6
www.steps.co.za
www.englishaljazeera.net

Publicado en Leedor el 1-06-2009